Una historia de marginalidad y ausencia estatal detrás de la muerte de un joven

General Pico (Agencia) - Tras la formalización del supuesto homicida de Denis Olmedo (ver aparte), ayer habló su pareja, Florencia Reta, quien desnudó una triste historia de abandono, marginalidad, ausencia del Estado y prejuzgamiento en la localidad de Rancul.

El pasado fin de semana Denis Olmedo salió con su pareja al centro de la localidad norteña a comer un pancho y tomar una cerveza. Cuando se retiraban, dos primos lo interceptaron y uno de ellos lo apuñaló. El pibe, de 20 años, quedó tendido en el piso hasta que la ambulancia, que estaba a dos cuadras, llegó a la media hora. El lugar estaba repleto de gente pero nadie se acercó a ayudar, solo su pareja y otro familiar. La indiferencia de los vecinos presentes no era desconocida, ni para Florencia, ni para Denis.

Los dos decidieron juntarse hace seis años para pelearle a la soledad. Los dos fueron abandonados por sus padres, ella con 13 y él con 14 años. Hicieron “macanas de chicos”, se drogaron y también pidieron ayuda, a la gente del lugar y a las autoridades del pueblo. Nadie les dio una mano, pero el dedo acusador de la sociedad ranculense siguió firme, inclusive un par de meses atrás, cuando una pueblada pedía a gritos por la prisión para Florencia como supuesta entregadora del doble homicidio de dos ancianos, cuando la Justicia ya tenía sobrados elementos para descartarlo y pruebas contundentes para imputar a quienes hoy están detenidos con preventiva.

Cuando Denis Olmedo parecía encaminar su vida con un trabajo, junto a su pareja, las diferencias con familiares por un robo derivaron en el trágico episodio que marcó su final.

El hecho

Florencia Reta estuvo ayer en Tribunales y habló con los medios. Contó que esa noche “estábamos en un bar frente a la plaza comiendo un pancho y tomando una cerveza, cuando nos levantamos para irnos porque él entraba temprano a trabajar se nos vinieron al humo. Mi marido nunca vio bien, siempre tuvo problemas con la vista, y yo le dije: guarda, amor, que viene con un cuchillo”.

“Cuando se van los dos contra él y le pegan yo agarré a uno, pero le erré porque el que tenía el cuchillo era el otro”, se lamentó la chica.
Un primo que estaba en el lugar la ayudó a cubrir la herida de Denis, mientras ella llamaba a la ambulancia del hospital, ubicado a dos cuadras del lugar, que tardó media hora en llegar, cuando el muchacho ya había perdido mucha sangre.

Como antecedente de lo ocurrido, Florencia contó que “él (por el supuesto homicida) nos entró a robar a nuestra casa en octubre, están mi mamá y algunos primos de testigos, que vieron cuando nos estaba robando la garrafa, cargadores portátiles y ese tipo de pavadas, de rateros. Nosotros no hicimos la denuncia, empezamos a decir entre los amigos que se fijen que este era un ratero, hicimos un escrache social. ¿Quién va a hacer la denuncia por una garrafa?”.

Ese episodio terminó en una amenaza de muerte a la pareja por parte del primo hermano de Denis.

Solos

“En Rancul los dos estábamos muy solos y teníamos a mucha gente en contra”, afirmó Florencia. Indicó que en los últimos dos o tres años la Policía les hacía un “seguimiento” y recordó que dos meses atrás “pidieron la cabeza mía y de mi marido en la plaza por cosas que no habíamos hecho”.

“Las cosas que hicimos de chicos son de chicos, y las hicimos porque nadie nos apoyaba, nadie nos llevaba un plato de comida”, sentenció la chica. Y recordó en tal sentido que, siendo menor de edad, se instaló todas las mañanas en la Intendencia hasta que el jefe comunal, en vez de buscar asistencia, le dio trabajo: le entregó una pala, una escoba y una carretilla “para barrer calles por 250 pesos por semana, cuando el pan costaba 80 el kilo”.

“Todos nos juzgaban pero nadie nos ayudó para cambiar”, reiteró la chica, que volvió a quedar sola. Y su relato es coincidente con algunos testimonios que, por redes sociales, algunos vecinos de Rancul manifestaron tras el homicidio, testimonios que, al igual que los dichos de la joven pareja de Denis, parecen guardar todavía algunos secretos aún más complicados para el pueblo.

“Las cosas son así, te condenan por un pasado y no se dan cuenta que la gente puede cambiar, porque mi marido había cambiado”, lamentó Florencia Reta.

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