Doble cultivo en La Pampa: ¿es factible?

Por Mariano Fava (*)

La provincia de La Pampa ha experimentado una gran transformación agrícola en el centro este de la misma, debido a la confluencia en el tiempo de una serie de avances tecnológicos en materia de maquinaria agrícola, genética y tecnología de cultivos. Así, con la adopción masiva de la siembra directa, que hizo más eficiente el uso del agua y los tiempos logísticos, a la vez que disminuyó la erosión eólica, tuvimos un primer impulso agrícola.

Luego, la aparición de soja resistente a glifosato, que como si fuese poco está disponible en varios grupos de madurez y en un hábito de crecimiento indeterminado, aspectos vitales que le dan gran adaptabilidad a ambientes semiáridos como nuestra provincia, aumentó en forma importante la ventana de siembra. Pues con diferentes grupos de madurez y estructuras de cultivo (espaciamiento entre surcos y densidad de siembra) podemos plantar la leguminosa desde octubre a diciembre. Fue esta especie (la soja) la responsable de que el doble cultivo (fundamentalmente trigo de primera, seguido de soja de segunda) empezara a establecerse como una alternativa de producción importante para el país.

Finalmente, el último salto productivo importante que tuvimos en materia agrícola, y que merece citarse (a juicio de este columnista), fue lo acontecido en maíz. Este cultivo, sin duda, tiene aún mucho más para aportar a La Pampa y representará en el futuro cercano una revolución verde para la provincia. En efecto, la llegada de los híbridos resistentes a glifosato y diatraea (gusano barrenador del tallo) viabilizaron un cambio tecnológico drástico que fue la siembra de maíces ralos y de manera tardía, proveyéndole a este nuevo paradigma de producción una gran seguridad de cosecha y rindes sustancialmente mayores (en promedio) a los que el productor pampeano estaba acostumbrado hace apenas 20 años atrás. En efecto, al ser híbridos resistentes a glifosato es más sencillo mantenerlos limpios de maleza, sobre todo en siembras ralas. Al ser resistente a diatraea se pueden plantar los lotes de manera tardía sin sufrir problemas de quebrado y caída de espigas en el momento de la cosecha.

Lo antes expuesto sirve para poner en contexto cómo irrumpe un cambio tecnológico en una zona. Cuando una tecnología llega primero, debe adaptarse a la zona. Esto lo hacen los “adoptadores tempranos” (líderes), luego se masifica con los productores denominados “seguidores” y finalmente quienes vienen más retrasados en el aspecto de innovación terminan por abrazar la tecnología que se transforma en una realidad en la zona. La siembra de doble cultivo tiene momentos de alta adopción, generalmente motivados por los pulsos húmedos en una serie cronológica de tiempo, y en los años secos se repliega. Hasta aquí es un proceso casi instintivo, que responde a toda lógica. Muchos especialistas manifiestan en años secos que el doble cultivo en La Pampa es riesgoso, pues sostiene que en muchas zafras no precipita el agua necesaria para lograr una buena producción en un cultivo, entonces, ¿cómo podemos pensar en dos en un mismo año? (sostienen los técnicos) He aquí donde tenemos cosas para aportar a la discusión y advertir que tal afirmación puede estar viciada de un error preexistente.

Para ahondar en el concepto antes vertido, debemos dejar en claro que La Pampa tiene dos zonas agrícolas bien diferenciadas. Una de ellas es la planicie medanosa y la otra la planicie con tosca. La primera no tiene limitaciones para la exploración de las raíces del cultivo y la segunda sí lo tiene por la presencia de un manto cálcico, con lo cual, sobre todo en “la tosca”, veremos limitada la capacidad de almacenaje de agua del perfil edáfico. Así podemos diferenciar las zonas en “vaso grande”, donde podemos almacenar 100 milímetros de agua o más, y en “vaso chico”, donde almacenamos menos de 100 milímetros de agua. He aquí el meollo de la cuestión, pues en los suelos de baja capacidad de almacenaje poco importa cuán largo sea un barbecho, pues finalmente siempre terminaremos dependiendo de las lluvias y tendremos altas probabilidades de recargar el perfil de manera previa a la siembra de un cultivo con un barbecho corto.

En contraposición, los ambientes de alta capacidad de almacenaje pueden llegar a acumular más agua, por lo tanto es importante hacer barbechos largos y eficientes. Con lo expuesto se deduce que en los ambientes de alta capacidad de almacenaje (en general los más productivos) tiene asidero técnico pensar en un solo cultivo de alto rendimiento por año, sobre todo en pulsos secos. Mientras que en los suelos de menor capacidad de retención, por más barbecho que hagamos vamos a estar dependiendo siempre de la lluvia, con la cual la posibilidad de tener dos cultivos al año nos da el doble de posibilidades de que produzca bien al menos uno de ellos y en años húmedos los dos. Obviamente que virará drásticamente el planteo productivo en un año seco versus un año húmedo, pero eso quedará para una próxima columna.

Para finalizar, dejaremos en claro que tenemos presente que sembrar dos cultivos representa más inversión y riesgo asociado, por ello lo antes expuesto no es traspolable a todas las empresas agropecuarias de La Pampa, y cada empresario sabrá decidir si abraza o no el sistema de doble cultivo. En caso de entrar en este esquema de producción, se deberá determinar en qué porcentaje de la explotación se aplicará. Pero lo que queda claro es que el doble cultivo en La Pampa es una realidad y que la agricultura es un jugador tan importante como la ganadería, contra lo que se quiere inculcar desde esferas públicas ocupadas en la temática. Simplemente que para ser agricultor permanente en ambiente semiárido requiere contar con una información y un manejo de la tecnología disponible que no está al alcance de cualquier empresa, pero que puede estarlo si así lo decide y desarrolla las habilidades necesarias.

(*) Ingeniero agrónomo (MP: 607 CIALP) - Posgrado en Agronegocios y Alimentos - @MARIANOFAVALP

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