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EL DIARIO digital
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Este martes por la tarde, el SUM del barrio Plan 5.000 dejó de ser un espacio comunitario para transformarse en un santuario de memoria. A 22 años de aquel fatídico 10 de febrero de 2004, la comunidad santarroseña se dio cita para acompañar a la colectiva "Todas Somos Andrea" en un homenaje que combinó el cine debate con la exigencia inclaudicable de justicia.
El clima de la jornada estuvo marcado por la reciente carta de Emmanuel, el hijo de Andrea, cuyas palabras resonaron en cada rincón del salón. El dolor de aquel niño que a los 5 años vio cómo el boxeador Víctor Purreta le arrebataba a su madre, se convirtió hoy en la voz de un hombre que reclama el derecho humano básico de tener un lugar donde llevar una flor. "Mi niñez se arruinó y mi adolescencia también", fue el eco de una herida que la justicia pampeana aún no logra suturar.


Cine para la resistencia
El plato fuerte del encuentro fue la proyección de "Nuestra venganza es ser felices". La presencia de su directora, Malena Villarino, permitió un diálogo profundo entre la historia de supervivencia de Sonia Sánchez y el calvario de explotación que sufrió Andrea antes de su femicidio. La actividad, respaldada por PampaDocFest, buscó romper el estigma y recordar que Andrea no es solo una desaparecida, sino una víctima de un sistema de violencia y trata que Purreta ejecutó con impunidad durante años.
Entre los asistentes, el sentimiento de frustración fue palpable al recordar el engaño de 2023, cuando el femicida intentó manipular a la justicia señalando un falso lugar de entierro. La jornada de hoy sirvió para dejar en claro que, para Santa Rosa, Andrea sigue faltando en su casa pero está presente en la memoria colectiva.
Al cierre del encuentro, el silencio respetuoso de los vecinos reafirmó la promesa que la colectiva sostiene desde hace más de dos décadas: no dejar de buscarla hasta que el duelo de Emmanuel y de toda una provincia pueda finalmente comenzar.

