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EL DIARIO digital
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Una de cal
La Legislatura provincial abrió en la semana que pasó una discusión de esas que importan de verdad: qué hacer con Medanito y de qué modo evitar que una nueva oportunidad estratégica para La Pampa termine otra vez en fracaso.
No se trata de una cuestión menor ni de una pulseada secundaria. Está en juego el destino de un área hidrocarburífera que puede seguir siendo una fuente relevante de actividad, empleo y recursos para la provincia, siempre que la decisión política esté a la altura de las circunstancias.
En ese escenario, quedó en evidencia que el Poder Legislativo tiene en sus manos una responsabilidad central. Así lo remarcó el secretario de Energía, Matías Toso, en su paso por el recinto, donde dejó planteada con claridad la necesidad de avanzar hacia una salida posible, seria y sustentable.
Después del tropiezo que significó la licitación desierta, la búsqueda de un consenso responsable aparece no ya como una alternativa deseable, sino como una obligación política e institucional.
La propuesta del oficialismo, en ese marco, parece haber ganado alguna nitidez que antes no tenía. La idea de que Pampetrol asuma una operatividad mínima y el mantenimiento del área durante un período de transición de dos años se presenta como el camino más concreto para evitar la parálisis y sostener en pie una estructura productiva que sería muy costoso dejar caer.
A diferencia de otros momentos, además, el peronismo muestra en este punto una posición unificada, sin fisuras internas ni ruidos que debiliten al bloque mayoritario.
La existencia de una postura ordenada en el oficialismo aporta una base política imprescindible para encarar una salida. También se especula, aunque con matices, con cierta receptividad de algunos sectores opositores, sobre todo porque no abundan alternativas realmente sólidas y viables.
La Legislatura, con su composición diversa y sus inevitables diferencias, tiene por delante la posibilidad de demostrar que todavía puede convertirse en un ámbito de discusión seria cuando lo que está en juego excede la lógica de la especulación inmediata.
Dentro de ese panorama, hay al menos un aspecto saludable: la discusión se está dando de cara a la sociedad, a la luz del día y en el ámbito que corresponde. No es poco en tiempos de atajos, operaciones y frases vacías.
La Legislatura tiene ahora la posibilidad de asumir el peso de esa responsabilidad y encontrar un rumbo para un área que sostiene unos 400 puestos de trabajo y que, bien administrada, puede seguir representando una fuente de ingresos nada despreciable para la provincia.
y una de arena
En contraste, otras movidas que asomaron alrededor del tema generan más interrogantes que certezas. El proyecto agitado por el intendente de 25 de Mayo, Leonel Monsalve, aparece más cerca de una aventura que de una salida consistente, incluso con planteos que avanzan sobre límites ambientales elementales.
Además constituye un claro blanqueo del lobby empresarial: el proyecto es bendecido y apadrinado por Petroquímica Comodoro Rivadavia a tal punto que una de sus referencias acompañó el contacto del jefe comunal con los bloques consultados, según confesaron después de esa reunión algunos de los propios diputados.
Tampoco ayuda demasiado la actitud de Comunidad Organizada, que vuelve a exhibir una lógica más empecinada en bloquear que en construir, aunque bajo la apariencia de estar tramando alternativas, y siempre bajo una obsesión que ha caracterizado a ese espacio político en los últimos años: echar tierra sobre Pampetrol y todo lo que se le arrime.

Como en la vieja fábula del escorpión y la rana, el criterio propio que puedan tener los diputados Sandra Fonseca y Maximiliano Aliaga es rehén del estilo que es marca registrada del tiernismo, y que parece actuar conforme a su naturaleza: poner obstáculos, embarrar la discusión y amenazar con judicializar el conflicto antes que contribuir a una solución.
El diputado y la diputada ni siquiera asisten a las discusiones y sesiones, cuando a primera vista pareciera ser una parte elemental del trabajo por el que mensualmente el Estado les paga millones de pesos a ellos y a sus asesores.
Esa tendencia de parte de la dirigencia, a veces simplemente para congraciarse con las modas o sintonizar con el clima de las redes sociales, la aleja no solo de las necesidades de las instituciones en las que tienen representación, sino de la comunidad a la que supuestamente pertenecen.
En ese sentido, las apariciones que esta semana hizo el diputado nacional Adrián Ravier son cabal ejemplo de la falta de contacto con la realidad, del desconocimiento profundo de lo que ocurre en el territorio y de la ignorancia, cuando no la desidia, para afrontar temas que debieran manejar de modo básico.
Ravier volvió a pronunciar falacias respecto del modo en que se adjudican las viviendas sociales en La Pampa, se confundió a la Cámara de Diputados de La Pampa con el "congreso provincial" y dijo muy suelto de cuerpo que no conoce los pueblos pampeanos porque "son demasiados" y no llegó a visitarlos en su campaña.
Para completar esa desafortunada intervención mediática, y confirmar las chicanas de las redes sociales que describen esas conductas como las de alguien que vive "en Narnia", Ravier hizo una inverosímil e innecesaria justificación del jefe de Gabinete Manuel Adorni, descarado en sus privilegios y ahora investigado por posibles hechos de corrupción.