Escuchá esta nota
EL DIARIO digital
minutos
La Vicia villosa constituye una de las leguminosas anuales de invierno más antiguamente utilizadas en la región semiárida argentina, particularmente en la provincia de La Pampa, donde su prolongada historia de uso ha derivado incluso en procesos de naturalización en ambientes antrópicos como banquinas, vías férreas y campos marginales. No obstante, su verdadera expansión agronómica a escala regional es relativamente reciente: apenas en las últimas dos décadas el cultivo ha sido incorporado de manera sistemática en sistemas agrícolas y mixtos fuera de las áreas ganaderas tradicionales, impulsado por la intensificación productiva, la adopción de la siembra directa y la creciente presión de malezas resistentes.
Desde el punto de vista genético y comercial, la mayor parte de la superficie sembrada en Argentina corresponde hoy a poblaciones heterogéneas, con proporciones variables de Vicia villosa ssp. dasycarpa y Vicia villosa ssp. sativa. Estas mezclas, difíciles de discriminar tanto en estado de plántula como a nivel de semilla, explican en parte la plasticidad fenológica y adaptativa observada en el cultivo, pero también obligan a un manejo ajustado en función del objetivo productivo perseguido.
En el contexto actual de la agricultura argentina, la vicia emerge como una herramienta de alto valor estratégico. Ensayos de INTA y redes de productores de CREA y AAPRESID coinciden en señalar que los cultivos de cobertura constituyen una de las prácticas más eficientes para el control de malezas problema, particularmente aquellas con resistencia confirmada o tolerancia a glifosato. En este sentido, la asociación viciacenteno se ha consolidado como un diseño agronómico de referencia: el centeno aporta una elevada eficiencia en el uso del agua para la producción de biomasa, con valores de 20 a 25 kg de materia seca por milímetro de agua, mientras que la vicia contribuye con nitrógeno biológico y compuestos alelopáticos que reducen la emergencia de especies como Conyza spp., Amaranthus spp. y gramíneas estivales. Datos de INTA Anguil indican reducciones de hasta 70 % en la densidad de malezas invernales y otoñales respecto de barbechos químicos tradicionales.
Uno de los principales atributos agronómicos de la vicia es su capacidad de fijación biológica de nitrógeno (FBN). Mediante la simbiosis con rizobios específicos del género Rhizobium leguminosarum biovar viciae, la planta incorpora nitrógeno atmosférico y lo transforma en compuestos orgánicos disponibles para el sistema. Ensayos regionales reportan aportes que oscilan entre 40 y 90 kg N/ha, en función de la duración del ciclo, el estado fenológico al secado y la biomasa aérea producida. Valores promedio de 60 kg N/ha, frecuentemente citados por INTA, equivalen aproximadamente a 120130 kg/ha de urea comercial, con el consecuente impacto económico y ambiental. La inoculación adecuada de la semilla resulta, por lo tanto, una práctica indispensable para maximizar este proceso, del mismo modo que en soja o alfalfa.
Además del aporte nitrogenado, la vicia contribuye de manera significativa a la generación de rastrojo. Producciones de materia seca aérea de 3.000 a 6.000 kg/ha son habituales en ambientes pampeanos, lo que se traduce en mejoras en la estabilidad estructural del suelo, aumento del carbono orgánico particulado y mayor actividad biológica. AAPRESID ha documentado incrementos de hasta 0,1 puntos porcentuales de carbono orgánico del suelo luego de varios ciclos de inclusión sistemática de cultivos de cobertura, un resultado particularmente relevante en suelos de textura franca a franca arenosa.
El barbecho, entendido como tecnología de proceso, continúa siendo una herramienta central en los sistemas productivos de La Pampa y regiones vecinas. Tradicionalmente se considera óptima una duración cercana a los 90 días para cultivos de invierno y de 45 días para cultivos de verano. Sin embargo, la intensificación agrícola y el avance conceptual hacia sistemas más complejos han puesto en discusión estos umbrales. La siembra mayoritaria de trigo y cebada sobre rastrojos de soja es una clara expresión de este cambio, así como la creciente adopción de cultivos de cobertura como alternativa o complemento del barbecho químico.
El paradigma de la "vitalización de la biorrizósfera", promovido desde ámbitos técnicos y académicos, enfatiza el rol de las raíces vivas y su interacción con la macro, meso y microfauna edáfica como motores de la evolución del suelo. En este marco, la principal tensión asociada al uso de vicia como cultivo de cobertura en regiones semiáridas es el consumo de agua del perfil. No obstante, numerosos trabajos de INTA muestran que, con un manejo oportuno del secado, las diferencias de agua útil al momento de la siembra del cultivo siguiente pueden ser mínimas o incluso nulas, especialmente cuando el suelo presenta baja capacidad de almacenaje y las precipitaciones superan rápidamente dicho umbral.
Como criterio general, el secado químico de la vicia se recomienda luego de la primera lluvia significativa de fines de invierno o comienzos de primavera, ajustando la fecha en función del régimen pluviométrico y de la capacidad de retención hídrica del suelo. En ambientes con precipitaciones más abundantes o suelos someros, prolongar excesivamente el barbecho carece de sentido agronómico, ya que el excedente hídrico se pierde por escurrimiento o evaporación, reduciendo la eficiencia de captación.
La vicia en sistemas mixtos puede cumplir, de manera secundaria, un rol forrajero estratégico ante situaciones de emergencia. Su calidad nutritiva es elevada: contenidos de proteína bruta entre 18 y 24 %, digestibilidad de la materia seca superior al 65 % y adecuada palatabilidad en estados vegetativos. Ensayos de INTA y CREA en verdeos invernales consociados reportan ganancias diarias de peso vivo en bovinos de recría del orden de 0,7 a 1,0 kg/animal/día, comparables a las obtenidas con verdeos tradicionales, siempre que se maneje correctamente la carga y el momento de aprovechamiento. Cabe enfatizar, sin embargo, que el objetivo primario del cultivo de cobertura no es la producción de forraje, sino la mejora integral del sistema sueloplantaambiente.
En síntesis, la decisión de incorporar vicia como cultivo de cobertura debe surgir del análisis fino de cada sistema productivo, realizado por el productor junto a su ingeniero agrónomo. La vicia no reemplaza al barbecho tradicional: lo complementa y lo redefine. En un escenario donde la "veranización" de las rotaciones compromete el control de malezas y la sustentabilidad a largo plazo, ignorar el potencial de esta leguminosa implica resignar una de las pocas herramientas capaces de integrar productividad, biología y resiliencia. La pregunta, entonces, ya no es si la vicia funciona, sino si estamos dispuestos a manejarla con la precisión que exige una agricultura verdaderamente moderna.
(*) Mariano Fava- Ingeniero Agrónomo (MP: 607 CIALP) -Posgrado en Agronegocios y Alimentos- @MARIANOFAVALP