“El mal que aqueja”: la búsqueda de una poética propia

La obra teatral porteña iniciará su gira nacional con dos funciones: sábado y domingo, a las 21 horas, en el Teatro A.T.T.P..

“El mal que aqueja” es una comedia negra que sucede en un espacio vacío, en un escenario despojado. Dos actores y una actriz llevan adelante “El mal”. Ellos y ella ejecutan la música, se desdoblan, van y vuelven en sus formas. El propósito: actuar, actuar como único sostén, con procedimientos teatrales propios, en busca de una poética propia.

Protagonizada por Renata Moreno, Tomás Raele y Gonzalo San Millán, con dramaturgia y dirección de Luciano Borges, “El mal que aqueja” se ambienta a fines del siglo XIX.

Un director de teatro y una actriz joven salen lejos de la ciudad en viaje hacia algún lugar. En un punto de la pampa se detienen en medio de una inmensa llanura. En ese espacio vacío, el director tendrá un desvarío: creerá que ese es el mejor lugar para hacer su obra y su gran escenario.

Ella, al ver solo desierto e inmensidad, querrá seguir viaje pero al poco tiempo se verá atrapada nuevamente por los planes alucinados de él. En medio de esa pugna aparecerá un soldado de la línea de fortines que dice haber sido atacado por un malón; hacía años que esperaba en su puesto órdenes que nunca llegaron -y que ahora entiende traen los visitantes-. En medio de su delirio, el director lo cree actor.

En sus desesperados intentos por conseguir aquello que desean, sabrán algo que los y las cambiará para siempre.



Taller de actuación

Gonzalo San Millán, uno de los actores de “El Mal que aqueja”, brindará el domingo un taller de actuación denominado “El cuerpo como único instrumento teatral”.
Según San Millán, el actor o la actriz es lo más importante del teatro, más aún que el director o la directora.

Es su poética corporal la que inunda los textos, el vestuario, las luces, la escenografía, etc. Es su cuerpo quien decide siempre qué hacer y qué no; es el actor o la actriz quien siempre y en última instancia, arriba de un escenario, decide dar un paso más o quedarse quieto en escena; quien considera necesario cómo y qué hacer.

La intención del taller es trabajar sobre esas consideraciones y lugares que parecen invisibles al espectador pero que cambian el rumbo de una obra.

“El taller va a estar encaminado en la búsqueda de un estado de sensibilidad para que el cuerpo quede lo más abierto posible al encuentro de nuevas propuestas.

Haciendo hincapié en ejercicios físicos se combinará la palabra, la mirada y el gesto”, destacó el actor.

También trabajará “la desestructuración del escenario para resignificar que todo espacio es más bien político que teatral”, preponderando la forma por encima del contenido.

“Se buscarán idénticos momentos con desiguales cuerpos, las mismas palabras con diferentes impulsos y diferentes espacios para ver las herramientas de cada uno y al mismo tiempo ir contra ellas. Se trabajará encima del actor, molestándolo en todo momento, no dejándolo ir a aquellos lugares que elige por temor a su propio caos”, concluyó.

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