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EL DIARIO digital
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Casi todos pasamos demasiado tiempo con el móvil. No hay más que ir en transporte público para ver que hasta el más pintado está inmerso en cualquier tipo de contenido. La Sociedad Española de Neurología apunta que más del 70% de los adultos supera el tiempo recomendado de uso de redes sociales a diario, según los datos obtenidos en la Encuesta poblacional sobre hábitos cerebro-saludables de la población española.
Además, las mujeres usan más las redes sociales. De ellas, un 38% de las mujeres lo hace más de 2 horas diarias frente al 33% de los hombres. Además, más de un 8,5% de las mujeres les dedican entre 4 y 6 horas. David Ezpeleta, vicepresidente de la SEN, explica que este uso excesivo se produce a todas las edades, aunque va decayendo a partir de los 35 años.
El uso generalizado de los smartphones viene produciéndose desde el año 2010-2012 y en los que eran niños y adolescentes en esos momentos se ha observado "que el uso intensivo problemático y, en el peor de los casos, adictivo de pantallas, especialmente en redes sociales se ha relacionado con problemas de atención, concentración, aprendizaje y rendimiento académico".
De alguna manera, explica el neurólogo, esos problemas en los menores se han trasladado a los adultos según envejecen. En este Día Internacional de Internet más Seguro, que se celebra el segundo martes de febrero, se busca promover un uso responsable y seguro de la red. "Diversos estudios apuntan a que un tiempo saludable de utilización de las redes sociales no debería exceder los 30 minutos, mientras que una dedicación superior a las 2 horas diarias se consideraría abuso e incrementaría significativamente el riesgo de problemas mentales y cerebrales", añade Jesús Porta-Etessam, presidente de la SEN.
Impacto en las capacidades cerebrales
Ambos neurólogos coinciden en que el uso del móvil por la noche reduce el tiempo de sueño. Pero, además, la luz que emite el dispositivo hace que tardemos más en conciliar el sueño y durmamos menos y peor. "El abuso en el uso de las redes sociales interfiere en el sueño, el trabajo y las relaciones, e incrementa significativamente el riesgo de problemas mentales como la ansiedad, la depresión y la soledad. Además, se ha comprobado que el uso excesivo de las redes sociales reduce la capacidad de concentración, atención y aprendizaje, con lo que todo ello implica para la salud de nuestro cerebro", añade Porta-Etessam.

La influencia de las redes sociales va más allá. Se observa que influye, dice Ezpeleta, en una reducción de la comprensión lectoral, en alteraciones de la imagen corporal, especialmente en las niñas, pero también en trastornos de la conducta alimentaria. Además, centrar el ocio solo en los dispositivos móviles hace que nos movamos menos y hagamos menos ejercicio, con el consecuente impacto del sedentarismo en la salud presente y futura. "En ese aumento de ansiedad y depresión, especialmente en las niñas, también se ve un incremento de la conducta suicida. Además, la soledad no deseada percibida, que es un hecho subjetivo, también está aumentando entre los más jóvenes en comparación con los boomers", añade Ezpeleta.
Por eso, cuando una persona presenta problemas de insomnio, dolores de cabeza, trastornos del ánimo "conviene preguntarle por sus hábitos en redes sociales porque quizás sea un cofactor que esté contribuyendo al proceso de enfermedad o de su vivencia", dice Ezpeleta.
¿Tiene remedio?
Esos efectos en el cerebro tienen remedio gracias a la plasticidad del cerebro. De igual forma que se distorsiona cuando los estímulos son continuamente cambiantes y se pierde la atención y la capacidad de aprendizaje, "esta situación puede revertirse volviendo a la vida analógica", sin dejar de lado la tecnología y su utilidad, dice Ezpeleta.
Para eso los neurólogos recomiendan:
-Utilizar las redes sociales con mesura, limitando el tiempo de redes sociales a una franja diaria en torno a 30 minutos y nunca más de 60.
-Crear un oasis tecnológico donde no tengamos interrupciones mientras realizamos otras tareas para evitar fragmentar la atención.
-Dedicar tiempo a la lectura, preferentemente en libros de papel.
-Tomar notas a mano.
-Practicar deporte y ejercicio, "el mejor factor neuroprotector que se conoce", añade Ezpeleta.
-Pasar tiempo de calidad con amigos y familiares.