Control de malezas y fertilización de trigo en macollaje

Por Mariano Fava (*)

Las malezas compiten con el cultivo por nutrientes (agua, minerales y luz), disminuyendo el potencial productivo de las especies deseadas, perjudicando económicamente al empresario rural. Es por ello que resulta de vital importancia, para una buena performance del trigo, mantenerlo libre de “malas hierbas” que le quiten humedad y nutrientes. Además de la competencia por los recursos, estas pueden generar problema en la trilla y pérdida de calidad comercial, si no son controladas convenientemente. Teniendo en cuenta la diversidad de herbicidas recomendados para utilizar en trigo y el bajo costo de los mismos (si se los compara con los agroquímicos para otros cultivos), no se debe dudar en el momento de utilizarlos. Las malezas más importantes para el cultivo en cuestión son, mencionadas por su nombre “vulgar”, enredadera anual, sanguinaria, flor amarilla, nabo, cardo, entre otras. Es muy difícil con un solo producto químico controlar eficientemente a todas estas hierbas mencionadas. Por lo tanto, si están presentes más de una de ellas, deberemos recurrir a mezcla de agroquímicos. Esto también permite evitar el desarrollo de biotipos resistentes de maleza a un herbicida, manteniendo la tecnología (principio activo) vigente por mucho más tiempo.

El período crítico para el control de las especies vegetales no deseadas en el cultivo de trigo varía. Hay veces que debido al alto grado de infección que posee el potrero debemos recurrir a controles tempranos, entre 3 a 5 hojas visibles del cereal. En otras ocasiones conviene demorar la aplicación, por lo tanto vamos a tener distintos momentos de intervención, los cuales podemos dividirlos según el estado del trigo en:

1. Tratamientos de preemergencia.
2. Tratamientos en estado vegetativo.
3. Tratamientos en diferenciación de espiguillas.
4. Tratamientos atrasados.

En la columna de hoy nos centraremos en los tratamientos 2 y 3. Los tratamientos en estado vegetativo serían la ventana temprana de aplicación, que va desde 3 hojas hasta el inicio del macollaje. Aquí se puede utilizar las sulfonilureas, generalmente en mezclas entre ellas (ejemplo metsulfurón más iodosulfurón), o con algún herbicida de contacto (ejemplo bromoxinil). Los tratamientos en diferenciación de espiguillas son los que se hacen desde el inicio al fin del macollaje. Son los más comunes, sin embargo hay que tener en cuenta algunas particularidades. Esta ventana de aplicación tiene una duración variable según el ciclo del trigo. Es así que en una variedad ciclo corto este período es de apenas 10 días, mientras que en una ciclo largo puede llegar a un mes. En esta fase fonológica, el cultivo tolera herbicidas hormonales, del grupo de los fonóxidos (básicamente 2 4 D), sin embargo hay que ser muy cuidadoso, porque si lo aplicamos pasado este período, por ejemplo una vez iniciada la encañazón (formación del primer nudo), podemos perjudicar el trigo.

En cuanto al tema fertilización, es importante recordar la importancia de contar con un análisis de suelo para conocer la situación inicial de la cual partimos, de manera de escoger la mejor fuente de nutrientes y la cantidad necesaria de la misma en base a un rinde objetivo. Vale aclarar que los rindes perseguidos deben estar en relación a la potencialidad del ambiente, fundamentalmente limitado por la humedad disponible durante el desarrollo de la planta. Una tonelada de trigo necesita para ser producida 30 kilogramos de nitrógeno, 5 kilogramos de fósforo, 4,5 kilogramos de azufre, entre otros nutrientes. Por lo tanto, por más lluvia que tengamos, si no hay suficientes nutrientes, no tendremos una buena producción. Dos trigos que disponen de una misma cantidad de humedad, aquel que tenga mejor nutrición va a ser el que haga un uso mas eficiente del agua, en otras palabras, generará más materia seca por milímetro de agua transpirado, lo que se traducirá seguramente en más kilogramos de grano por hectárea. Los requerimientos de nitrógeno aumentan de manera exponencial durante la etapa de encañazón, debido a una alta tasa de crecimiento de cultivo. Al final de este período, el trigo ha absorbido el 80% del nitrógeno total. Si fertilizamos la gramínea de manera tardía con este nutriente, no vamos a tener un efecto marcado en cuanto a rinde, lo único que lograremos es mejorar la calidad del producto (elevar el porcentaje de proteína en grano). Ya hemos mencionado en esta columna el efecto conocido como interacción de nutrientes. Es por ello que muchas veces corregir uno solo (por ejemplo nitrógeno) no tiene efecto apreciable sobre el cultivo, si otro elemento se encuentra de manera deficiente (por ejemplo fósforo o azufre).

Para finalizar diremos que para fertilizar un cereal de invierno al macollaje con alguna fuente de nutrientes sólida al voleo, es de vital importancia disponer de humedad ambiente (rocío, neblina o lluvia) que permita la solubilización del fertilizante y su incorporación a la solución del suelo para que el cultivo lo pueda captar. Al momento de decidir la fuente de nitrógeno a emplear, posiblemente nos inclinemos por urea. En ese caso debemos considerar que el cultivo no la puede absorber como tal. La misma debe hidrolizarse y pasar a otro compuesto conocido como nitrato para poder ser tomado por las raíces. Este proceso lleva su tiempo, por lo tanto si la fertilización se demora por falta de humedad o disponibilidad de producto, tal vez convenga cambiar la fuente a emplear por compuestos de más rápida disponibilidad como nitrato de amonio o sulfato de amonio, en donde este último además provee azufre.

(*) Ingeniero Agrónomo (MP: 607 CIALP) - Posgrado en Agronegocios y Alimentos - @MARIANOFAVALP

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