Fuerte aumento del área plantada con gramíneas

Por Mariano Fava (*)

Varios informes coinciden en que este año se consolidará la tendencia respecto de una ocupación de área más balanceada entre gramíneas y oleaginosas. Tal es así, que por cada hectárea de gramínea plantada habrá 1,75 hectáreas de soja. Como dato, en el momento pico de retenciones esa misma relación llegó a ser de 5 a 1 a favor de la soja; a pesar de que se sostenía que el objetivo principal de los derechos de exportaciones era evitar lo que se dio en llamar “la sojización”.

Sin duda que tal efecto no solo ha tenido que ver con la baja de las retenciones, sino fundamentalmente con la apertura de las exportaciones para los cereales. Pues, si un cultivo tiene retenciones, lo que hace es disminuir el valor FAS Teórico, es decir lo que el exportador le puede pagar al productor. Pero si está cerrada la exportación, por más que haya o no retenciones no se puede vender al exterior, y con esto se lograba que finalmente el productor subsidie, al molinero, al pollero, al criador de cerdo, etc., con los efectos por todos conocidos en materia de producción de trigo y maíz. Es decir, se desarrollaba una industria de agroalimentos ineficiente, subsidiada por el productor.

Esta tendencia de mayor área sembrada de gramíneas sin lugar a duda es una muy buena noticia para el sector agropecuario por varias cuestiones. Si lo analizamos desde una mirada ambiental, el aumento de las gramíneas, y no solo del maíz, sino también de los cereales de invierno, favorece el cuidado del recurso suelo. El aporte de rastrojos que hace la gramínea eleva la materia orgánica joven, que es fundamental en la fertilidad física del suelo.

Esta permite evitar (o disminuir) la erosión eólica e hídrica, evita la compactación, favorece el intercambio gaseoso del suelo con la atmósfera, permite la captación y almacenaje de humedad, entre otras muchas ventajas. Es importante saber que tanto el maíz como el cereal de invierno (trigo, cebada, etc.) son claves que estén presentes en la rotación.

Ello se debe a que el maíz aporta un tipo de cobertura denominada como “gruesa”, la cual es más duradera en el tiempo, pero el rastrojo que deja el trigo permite una cobertura mayor y más uniforme del suelo, favoreciendo sobre todo aquellos potreros sometidos a pastoreo, al protegerlo del impacto de la pesuña en contacto con el suelo, disminuyendo el “amasado” de este último. Por otra parte, la rotación evita el desarrollo de malezas resistentes, generación de enfermedades y todo un cúmulo de ventajas inherentes a la alternancia de cultivos sobre un mismo potrero a través del tiempo.

Ahora bien, si en lugar de hacer una mirada ambiental y agronómica del aumento del área plantada con gramínea, hacemos un análisis desde una visión económica, diremos que el volumen físico de grano originado se incrementa a medida que lo hacen las hectáreas plantadas con maíz o cebada. Esto se explica porque el promedio de rinde por hectáreas nacional de maíz es más del doble que de soja, a la vez que si hay más cereales de invierno hay más superficie para el doble cultivo.

Una provincia como La Pampa, donde estamos lejos de los puertos, debemos ver la manera de emplear los granos localmente. Mientras el trigo puede ser destinado a la molinería local, los granos forrajeros como el maíz o la cebada pueden convertirse en carne, y en eso nuestra provincia tiene mucho por hacer. En efecto, La Pampa es una región de producción agropecuaria definitivamente mixta, es decir, que tanto la ganadería como la agricultura ocuparán un lugar preponderante e ineludible en la economía provincial.

El oeste pampeano es una fuente de generación de terneros y terneras de calidad, los cuales sería deseable que se engordaran en un ciento por ciento localmente, ya sea en origen o en los campos del este, los cuales tienen mayor potencialidad para proveer pasturas de calidad para invernar. Este es el compromiso que debe asumir el empresario rural, mientras que los dirigentes políticos y la industria deben asegurar la presencia de plantas de procesamiento para cerrar el círculo y la creación de valor local, la cual redundará en más empleos de calidad para todos los pampeanos.

En resumen, un área de siembra balanceada entre gramíneas y oleaginosas es una gran noticia para el país, ya que es la síntesis de un sistema agrícola sustentable en el largo plazo. Este apila ventajas ambientales y económicas que redundan en el beneficio de toda la economía.

(*) Ingeniero agrónomo (MP: 607 CIALP) - Posgrado en Agronegocios y Alimentos - @MARIANOFAVALP

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