Alivio: llegaron las esperadas lluvias

Por Mariano Fava (*)

Casi finalizando el mes de septiembre fue el momento elegido por la naturaleza para proveernos de las tan ansiadas y necesarias lluvias de primavera, no pudiendo las mismas ser más oportunas. En efecto, de haberse terminado el mes de septiembre sin precipitaciones, las mermas en la producción de cereales de invierno hubiesen sido de una magnitud muy importante. De hecho, los lotes de poca capacidad de retención de agua, ya sea por textura demasiado arenosa o por la presencia de un manto de tosca subsuperficial muy somero, evidenciaban daños significativos por la falta de humedad. Con estas lluvias seguramente se revertirán en parte esos daños, pero sin duda algún efecto adverso en el rinde perdurará, afectando la cantidad de grano producida por hectárea en ese tipo de ambiente. Haciendo una estimación muy grosera, podemos decir que aproximadamente el 30 por ciento de la superficie tuvo algún daño por la escases de lluvia, mientras que el resto del área estaba y continúa en condiciones buenas a excelentes. Con estas precipitaciones la cosecha fina de la provincia de La Pampa se encaminará hacia la floración para fines de octubre con buenas perspectivas de éxito, si bien aún falta mucho camino por recorrer.

Si analizamos los registros pluviométricos, llegaremos a la conclusión de que atravesamos un año que denominaríamos normal o promedio. Las lluvias no han sido abundantes, pero sí han sido muy oportunas. Como ejemplo de lo expuesto mencionaremos los 15 a 20 milímetros precipitados durante el mes de julio pasado, que optimizó la implantación de los cultivos, a la vez que facilitó los tratamientos de fertilización. Con apenas 3 meses para que termine el 2018, traemos un acumulado levemente inferior a los 400 milímetros, restando unos 150/200 milímetros de precipitación en el tiempo que resta del año, para estar dentro del promedio histórico de milimetraje anual para un ambiente semiárido a subhúmedo como el nuestro. Si observamos la estadística, vemos que septiembre es un mes en el que casi sin excepción llueve. La diferencia radica en qué momento ocurren tales precipitaciones. Lo normal es que cuando se demoran tanto como este año, llegando bien sobre fin de mes, los trigos se vean resentidos de manera importante en la mayor proporción de la superficie plantada, en cuanto a su potencial productivo por entrar en estrés hídrico. La explicación de porqué esta vez fue distinto, sin duda la encontramos en que venimos de un período de inundaciones de tal magnitud, que posibilitó la presencia de una “napa freática” o “falsa napa” (para suelo con tosca subsuperficial a más de 80 centímetros de la superficie del suelo) residual a disposición del sistema radicular de los cereales de invierno, que les proveyó humedad y les posibilitó superar la coyuntura climática de escases hídrica sin mayores sobresaltos.

Para quienes aún no hayan corregido nutrición en los trigos y estén analizando el tema, en general recomendaríamos solo fertilizar con nitrógeno los lotes en un estado de desarrollo chico (en finales de encañazón). Si bien no perdemos de vista que tal fertilizante se destinará en mayor proporción a mejorar la calidad más que a aumentar rinde, seguramente algún efecto benéfico en el rendimiento tendrá, sobre todo porque se están fijando los últimos macollos fértiles originados por los cereales.

Un párrafo aparte requiere el tema sanidad. Los hongos, fundamentalmente las royas, tienen condiciones ambientales favorables para desarrollarse. Lo que se refiere a la roya amarilla ya se han registrado pústulas en variedades muy susceptibles, en algunos casos incluso requirió de tratamiento químico. Para las variedades resistentes a tal patógeno aún no les ha hecho falta una intervención con herramienta química. Para el caso de la roya naranja, la misma debe ser controlada cuando aparece en hoja bandera menos una, con lo cual aún es apresurado hacer algún comentario al respecto, pues esperamos una fecha media de floración para finales del mes de octubre.

Estas precipitaciones también son importantes de cara a la próxima zafra de cosecha gruesa, pues permite empezar a acumular humedad en los barbechos ya realizados, y para quienes aún no lo hayan hecho, les sugerimos hacerlos con la mayor celeridad posible. Quienes tengan que realizar barbechos químicos, es muy probable que se encuentren con malezas en estados ontogénicos que les confiere alguna resistencia al glifosato. Como caso paradigmático podemos mencionar a la “rama negra”. Con lo cual deberemos recurrir a mezclas de herbicidas, de por lo menos 3 familias de distinto sitio de acción, que permitirá por un lado disminuir la dosis por hectárea de cada ingrediente activo aplicado en el caldo (producto de la sinergia resultante de la mezcla de herbicida), a la vez que evitamos tener fallas en los tratamientos. Debemos recordar que no se puede fracasar en el primer intento, pues de lo contrario tendremos una maleza moribunda, la cual se las arreglará para seguir desarrollándose, adquiriendo una mayor rusticidad a las posteriores aplicaciones de herbicidas. Por lo que si no ha quedado el barbecho todo lo bien que esperamos, se deberá recurrir al doble golpe. Técnica a la que ya nos hemos referido en numerosas oportunidades en esta columna, la cual consiste en aplicar un herbicida desecante total en el lote con fallas en la aplicación, unos 10 días a dos semanas posteriores al tratamiento base.

En resumen, las precipitaciones han sido una buena noticia que mejora sustancialmente la coyuntura por la que atraviesa el sector agropecuario en general, y agrícola en particular. Una vez más, y como ha sido los últimos 70 años en nuestra querida Argentina, el sector agrícola se puede sobreponer a todo, excepto a un clima adverso. Afortunadamente el 2018, al menos hasta el momento, se muestra con un tiempo con “viento de cola” para la producción agropecuaria en la provincia de La Pampa.

(*) Ingeniero agrónomo (MP: 607 CIALP) - Posgrado en Agronegocios y Alimentos - @MARIANOFAVALP

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