Glifosato: temido y odiado por unos, amado por otros

Por Mariano Fava (*)

La columna de hoy aborda un tema por demás polémico, motivo por el cual antes de decir algo al respecto, debemos estar claros de que lo que se expondrá trata de tener una mirada técnica y crítica sobre la temática; respetando a todas las visiones que hay sobre una problemática tan importante, como es el uso de defensivos agrícolas. Así buscamos aportar a un debate constructivo y respetuoso, propio de una sociedad madura y civilizada, que se debe respuestas en este y muchos otros aspectos de la vida en comunidad. Dicho esto y entrando en la temática propuesta diremos que la actividad humana indudablemente tiene en mayor o menor medida un impacto ambiental, es por ello la importancia del cuidado del ambiente y todos los proyectos de bioremediación que llevan a revertir, aunque sea en parte, los procesos degradantes del ambiente que la actividad humana infringe. Si bien todo se puede hacer bien o mal, si trabajamos en un marco de respeto por el ecosistema, lograremos coexistir en equilibro los humanos con el resto del planeta. Así, por ejemplo, quienes deciden vivir en una ciudad deben ser conscientes que tal proceso es nocivo para el ambiente, ya sea por la basura que se genera, por la impermeabilización de la tierra con techos, veredas y pavimento, o por el efecto invernadero que causan con la energía de consumo ya sea para moverse (combustible), calefaccionarse (gas) e iluminarse (luz). Es decir, ninguno de nosotros es ajeno al impacto ambiental, si bien hay distintos grados de responsabilidad, por llamarlo de algún modo.

Dicho esto pasamos al tema que nos ocupa, no sin antes advertir al amigo lector que, como parte del sistema agropecuario, desarrollando la actividad profesional en esa área, estamos marcados por una subjetividad inherente a cualquier ser humano, de la cual uno no se puede desprender por su condición de ser humano, lo que no significa que tratemos de ser todo lo objetivos que podamos, tratando de hacer un planteo puramente técnico del tema, no entrando en aspectos filosóficos y/o políticos.

Primeramente, debemos decir que cualquier herbicida si no es manejado convenientemente, es muy peligroso, al igual que cualquier otra tecnología (medicina, vehículos, comunicaciones, etc.). Hay un principio en farmacología que reza: “Nada es veneno y todo es veneno, solo depende de la dosis”. Así el conocido y renombrado ejemplo de la aspirina, la cual puede ser un remedio tomándola según prescripción médica, o un peligro si un niño sin supervisión de un adulto accede a un botiquín y toma una cantidad muy grande de pastillas. Sin caer en simplificaciones, lo que se quiere evidenciar es que los defensivos agrícolas deben ser aplicados de manera idónea, respetando toda una serie de protocolos, para lo cual los ingenieros agrónomos nos preparamos y entrenamos durante años. Es así que, a la dosis recomendada y con una calidad de aplicación correcta, los residuos presentes de defensivos agrícolas en alimentos, es posible hallarlos según estudios hechos al respecto, tienen menos concentración (partes por millón) de sustanciar cancerígenas que una taza de café o el uso del detergente para lavar los platos, por poner dos ejemplos cotidianos.

Lo expuesto para nada quiere ser una simplificación de la problemática, y mucho menos decir que un agroquímico es inocuo, nada más alejado de ello, pues mal usado puede ser muy peligroso y esto debe quedar claro. Otro aspecto a considerar es la calidad de aplicación. Primeramente se debe dejar en claro que en la agricultura extensiva, a excepción de la fruticultura, no se fumiga, se pulveriza una gota de agua en otras más pequeñas, como vehículo de los herbicidas. Esta diferencia que parece menor, es muy importante; porque hace a la magnitud que puede alcanzar la deriva de un producto, es decir llegar de manera involuntaria a zonas distantes donde puede causar daño. Un tratamiento bien hecho, teniendo en cuenta viento, tamaño de gota y toxicidad de la molécula en cuestión, hace que se pueda pulverizar muy cerca de zonas pobladas sin el menor peligro para las personas. Por el contrario, si el trabajo se hace mal, descuidando todas las recomendaciones de buen uso de fitosanitarios, puede ser muy nocivo para la salud y el ambiente. Es por ello que toda municipalidad debería contar con un ingeniero agrónomo que controle ferozmente las aplicaciones periurbanas, para las cuales un productor debería avisar por escrito a la comuna, para poder ser autorizado y auditado en tal intervención.

Para ir finalizando, diremos que dentro del vademécum de productos para la agricultura, el glifosato es el que más “mala prensa recibe”, siendo paradójicamente uno de los menos peligrosos. Esto se sustenta en el hecho que interviene afectando una encima (proteína) presente en una ruta metabólica de los ácidos grasos aromáticos, lo cual es exclusiva de los vegetales, siendo de este modo poco peligroso para mamíferos, aves, reptiles y peces, si se lo emplea convenientemente. Si bien el tema es mucho más complejo, se trata de dar una argumentación técnica escueta y clara del porqué no debemos temerle al glifosato, sino usarlo correctamente, según normativas vigentes.

En resumen, claramente los agroquímicos deben ser celosamente monitoreados por autoridad competente durante toda su red de valor. Es verdad que tales controles deberían ser mucho más estrictos e inflexibles si hablamos de aplicaciones periurbanas; pero debemos tener cuidado de no caer en ideologías, voluntarismo político, oportunismo político o lo que es peor, pánico por desinformación, ya que mucha gente que trabaja honesta y profesionalmente en el tema depende de ello para alimentar su familia y crea valor para la sociedad toda. Lo expuesto no implica que quien no tenga relación con el negocio agrícola, tenga el derecho de demandar protección, para sentirse seguro, protegido y resguardado de un potencial daño respecto de quienes hagan un uso indebido de la tecnología. Por último y a riesgo de extenderme en demasía, debemos saber que nadie puede comercializar ningún producto químico, a menos que el Estado se lo autorice, y para ello debe pasar una serie de regulaciones y pruebas que garanticen la inocuidad del mismo bien usado, y siempre debemos hacer foco en esta última frase, bien usado.

(*) Ingeniero agrónomo (MP: 607 CIALP) - Posgrado en Agronegocios y Alimentos - @MARIANOFAVALP

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