No les preocupa tanto la vida del embrión, no les gusta que las mujeres tomemos decisiones

Por Marta Alanis*.

Tras numerosas exposiciones en el marco del debate del proyecto de interrupción voluntaria de embarazo (IVE) en el Congreso nacional, expositores que se oponen a la legalización del aborto hasta la semana 14 insisten en la verdad absoluta, en el valor absoluto de la vida en gestación.

Quienes estamos a favor de este proyecto -como es el caso de la organización Católicas por el Derecho a Decidir- hemos desplegado un abanico de argumentos jurídicos, médicos, sociológicos, históricos, teológicos, estadísticos, entre muchos otros.

Es pertinente recordar que el debate se ha puesto en agenda gracias al avance del movimiento de mujeres y feministas en nuestro país.

La Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito en estos 13 años de lucha ha generado consensos claros en la sociedad que reclaman que el Estado genere una política pública que atienda a las mujeres y personas con capacidad de gestar que deciden interrumpir un embarazo, o las deja libradas a la clandestinidad y al status quo.

¿Esto es lo que pretenden perpetuar quienes se autoadjudican ser defensores de la vida?.

La defensa de la vida va mucho más allá de defender la vida del embrión, se trata de generar las condiciones para que la vida sea posible después del nacimiento, es trabajar por un medio ambiente saludable; repudiar la tortura y la pena de muerte, denunciar los delitos de lesa humanidad durante la dictadura; oponerse a las guerras, solidarizarse con los refugiados de esas guerras, denunciar los negocios de muerte de la industria armamentista; luchar activamente contra la contaminación del glifosato (herbicida usado para aumentar las ganancias de un sector), pero que aumenta el cáncer y los abortos espontáneos de las mujeres que sí quieren ser madres.

No hemos visto a defensores de la vida del embrión sumarse a estas causas de la humanidad para construir un mundo más justo y equitativo. .
Lo que queda claro es que en realidad no les preocupa tanto la vida del embrión, no les gusta que las mujeres tomemos decisiones y pretenden imponer esta visión misógina en la ley.
La utilización de dogmas de fe que se disfrazan de beneficencia nos antepone a ideas negligentes, desinformadas, contrarias a los derechos humanos y avances científicos.

Desde la comparación del cuerpo de las mujeres con un celular, hasta decir que el condón no nos protege del VIH, son muestras cabales de la cosificación de los cuerpos con capacidad de gestar, anulándonos con ese único fin.

Están desconociendo la historia de las prácticas reproductivas, desoyen con sus dichos el impresionante número de investigaciones que sostienen que el aborto solo desciende en aquellos países que lo legalizan.

Estos años de lucha se han refrendado en la media sanción promulgada el 14 de junio pasado en la cámara de Diputados con un millón de personas en las calles.

Nos han visto y oído en distintos debates, diálogos, explicando investigaciones, en charlas, manifestaciones. Se callaron los silencios, las vergüenzas y el oscurantismo.

La indolencia y el autoritarismo siguen persistiendo en aquellos que creen tener una opinión calificada por pertenecer a jerarquías con privilegios y la intemperancia normativa del Poder.

El debate sobre la despenalización y legalización del aborto nos ha situado en un momento histórico para la vida de las mujeres y para la democracia.
La mirada obtusa de las jerarquías eclesiásticas no puede arrasar con los valores democráticos que el pueblo ha construido con respeto, libertad y pluralismo.
La sociedad argentina necesita avanzar en derechos, este momento es decisivo e instamos a senadoras y senadores a que escuchen a la mayoría de la población que se ha pronunciado a favor del proyecto IVE.

No queremos más dilaciones, no queremos modificaciones, el 8 de agosto dos millones de personas estarán movilizadas en el Congreso de la Nación para juzgar si están a la altura de la historia, porque la sociedad ya eligió y exige #abortolegalya.
(*) - Fundadora de la organización Católicas por el Derecho a Decidir.

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