Estiman que se acumularon unos 400 milímetros

En su habitual columna agropecuario en este diario, el ingeniero agrónomo Mariano Fava sostuvo que el fin de año lluvioso complicó las labores agrícolas.

En la provincia de La Pampa hemos tenido un fin de 2018 e inicios de 2019 por de más lluvioso. Dependiendo de la zona de la provincia que consideremos podremos llegar a contabilizar más de 400 milímetros entre diciembre del 2018 y lo que va de enero del presente año. Obviamente que semejante cantidad de agua en tan poco tiempo es imposible de administrar, razón por la cual los suelos están saturados.

Si bien la situación de transitabilidad de potreros es muy complicada, la cosa no ha pasado a mayores fundamentalmente porque las lluvias siempre fueron con registros máximos de entre 60 a 80 milímetros, con espacios de tiempo entre precipitaciones lo suficientemente amplios como para permitir cierto drenaje y evaporación del agua sobrante. A su vez el hecho de estar en meses de alta temperatura y heliofanía se favorece la pérdida de humedad vía evaporación directa y evapotranspiración de los vegetales.

Del mismo modo al ser un año en el que hubo mucha superficie de cereales de invierno plantada, se aumentó fuertemente el uso consuntivo de humedad de la zona, lo que sin duda contribuyó fuertemente a que los campos pampeanos tuviesen una buena capacidad de absorción de humedad, ya que al momento de la cosecha fina los suelos estaban con cierta deficiencia de humedad que sirvió de amortiguador para los grandes registros pluviométricos que llegaron fundamentalmente en la segunda quincena de diciembre pasado. He aquí una muestra de lo importante que resulta la rotación para el correcto uso de los suelos.

Volviendo al tema de los excesos hídricos, vamos a comentar brevemente los efectos de semejante cantidad de milímetros precipitados. Como es de esperar la lluvia abundante tuvo aristas tanto benéficas, como negativas. Entre los aspectos positivos vale resaltar la gran producción de pasto para la ganadería con todo lo que ello implica, fundamentalmente en la posibilidad de hacer reservas forrajeras de cara al próximo invierno; la recuperación de humedad en los perfiles edáficos, fundamental para el correcto desarrollo de los cultivos de cosecha gruesa implantados, y la facilidad para establecer cultivos de segunda.

Esto último ha sido quizás de los aspectos más destacados, pues, aproximadamente cada 3 días teníamos una precipitación manteniendo una cama de siembra húmeda e iniciando un cultivo de segunda con el perfil a capacidad de campo, algo muy raro de lograr en ambientes semiáridos o subhúmedos como La Pampa, la lluvia fue tal que incluso en algunas zonas hubo formación de napa o “falsa napa” freática (dependiendo del tipo de suelo).

En cuanto a las coyunturas negativas que devinieron del exceso de humedad sobre final de año se contabilizan una cosecha de trigo lenta, con cierto lavado de los granos trillados tardíamente, lo que afectó la calidad comercial de los mismos fundamentalmente desmejorando su peso hetolíctrico y color. Al ser una cosecha tan pausada muchos lotes estuvieron a merced de un clima hostil, que generó cuantiosas pérdidas por efecto de la ocurrencia de eventos de granizo. Pero el problema más generalizado y que más impacto va a tener de cara a la próxima cosecha gruesa es la presencia de mucha maleza en lotes de soja, girasol y maíz con dificultad de ser controlada por la falta de condiciones adecuadas para la transitabilidad de los potreros.

La alta presencia de humedad genera peligros de empantanamiento de la maquinaria agrícola. En cuanto a la aplicación aérea de herbicidas la misma no está siempre disponible por los peligros de afectar los lotes vecinos con deriva de caldos de tratamiento. Entre los aspectos negativos de que el cultivo conviva en los estadios iniciales de su desarrollo ontogénico con maleza, podemos enumerar: la disminución del potencial de producción, ya que está ampliamente estudiado que los cultivos tienen la capacidad de censar la presencia de especies competidoras a su alrededor a través de radiación infrarroja, preparando toda una batería de precursores químicos que la alistan para competir afectando el potencial productivo.

Por otra parte, es altamente probable que ciertas malezas crezcan a tal punto de ser difícil e incluso imposible su control con los herbicidas mayormente empleados. Como ejemplo podemos mencionar la rama negra, el yuyo colorado o las gramíneas de la familia de las clorídeas que pasado cierto tamaño no son posibles de ser controlados con los herbicidas comúnmente empleados por los productores.

En resumen, si el clima mejora y las lluvias se ralean un poco, los pisos secarán (al menos superficialmente) y se podrá trabajar. A partir de ahí va a ser fundamental la consulta a un ingeniero de confianza para poder escoger el tratamiento más eficiente para eliminar la mala hierba, con el menor impacto en el cultivo plantado y en el ambiente; a un costo razonable.

Por Mariano Fava
Ingeniero agrónomo (MP: 607 CIALP)
- Posgrado en Agronegocios y Alimentos - @MARIANOFAVALP

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