Argentina debe ser el Japón de los alimentos

Por Mariano Fava (*)

Largamente hemos hablado en esta columna de las ventajas y desventajas que han surcado al sector agropecuario argentino en el aspecto político, climático, económico y social durante la última década.


Nuestros lectores advertirán que varias veces tocamos el tema derechos de exportación (popularmente conocido como retenciones) como uno de los aspectos más álgidos y que, a nuestro juicio, más afectaban al sector, como así también los permisos de exportación (ROE).
Nobleza obliga, el anterior Gobierno había hecho algunos esfuerzos por bajar retenciones al maíz y al trigo, el inconveniente fue que al no poder exportar libremente por la falta de liberación de cupos de exportación (ROES verdes), tales bajas en las retenciones no tuvieron el impacto práctico necesario en las economías agrícolas regionales, ya que no hubo puja entre los exportadores y la industria molinera, pues cada vez que aparecía (a cuenta gotas) una liberación de exportaciones, el sector exportador ya tenía todo el cereal comprado a precio “vil”, haciendo una enorme transferencia de recursos de los bolsillos de los productores a las empresas comercializadoras a nivel mundial.
Antes de continuar el análisis, el cual tratará de ser lo más objetivo posible, uno debe alertar al amigo lector que como miembro de la comunidad agrícola y que vive del trabajo en el campo, seguramente tendrá una subjetividad de la que le será imposible desprenderse, hecho esta salvedad, ahondaremos en el análisis.
Hace unos años atrás, promediando el mes de octubre, la escasez de trigo en la Argentina era muy importante, como resultado de la baja área plantada con este cereal por parte del productor, debido a las políticas llevadas adelante con respecto al trigo, que claramente desalentaban la siembra en las zonas donde había posibilidad de sustituir cultivos. Fue así que el molino harinero tuvo que pagar, por unos cuarenta días hasta que llegó la cosecha nueva, hasta 4000 pesos por tonelada de trigo. Rápido de reflejos, el Gobierno, a través de precios cuidados, fijó la bolsa de harina al por mayor en alrededor de 250 pesos, para obtener un pan de 18/20 pesos el kilo. Hoy, la harina vale más o menos lo mismo y el pan casi el doble. Luego, el trigo bajó a menos de 1000 pesos la tonelada, pero el pan nunca más disminuyó su precio, al contrario, siguió escalando. Con esto, queremos decir que con el precio actual de la harina, según el sistema de precios cuidados, el pan no debería valer lo que vale, pero ¿por qué ocurre?, la respuesta es sencilla, inflación.
La inflación se define como el alza generalizada de precios, al que también están sujetos todos los factores de la producción como los son los sueldos, alquileres, energía, insumos, etc. Sin duda, si el gabinete económico actual logra revertir el flagelo inflacionario, no habrá ningún problema en exportar trigo sin que afecte al consumidor doméstico, pues, recordemos, que se espera un área plantada de alrededor del doble de la actual para la próxima zafra 2016/17, lo que podría devolvernos niveles de originación de trigo de alrededor de los 16 millones de toneladas versus los 10 u 11 millones que hoy generamos, para un consumo interno de alrededor de 8 millones de toneladas de este cereal.
Hasta hoy, los derechos de exportación eran de 20% en maíz, 32% en girasol, 23% en trigo, 20% en sorgo, 15% en carnes y cueros, 5% en leche, entre 5 a 10% en pesca, 5% en pera, manzana y aceituna, 10% en vid y 10% en miel. Todo ellos pasarán a tributar el 0%. Así las cosas, solo la soja, que actualmente tributa un 35%, pasará al 30% y los derivados de esta que hoy tributan el 32%, pasaran al 27%, para ir gradualmente año tras año desapareciendo, si es que el Gobierno cumple con lo anunciado en campaña. De esta manera, los productores argentinos vuelven a tener una fuerte recuperación de competitividad y se espera un aumento exponencial del área plantada, fundamentalmente, con gramíneas. Para la provincia de La Pampa, el caso del trigo y el girasol es lo más importante, ya que son dos alternativas de negocios vitales para un ambiente semiárido como el nuestro, en el cual se refugian fundamentalmente los pequeños productores, ya que para plantar soja hay que disponer de muchos recursos humanos y financieros, generalmente, difíciles de soportar para un empresario rural pequeño.
Para ir finalizando, diremos que durante el anuncio, el presidente de la Nación interpeló a los productores a honrar el pago del Impuesto a las Ganancias, un impuesto justo y que sin duda favorecerá las inversiones, pues entre otras cosas todo empresario que tenga que tributar ganancias tratará de invertir en infraestructura vía crédito, ya que los intereses se descuentan de ganancias, que terminan subsidiando el servicio de deuda, ya que lo que paga la empresa es la tasa de interés menos la tasa de Impuesto a las Ganancias, dicho de otra manera, parte del interés lo paga la AFIP. Esperemos que este sea el impulso que el sector estaba esperando para ponerse a crear valor, aumentando la riqueza para poder redistribuirla.
Finalmente, debemos mencionar el cambio de paradigma que hoy se da, pues pensar que el campo es actividad primaria es no entender la revolución que ha acontecido en materia de conocimiento y agregado de valor. En efecto, cualquier profesional de Ciencias Económicas divide a las actividades en primario (campo), secundario (servicios) y terciario (industria). Si consideramos que una de las principales empresas a nivel mundial vende semilla de maíz, cualquier economista diría que es una empresa de producción primaria, ahora, si le explicamos que esta empresa invierte en investigación y desarrollo mucho más que lo que invierte Argentina, sumando los presupuestos de universidades, INTA, INTI y cualquier otro organismo que quieran agregarle, vemos que esa división es antigua y como se dijo desde la más alta esfera nacional, Argentina debe ser el supermercado del mundo, es decir, Argentina debe ser el Japón de los alimentos.

(*) Ingeniero Agrónomo (MP: 607 CIALP) - Posgrado en Agronegocios y Alimentos - @MARIANOFAVALP

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