Barbecho químico y herbicidas residuales

Por Mariano Fava (*)

Para quienes hacen siembra directa el sistema de “labranza química” a base de glifosato ha estado generando algunas dificultades durante las últimas campañas. El problema proviene del empleo de caldos de herbicidas demasiado simplificados, en algunos casos al extremo de usar un solo agroquímico (glifosato), por lo que la presión de selección artificial ejercida sobre las diferentes especies vegetales presentes en el agroecosistema provoca que se produzcan pequeños -pero constantes- escapes de algunos individuos de especies naturalmente tolerantes a las dosis de glifosato comúnmente usadas en la zona.

La posterior diseminación de las simientes (semilla) va poco a poco incrementando la cantidad de cohortes o poblaciones paulatinamente más tolerantes a la droga para la que fueron involuntariamente seleccionadas, por lo que hoy muchos productores, con posterioridad a una aplicación de glifosato, observan que algunas de las malezas presentes persisten después del tratamiento. Para superar este inconveniente, o mejor aún para evitar llegar a esta situación, se debe trabajar desde dos ángulos:

1. Rotando y mezclando familias de herbicidas con distinto sitio de acción en la ruta metabólica de la maleza.

2. Conociendo el ciclo de vida de la “mala hierba” en cuestión para intervenir en el momento en el que es más susceptible a la acción de los herbicidas.

En efecto, ya no solo basta la aplicación de glifosato para dejar un lote limpio de plantas indeseables. La mezcla de familias de herbicidas permite disminuir dosis de ingrediente activo de un herbicida en particular respecto de si se lo usara solo y mejorar el espectro de control sobre las plagas. Hoy se habla de los caldos de aplicación de triple acción, es decir mezclando tres familias de herbicidas, donde cada una se emplea en promedio a una dosis de alrededor de un 30% más baja respecto de si esa molécula se empleara sola, especialmente en el caso de los de acción residual. Sin embargo, si bien cada vez más agricultores mezclan herbicidas en una misma aplicación, en general comenten el error de combinar y rotar químicos pero siempre dentro de la misma familia de herbicidas. O sea, si bien todos son de distintas marcas comerciales o principios activos, actúan en la misma ruta metabólica, lo que en la práctica es como si usáramos siempre el mismo, no logrando el objetivo deseado de evitar generar resistencia en las malezas.

Otro inconveniente relacionado a la falta de rotación de familias de herbicidas se produce en el caso de los de acción residual, como ejemplo podemos citar los “ALS”. En estos casos estamos en una condición peor aún porque vamos a tener dos efectos no deseados: uno por la generación de resistencia al herbicida por parte de la mala hierba y el otro porque podemos tener “efecto carry over”, es decir que el herbicida persiste de un cultivo al siguiente en la rotación y puede generar daños por fitotoxicidad en caso de que sea susceptible la especie que sigue en la ocupación del potrero, con el consiguiente perjuicio económico que se puede manifestar desde una disminución de rendimiento, hasta la pérdida del lote en caso de envenenamiento grave del cultivo.

La familia de herbicidas ALS son el ejemplo paradigmático de esta problemática, entre sus integrantes están el metsulfuron, el clorimuron, el imazetapir, etc. Como algunos de estos agroquímicos son muy económicos y eficientes son empleados de manera continua, a veces en más de una oportunidad dentro del año calendario para un mismo potrero, con el agravante de que incluso se puede llegar a abusar en las dosis, pues es de un costo relativamente bajo respecto de otros principios activos.

Muchas veces, cuando el pH del suelo es levemente alcalino, como ocurre en varias zonas de nuestra provincia, la persistencia del principio activo en el suelo aumenta, generando verdaderos problemas de fitotoxicidad por “carry over” o acumulación en suelo. Años de bajas precipitaciones también aumentan la vida media de la acción herbicida en el potrero. Por todo esto, es indispensable la consulta a un ingeniero agrónomo a la hora de hacer un uso correcto de la herramienta química para no tener sorpresas desagradables, ya sea por el escape de malezas tolerantes a herbicidas, pérdida de cultivos, o disminución de rendimiento por residuos de herbicidas.

Ahora bien, suponiendo que hacemos una combinación y alternancia correcta de moléculas de herbicidas, debemos tener presente también las cuestiones de incompatibilidad de tanque. Los caldos de aplicación son cada vez más complejos y se mezclan corrector de agua, con adyuvante, más dos o tres herbicidas y a veces hasta un insecticida, cuando no también un fungicida que acompañe a esa verdadera “bomba” química. Si bien la combinación de productos es una herramienta viable, que sinergiza la acción herbicida, no significa que todo se pueda mezclar con todo y una vez más recomendamos la consulta al ingeniero agrónomo.

El otro aspecto al que debemos referirnos es el ciclo de vida de las malezas. Hay muchas de ellas que son susceptibles a un agroquímico en una cierta etapa de su desarrollo ontogénico, en general cuando están chicas, es por ello que aunque el lote no ‘verdee’ (como vulgarmente se dice), quizás sí la cantidad de individuos pequeños presentes sea importante, debiendo aplicar el herbicida de todas maneras para evitar que la planta crezca, llegando a un estado de su ciclo de vida donde aumente su tolerancia a herbicidas. En este caso es importante la utilización de moléculas de acción residual que nos permitan llegar a la siembra con el lote limpio, sin tener que repetir en varias oportunidades la aplicación, lo que es económico y ambientalmente poco recomendable.

Es decir, debemos cambiar el concepto de manejo de herbicidas haciendo foco en los residuales y dejando los de contacto como tratamiento de rescate. Sin embargo, hay que tener presente qué cultivo se va a plantar a posteriori, pues el herbicida escogido y los días transcurridos desde su aplicación a la fecha de siembra definirán el cultivo que se podrá plantar.

En resumen, la aplicación de herbicidas plantea desafíos para los que hay que manejar un caudal cada vez mayor de conocimiento técnico, siendo la consulta al ingeniero agrónomo el punto de partida que permitirá tener el efecto perseguido con el menor costo económico y ambiental posible, manteniendo una explotación sustentable en el tiempo.

(*) Ingeniero agrónomo (M.P. 607 CIALP) - Posgrado en Agronegocios y Alimentos - @MARIANOFAVALP

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