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EL DIARIO digital
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El protagonismo de la proteína en la alimentación cotidiana crece de forma sostenida. Aunque su oferta se multiplica en productos industrializados, desde snacks hasta bebidas, esta disponibilidad no siempre asegura una ingesta adecuada para cubrir las necesidades del organismo. Un reporte del diario The Washington Post advirtió que, aunque la deficiencia clínica es poco frecuente en personas sanas, existe un margen entre lo mínimo necesario y lo óptimo para sostener funciones esenciales como la masa muscular. Ese desfasaje puede manifestarse mediante señales sutiles.
Cambios asociados a la edad
Uno de los factores más relevantes es el avance de la edad. Según explicó Emma Laing, nutricionista de la Universidad de Georgia, los adultos mayores tienden a experimentar una pérdida gradual de masa muscular debida a cambios hormonales, alteraciones en los hábitos alimenticios y disminución de la actividad física. La especialista Kelly Jones, nutricionista deportiva, señaló que la masa muscular está relacionada con la longevidad: "la capacidad para levantarse y cuidarse día a día depende de la masa muscular". En este contexto, una ingesta insuficiente de proteínas puede comprometer la independencia funcional. Las recomendaciones actuales sitúan el rango entre 1,2 y 1,6 g por kilogramo de peso corporal para sostener la fuerza con el paso del tiempo.
Modificaciones en la dieta habitual

Otra señal frecuente aparece tras cambios en los hábitos alimentarios. Dietas hipocalóricas o el uso de medicamentos para bajar de peso pueden reducir la proteína ingerida. Jones explicó que quienes toman inhibidores del GLP-1 pueden sentirse demasiado llenos con cantidades menores, lo que dificulta alcanzar los niveles recomendados. También influyen sustituciones como reemplazar la leche de vaca por bebidas vegetales sin considerar el contenido nutricional. Mientras una taza de leche tradicional aporta 8 g, algunas alternativas contienen menos de 2 g. La nutricionista remarcó que "muchas personas terminan con deficiencias simplemente por no pensar en llevar una alimentación equilibrada" e insistió en incorporar fuentes de proteína en cada comida como huevos, yogur griego, tofu, legumbres o pescado.
Hambre frecuente entre comidas

El comportamiento del apetito también ofrece pistas. La proteína cumple un rol clave en la saciedad. Según la especialista, la "proteína es el macronutriente que más sacia", lo que contribuye a mantener la plenitud durante varias horas. Cuando una comida contiene proteína insuficiente, el organismo procesa con mayor rapidez los carbohidratos, lo que genera fluctuaciones en los niveles de energía. En esos casos, es común experimentar hambre poco tiempo después de comer. Una comida equilibrada debería proporcionar saciedad durante aproximadamente tres horas.
Recuperación muscular más lenta

El rendimiento físico constituye otro punto de observación. La falta de proteína puede afectar la capacidad del cuerpo para reparar tejidos, lo que se traduce en molestias prolongadas. Las expertas indicaron que es posible no recuperarse tan rápido, situación que se ve en dolor muscular persistente o fatiga. También se asocia con una menor capacidad para mejorar la fuerza. Jones aclaró que la proteína no actúa de forma aislada y que el equilibrio general es fundamental. La distribución de la proteína a lo largo del día, con un objetivo cercano a los 20 g por comida, surge como una estrategia para preservar la masa muscular.