Opinion

La Patagonia, de pie, se plantó ante la avanzada del gobierno de Javier Milei: diversidad política y coherencia contra el abuso de poder. Pero el presidente sigue el camino de los caprichos y los golpes de efecto: la eliminación del INADI, el Congreso como "nido de ratas", los políticos como "una mierda".
La provincia nació tarde y ofrece algunas bondades en comparación con el concierto nacional, pero ninguna de sus políticas virtuosas se sostiene si el país toma un rumbo de empobrecimiento, injusticia social y violencia; la designación de un "nexo" informal que representa al presidente es el colmo del maltrato institucional.
El Congreso le puso límites a la enloquecida avanzada del "libertarismo" y aportó racionalidad, consenso y respeto por el federalismo; pero la respuesta vengativa de un presidente que tiende al desquicio mantiene en vilo a una ciudadanía que padece las medidas económicas y se sacude en medio de una guerra de final imprevisible.
La Fundación Mediterránea, lejos de ser una organización populista, destaca el modo en que La Pampa está preparada por las características económicas y políticas que supo crearse para sí misma; en el Congreso avanzó una Ley Ómnibus contra el federalismo y la justicia social, en medio de pactos, aprietes y violencias.
Amenazas presidenciales y ministeriales a las provincias, reacción de los gobernadores de distintos espacios y de dirigentes locales opositores que se alarman por la conducta del gobierno nacional; una avanzada libertaria que choca con fracasos políticos por su propia incapacidad, pero que arremete a ciegas y ningunea la historia de los sectores populares y democráticos.
Las provincias se juntan para protegerse ante la avanzada centralista sobre sus recursos, y La Pampa no es una excepción en ese panorama que abusa del "interior"; el gobierno nacional busca pactos, pero dice que no negocia, mientras el presidente agita su figura con discursos bizarros y tonos que a veces derivan en el delirio.
La Patagonia promete proteger sus intereses comunes, tratando de dejar de lado heterogeneidades políticas y particularidades provinciales; el debate de la Ley Ómnibus pone en juego un combo que mezcla sadismo, irresponsabilidad, frivolidades y comportamientos de la vieja y auténtica casta, a la que nunca le va mal. 
La provincia -por ahora- aparece desconecta del escenario nacional, pero la presión del ajuste amenaza con convertirse en un verdadero dolor de cabeza. Hay un compromiso de "defensa irrestricta de La Pampa": ¿lo cumplirán las diferentes fuerzas políticas?

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