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EL DIARIO digital
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En una nueva aparición pública marcada por la confrontación discursiva, el presidente Javier Milei reafirmó en la Bolsa de Comercio de Córdoba su objetivo de convertir a la Argentina en "el país más libre del mundo". Sin embargo, lo más relevante de la jornada no fue solo lo que dijo, sino lo que calló: en medio de un clima de máxima tensión política, el mandatario evitó cualquier mención al Caso Libra, el escándalo financiero que avanza en Diputados y que amenaza con salpicar la línea de flotación de su esquema económico.
El gesto político más fuerte fue su llegada junto al vocero presidencial, Manuel Adorni. En medio de las sospechas de que los videos del viaje del vocero a Punta del Este fueron filtrados desde "adentro" del propio Gobierno, Milei eligió exhibir unidad, aunque prefirió no responder preguntas sobre las denuncias que vinculan a sectores del oficialismo con el manejo irregular de activos digitales.
"Dólares del colchón" y ataques al ambientalismo
En lo estrictamente económico, el Presidente insistió en su pedido a los ahorristas para que inyecten divisas en el sistema: "Pueden sacar los dólares del colchón, volcarlos en el sector financiero y que eso genere rentabilidad", disparó, reforzando la idea de que la recuperación depende de la confianza de los privados más que de la intervención estatal.
Fiel a su estilo, Milei volvió a elegir enemigos claros para explicar las trabas al desarrollo. Calificó como "idiotas ambientalistas" a quienes defienden normativas de protección de recursos naturales y tildó de "regulaciones cavernícolas" a las leyes que, según su visión, asfixian la inversión minera y energética.
El fantasma de "Libra" en el Congreso
Mientras el mandatario hablaba de "libertad total", a pocos kilómetros, en la Cámara de Diputados, la oposición anunciaba nuevos pasos para investigar el Caso Libra. Se trata de una causa que genera creciente angustia en el "círculo rojo" y en el despacho presidencial, dado que las acusaciones de falta de transparencia en la regulación de estos activos contradicen el discurso de honestidad que el Gobierno intenta blindar.
La estrategia de la Casa Rosada parece clara: saturar la agenda con ataques a la "casta ambiental" y promesas de prosperidad futura para invisibilizar una interna que, entre filtraciones de viajes y denuncias por criptomonedas, empieza a agrietar la superficie del poder.