Agricultura: manejo integrado de plagas de soja

Por Mariano Fava (*)

En los próximos días estará iniciando el período crítico para el control de las principales plagas de la soja. Afortunadamente, venimos transcurriendo una zafra que por el momento ha evidenciado un bajo nivel de severidad de daño por insectos en los principales cultivos de verano (maíz, girasol y soja). Esto dista mucho de lo que aconteció la zafra pasada, donde hubo grandes problemas con plagas tales como gusano cogollero en maíz, cosa que este año afortunadamente no pasó. Similar situación tuvimos con chinche diminuta del girasol, la cual no se ha hecho presente aún, al menos de manera importante, mientras que en 2017 tuvo una fuerte presión de ataque que motivó hasta más de una aplicación en lotes puntuales. Pero, volviendo a soja, que es el tema de la columna de hoy, estimamos que la suerte que correrá con los insectos se empezará a definir en los próximos diez días.

En efecto, con la floración y el inicio de llenados de vainas empiezan a definirse variables de rinde tales como el área foliar y el número de granos por metro cuadrado, con lo cual es necesario evitar pérdidas de estos órganos, ya que luego explicarán la performance productiva del cultivo. Este es el momento en el cual el productor, junto a su ingeniero de confianza, debe decidir la acción a seguir para efectuar el control de la misma. Obviamente, que cualquier plan de trabajo de avanzada debe contemplar la cuestión ambiental, usando los insecticidas más específicos posibles y amigables con la fauna benéfica, para lo cual es fundamental abrazar el concepto de MANEJO INTEGRADO DE PLAGAS (MIP).

A este concepto nos hemos referido varias veces a través de los años en esta misma columna, sin embargo resulta necesario reiterarlo e insistir sobre éste porque aún estamos lejos de aplicarlo en toda su dimensión. Las pautas básicas a seguir en esta tecnología es lograr el control permanente (no transitorio) de la plaga, sin alterar el equilibrio biológico o alterándolo menos posible, lo que nos permite ejercer una influencia favorable a la serenidad y evolución del cultivo. Vale aclarar que todo este esfuerzo tiene como fin lograr altas producciones, de la mano de la mayor protección posible del ambiente.

Es indispensable a esta altura introducir el concepto de UMBRAL DE DAÑO ECONÓMICO (UE), el mismo se refiere a la densidad de la población que alcanza la plaga en un momento determinado del ciclo fonológico del cultivo y que le causa un daño significativo a su capacidad de producción. El concepto está relacionado tanto al monto económico de la pérdida ocasionada por la plaga, como así también al costo de la técnica de intervención (por ejemplo, aplicación de insecticidas). En el momento que llegamos al umbral de daño económico debemos intervenir para evitar que se llegue al NIVEL DE DAÑO ECONÓMICO (NE), es decir cuando la plaga nos hace perder plata.

Para ingresar al mundo del MIP es indispensable conocer aspectos tales como factores de mortalidad natural de la plaga, enemigos naturales, insecticidas biológicos o de tercera generación (de estos últimos los más ampliamente difundidos son los IGR para combatir lepidópteros u orugas), poder medir dinámica de poblaciones de insectos a través de monitoreos, determinación de umbrales, etc. Además, deberán incorporarse las distintas técnicas de control y manejo de plagas, conociendo la capacidad de respuesta del cultivo ante la agresión en cuestión.

Este concepto es muy importante, ya que la bibliografía menciona, por ejemplo, que la soja, dependiendo los cultivares y los períodos fonológicos (más sensible cuando más cerca estamos de la floración) tolera una pérdida de área foliar cercana al 40%: un productor que no posee el esquema mental del MIP seguramente caerá en pánico y hará una aplicación que probablemente no era necesaria, con la consiguiente pérdida de dinero y el daño ambiental asociado.

Un problema derivado de hacer aplicaciones preventivas de insecticidas, es decir aplicar por las dudas sin que estemos en el UE, además de la agresión injustificada al medio ambiente y la pérdida de dinero, es el peligro de inducir una plaga, es decir, al aplicar un insecticida innecesariamente rompo el delicado equilibrio existente entre las distintas poblaciones de insecto, lo que puede generar condiciones propicias para el avance de una especie considerada “plaga” por el hombre, por ejemplo, por la eliminación de los predadores naturales a causa del insecticida aplicado “preventivamente”.

Para ir finalizando, queremos transmitir con fuerza que se deben “manejar” los agroquímicos muy responsablemente. Resulta obligatorio consultar a un ingeniero agrónomo para que nos asesore en temas tales como la dinámica de las poblaciones de insecto, entre otros. No se deben utilizar los insecticidas indiscriminadamente aunque sean baratos, ya que lejos de proteger al cultivo puedo llegar a afectarlo, con el agravante de agredir innecesariamente al agro ecosistema.

Las posibles aplicaciones que demande la soja en los próximos días se concentrarán muy probablemente en el complejo de chinches y orugas desfoliadoras. Para ambas plagas existen herbicidas de amplia acción residual en la planta, con un promedio de protección de veinte días aproximadamente, y por supuesto recomendamos su uso. Además, es importante mezclar ingredientes activos para atacar al insecto en más de una ruta metabólica, evitando la aparición de resistencia a los insecticidas, siendo muy cuidadoso en la calidad de aplicación, es decir en lograr la cantidad de gotas o impactos por centímetro cuadrado necesarios para el insecticida que estamos empleando, ya que no es lo mismo si éste actúa por contacto, por ingestión, por penetración traqueal o por más de una de estas formas de acción, para lo cual el pico aspersor o “pastilla” a escoger (doble abanico plano o cono hueco), así como el tamaño de orificio, la presión, velocidad de trabajo y, en consecuencia, el caudal por hectárea, deben ser cuidadosamente determinados por un profesional idóneo para evitar fallas en la aplicación. Vale aclarar que también deben tenerse en cuenta aspectos ambientales tales como viento, humedad atmosférica, temperatura y cercanía a zonas pobladas.

(*) Ingeniero Agrónomo - Posgrado en Agronegocios y Alimentos - (M.P.:607 CIALP) @MARIANOFAVALP

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