La única interna y los números de la crisis

En la columna editorial de cada lunes, La Arena Vernácula, un repaso a algunos de los temas que quedaron de la semana que se fue.

Una de cal...

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El cierre del plazo para la presentación de listas de los partidos que competirán en las elecciones provinciales del año que viene terminó de confirmar que la única interna por la candidatura a la Gobernación tendrá lugar en el frente opositor Cambiemos.

Es el desenlace lógico de un proceso que no resulta novedoso: los partidos integrantes de esa alianza han sido incapaces de conformar una mesa política provincial, nunca tuvieron diálogo institucional, se dedican más recelos y desconfianzas que atención y cuando hablan sin un micrófono a la vista o quitándose el casete tienen enfoques muy diferentes respecto de su proyecto de país y de provincia.

La única forma de terminar en una lista de presunta “unidad” hubiera nacido del evidente apriete que hizo el Gobierno Nacional para bajar al candidato del radicalismo, tal vez pensando que la maniobra sería exitosa porque la UCR parece haber hecho casi todo para perder, aunque su estructura y la fuerte presencia en algunos puntos de la provincia le otorga todavía reales chances de vencer en esa interna.

De lo que no quedan dudas es de que la coalición antiperonista que se armó con más interés electoral que propuestas concretas de gobierno tiene fundamentalmente un padrinazgo nacional.

La coincidencia más clara entre las partes es el afán de terminar con los gobiernos justicialistas elegidos por el voto popular desde el regreso de la democracia.

A los dos postulantes a la Gobernación -Daniel Kroneberger por el radicalismo y Carlos Mac Allister por el PRO- les costó definir sus acompañantes en la fórmula: Martín Berhongaray prefirió dar un paso al costado (y tuvieron que designar de apuro a Luis Evangelista) y el “Colo” ubicó sorpresivamente en ese sitio a Juan Carlos Passo, que ya fue candidato a gobernador en el año 2015, cuando cosechó menos del 1,5% de los votos.

Cualquier puja por candidaturas y espacios de poder se presume tensa, pero el frente que encabeza el peronismo pudo cerrar de modo más que satisfactorio para sus intereses: el dedo del gobernador Carlos Verna se tornó indiscutible cuando resolvió que su posible sucesor debía ser Sergio Ziliotto.

Pero además, en un contexto nacional en que el ajuste y el neoliberalismo son temas prioritarios en la agenda, al peronismo no le costó sumar ni a los sectores internos que lo componen ni a las fuerzas partidarias más pequeñas pero con cierto caudal de votos.

Algún ruido deja tal vez una lista de candidatos a diputados provinciales que aunque incluye a todos los sectores tiene una composición geográfica en la que se privilegia al norte provincial en desmedro de otras regiones de la provincia.

El peronismo dejó para Santa Rosa su costado más competitivo: participarán de la interna seis listas, en el marco de una situación paradójica puesto que el aparentemente tan cuestionado intendente Leandro Altolaguirre logró cerrar sin desafíos internos su postulación a la reelección.

Se abre ahora un corto y extraño período de campaña, que por primera vez en la historia se dará en época estival y que derivará en una elección también particular, en que el candidato a gobernador del macrismo será resuelto por los afiliados a Cambiemos pero también por el electorado independiente, que entre otras cosas determinará con su voto si la UCR queda sometida -o más sometida- bajo el ala del PRO.

...y una de arena

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Después de esas internas llegará la polarizada general, puesto que pese a que hay otras cinco candidaturas a la Gobernación se trata de expresiones que en principio asoman como minoritarias, aunque eso no implica que no tengan la posibilidad de encontrar representación legislativa y de dañar con alguna sangría de votos el papel de los frentes mayoritarios.

También polarizarán en el discurso, profundizando en cuestiones como la que se vio especialmente esta semana cuando se supo que según los siempre dudosos índices oficiales el aglomerado Santa Rosa-Toay marca el récord de desocupación, con un 13,2%.

Las figuras dirigenciales del PRO no tardaron en acomodar esos números a su discurso y remarcaron que la provincia está estancada, que no hay desarrollo, que no se generan fuentes laborales, que el modelo está agotado y que por lo tanto lo que hay que hacer es “cambiar la historia de la provincia”, según el eslogan de campaña que eligió el exfutbolista que se propone como candidato a la Gobernación.

En síntesis: el relato del PRO es que los gobiernos peronistas, y no la situación económica nacional, tienen la culpa de que la desocupación crezca y se multiplique y alcance niveles tan extraordinarios que hasta merecen la referencia puntual de la senadora Cristina Fernández de Kirchner.

En la otra vereda se encuentra un argumento exactamente contrario: toda responsabilidad debe ser atribuida al neoliberalismo y su ajuste, el recorte permanente que impacta en la producción, el comercio y el ingreso de trabajadores y trabajadoras, la caída de la obra pública, la inflación galopante.

Esas miradas opuestas de la realidad saldrán especialmente a la luz durante la campaña, pese a que la intención inicial del desdoblamiento electoral era fijar una agencia más provincial durante la etapa proselitista.

Aunque suena obvio, debe ser dicho y escrito: una cosa no quita la otra.

Es decir: la fundamentación muchas veces fanatizada de ambos espacios no solo carga las tintas de todo lo malo en el contrincante, sino que además nunca reconoce algún mérito o que a veces las condiciones y resultados ni siquiera dependen completamente de la acción de un gobierno.

Es claro que, sobre todo en su relación con La Pampa, al macrismo le cuesta presentar bondades y aspectos positivos, pero eso no implica que la Provincia esté siempre a la altura de las circunstancias, como ha quedado en claro en las últimas semanas respecto de los programas socioeducativos.

Al ajuste nacional, que incluye el desmantelamiento de esos espacios vitales, La Pampa le respondió con el compromiso de hacerse cargo, pero con la innecesaria mancha de interrumpir su funcionamiento durante tres meses y despreocupándose por los ingresos de trabajadores y trabajadoras que ya de por sí soportan desde hace largos años el ninguneo y el negro por parte del Estado.

En ese sentido -y ha ocurrido en estos días también con otros precarizados y hasta con los artesanos a los que el municipio santarroseño atacó- hay espacios sociales a los que el mismo Estado perjudica desde sus distintos niveles (nacional, provincial o municipal), del mismo modo que esos gobiernos parecen muy prestos a satisfacer el deseo de los sectores de poder.

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