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EL DIARIO digital
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Cuando creemos haber perdido a alguien momentáneamente nos da un vuelco el corazón. La sensación es muy reconocible. Pero el sentimiento es más profundo y se prolonga en el tiempo cuando una persona desaparece. El dolor es simplemente imposible de explicar y se extiende a todas las áreas de la vida. En 2024 desaparecieron en España 26.345 personas. O al menos ese fue el número de denuncias registradas, según los últimos datos publicados por el Centro Nacional de Personas Desaparecidas, dependiente del Ministerio del Interior.
Cuando una persona desaparece llega la incertidumbre a sus familiares y a su entorno y el impacto emocional es muy alto. Este 9 de marzo se celebra el Día de las Personas Desaparecidas Sin Causa Aparente. "Lejos de lo que pueda pensarse, el impacto no solo se produce en familiares y allegados, sino también en un entorno que no sabe qué hacer o decir ante una situación para la que no existen respuestas y que nos hace tomar conciencia de que también a nosotros nos podría pasar", explica a CuídatePlus Ana Isabel Álvarez Aparicio, psicóloga, presidenta de la Sociedad Española de Psicología Especializada en Desapariciones (Seped).
En España ha habido casos muy sonados de personas que han desaparecido y no han sido halladas aunque se haya comprobado que han muerto y de otras que sí han sido recuperadas. En todos los casos el dolor para las familias es atroz. Además, en la sociedad también deja un recuerdo imborrable que, en algunos casos, hace que se cambien ciertas rutinas o que se tomen precauciones en zonas menos concurridas o a ciertas horas. "La sociedad, como parte implicada que es, también se va a ver afectada al constatar que a pesar de los medios y recursos dedicados, no se obtienen respuestas para una situación que nos podría afectar a cualquiera", apunta Álvarez.
Cómo actuar ante una desaparición
Desde la Seped, aconsejan actuar lo más rápido posible y no esperar 24 horas para presentar la denuncia. Las primeras horas son vitales para el éxito de la investigación. Es en esos primeros momentos cuando la familia "está centrada en la búsqueda y localización de su ser querido. Es fundamental fomentar su cuidado y autocuidado mientras están inmersos en esta fase", explica Elena Herráez Collado, psicóloga y secretaria de Seped.

Las psicólogas aconsejan que si se siente que se necesita atención psicológica para manejar la situación no hay que dudar en apoyarse en profesionales especializados. Herráez añade que en esta fase se procura ayudar a las familias a gestionar los tiempos, la incertidumbre y el manejo de conflictos que pueden aparecer, ya que cada uno tiene su tiempo y forma de entender y afrontar la situación. Además, el empleo de pautas de comunicación eficaz (por ejemplo con personas especialmente vulnerables como es el caso de los niños) o un adecuado reparto de tareas que permita a las familias sentirse útiles a la vez que les ayuda a gestionar el estrés, van a ser aspectos fundamentales.
Reacciones habituales
Las expertas explican que en los primeros momentos tras una desaparición es normal que los familiares o allegados tengan respuestas de estrés ante la incertidumbre y como fruto del estado de alerta en el que se encuentran, y también de ansiedad ante la percepción de amenaza. Estas respuestas las entenderemos como lógicas y adaptativas ante la situación que están experimentando.
Y precisamente así procuran que sea el abordaje: adaptativo. Se trata de paliar y prevenir el impacto psicológico potencialmente traumático que puede producirse a corto, medio y largo plazo. "Buscamos en primer lugar amortiguar el impacto del suceso, tratamos de potenciar y/o proporcionar (si no los tuvieran) recursos de contención y afrontamiento a las familias para que sean capaces de enfrentar un proceso que puede prolongarse en el tiempo y tratamos de prevenir que el cuadro que puedan presentar de incertidumbre, miedo, culpa, ansiedad, rabia incluso empeore", explica Herraez.
El objetivo es que conforme pasa el tiempo, se pueda lograr un equilibrio entre seguir viviendo y seguir buscando. Para conseguirlo "el cuidado y el autocuidado, la gestión de los tiempos, la incertidumbre y el estrés, cobran un papel clave", concluye Herraez.
Volver a la sociedad
En el caso de una persona que vuelve a la sociedad tras una desaparición por causas ajenas, explica Álvarez que hace falta "procesos de reajuste y readaptación", y ahí es donde el psicólogo especializado puede ayudar en los cambios que se hayan producido en los desaparecidos y en los que han esperado. Asimismo, la respuesta de la persona que vuelve dependerá de sus estrategias de afrontamiento, de sus fuentes de estrés previo, de tipo de desaparición que se haya producido y su duración y de los apoyos con los que cuente a su regreso.