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EL DIARIO digital
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Hay regresos que no necesitan presentación. Alcanza con ver la escena: la camiseta del club del pueblo, la gente acompañando en la ruta, los padres en la cancha, el hermano al lado y una historia que vuelve a empezar donde había empezado todo a mediados de la década del 2000. Julio César Furch, después de una carrera larga en el fútbol profesional, volvió a Deportivo Winifreda y el arranque no pudo ser mejor: dos partidos, dos victorias, seis puntos. Primero fue el 3 a 1 ante Carro Quemado; este domingo, un nuevo festejo frente a La Barranca, en Santa Rosa.
Pero en su caso no se trata solamente de resultados. La vuelta de Furch tiene algo más profundo que una aparición rutilante en el fútbol pampeano. Tiene la forma de una promesa cumplida, de una deuda afectiva saldada, de una identidad que no se negoció ni siquiera después de haber conocido otros escenarios, otras tribunas y otras exigencias. Volver, para él, no fue un gesto de ocasión. Fue, según dijo, una idea que siempre lo acompañó.
"Muy contento, feliz de volver a mi club, un pueblo que tanto me dio, donde nos iniciamos, donde crecimos jugando al fútbol ahí en el club", resumió después del triunfo. La frase tiene algo de balance, pero también de declaración de principios. En un fútbol donde casi todo parece transitorio, Furch eligió volver al sitio que lo vio salir.
El comienzo deportivo acompañó esa carga simbólica. Winifreda ganó dos veces fuera de casa y se acomodó rápido en el torneo. En canchas difíciles, trabadas, poco preparadas para el lucimiento, el equipo sacó adelante dos partidos complejos. "Era la idea de ir a buscar los tres puntos acá a esta cancha complicada", dijo el delantero tras la victoria ante La Barranca. Y agregó: "Por momentos se hizo bastante trabado, bastante cortado, pero creo que la victoria y mantener el arco en cero nos deja muy contentos".
No habló desde el lugar de la figura que vuelve para imponer jerarquía desde arriba. Al contrario: eligió pararse dentro de un colectivo, como uno más, aunque cargue con una trayectoria distinta. En sus palabras aparece una intención insistente: aportar, acompañar, transmitir experiencia. No colocarse por encima del resto, sino ponerse al servicio de algo que siente propio.
Esa pertenencia se vuelve todavía más nítida cuando explica por qué decidió regresar. "Es el club de mi pueblo, de mis amores, del club donde nosotros de cuatro o cinco años íbamos a jugar. Vivíamos ahí en el club pateando la pelota", recordó. No hay en ese relato una reconstrucción romántica forzada: hay memoria barrial, infancia, potrero y una forma de entender el fútbol ligada menos al negocio que a la pertenencia.
Abrazo de hermanos.
El partido ante La Barranca dejó además una escena íntima dentro de una tarde de competencia: Julio asistió a su hermano Enzo en el segundo gol y el abrazo posterior funcionó como una síntesis perfecta de todo lo que rodea este retorno. "Me acordé de cuando era chico, de cuando jugábamos el primer partido en Winifreda", contó en diálogo con Peligro de Gol y también con La Radio del Deporte. Y sumó otra definición que ayuda a entender la dimensión personal de este momento: "Poder asistir, poder jugar y un gol con él es muy emocionante".
En esa reconstrucción sentimental también aparece el pueblo como protagonista. Winifreda acompañó en Carro Quemado, volvió a hacerlo en Santa Rosa y espera ahora el estreno como local. Furch admitió que esa expectativa ya se vive con ansiedad. "Creo que todos estamos un poco ansiosos por ese momento. La gente acompañó en Carro, acompañó hoy, impresionante", señaló. El regreso del delantero, entonces, no solo moviliza al plantel: genera una ilusión colectiva.
Desde ya, nadie quiere apurarse. O al menos eso dicen. Cuando le preguntaron por la chance de pelear el campeonato, Furch eligió la cautela. "Falta mucho, porque esto recién empieza", respondió. Después matizó: "Queremos hacer las cosas bien, queremos estar peleando arriba". En ese equilibrio entre prudencia y ambición se mueve también Winifreda: sabe que el torneo recién arranca, pero entiende que un comienzo así habilita algo más que entusiasmo.
La historia personal del delantero también asoma en cada respuesta. No desde la épica vacía, sino desde un recorrido que él mismo valora con orgullo. "Muy orgulloso de todo lo que se consiguió. Uno sueña con eso, a muchísimos chicos no se les da, a otros sí. La verdad que agradecido por todo lo que he vivido, por todo lo que me ha dado el fútbol", dijo. La frase sintetiza una carrera, pero sobre todo una mirada: la de saber de dónde vino y qué lugar ocupa ese origen en el presente.