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EL DIARIO digital
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Las guerras del Siglo XXI ya no se definen únicamente por la cantidad de soldados o el poder de fuego. En los escenarios bélicos actuales, factores como el análisis de datos, la capacidad tecnológica y el control de redes digitales pasaron a ocupar un lugar central. Herramientas como la Inteligencia Artificial (IA), la vigilancia satelital, los drones económicos y los ataques cibernéticos están modificando profundamente la planificación y ejecución de las operaciones militares.
Según el especialista Eduardo Laens, la imagen tradicional del campo de batalla quedó atrás: "Hoy la guerra también se libra en infraestructuras digitales, en centros de datos y mediante algoritmos que procesan información en tiempo real", afirmó. Para el experto, un error informático o un algoritmo mal diseñado pueden tener hoy consecuencias estratégicas tan graves como una derrota en el frente físico.
El impacto de los drones y la guerra electrónica
Uno de los cambios más visibles es la expansión del uso de vehículos aéreos no tripulados. Los drones de visión en primera persona alteraron la relación entre el costo del equipamiento y su capacidad de daño. Según Laens, un dispositivo de unos 400 dólares puede inutilizar tanques de combate cuyo valor supera los 2 millones de dólares.

Este fenómeno es evidente en la guerra entre Ucrania y Rusia, donde estos dispositivos provocan la mayoría de las bajas. Sin embargo, su funcionamiento depende de la conectividad, lo que ha convertido a la guerra electrónica en un componente esencial para interferir señales y bloquear comunicaciones enemigas mediante el control del espectro electromagnético.
Dilemas éticos y el rol de las tecnológicas
El avance de la IA en el ámbito militar abrió debates entre gobiernos y empresas. Hoy, gran parte del software utilizado surge de firmas tecnológicas y no solo de compañías de defensa tradicionales. Esto generó tensiones entre el Departamento de Defensa de Estados Unidos y proveedores de IA, a quienes se les exigió aceptar condiciones para el uso de sus modelos en cualquier aplicación legal, incluidos proyectos del Pentágono.
Mientras algunas empresas se resisten por razones éticas especialmente ante el desarrollo de armas autónomas, otras avanzaron en acuerdos para participar en programas de defensa. En este contexto, la infraestructura digital (centros de datos y cables submarinos) se ha transformado en un blanco militar estratégico.
Deepfakes y la manipulación de la verdad
La dimensión informativa también cambió con la IA generativa, que permite crear contenidos falsos extremadamente realistas. Durante el conflicto en Ucrania, circularon videos de Volodymyr Zelensky y de Vladimir Putin con declaraciones fabricadas.
Para Laens, el riesgo más profundo es el "dividendo del mentiroso": cuando la tecnología permite fabricar falsificaciones convincentes, cualquier evidencia real de crímenes de guerra puede ser puesta en duda, complicando las investigaciones internacionales. En este nuevo escenario, la competencia entre potencias ya no es solo por el armamento, sino por el dominio de los datos y los algoritmos.