Soja: ¿cuál es la estructura de cultivo óptima?

Por Mariano Fava (*)

Para empezar la columna de hoy debemos definir primeramente el concepto de “estructura de cultivo”, para luego sí ahondar en cuestiones técnicas que ayuden en el proceso de toma de decisión, de cara al establecimiento de un lote de soja exitoso. Se conoce como “estructura de cultivo” a la cantidad de individuos plantados por hectárea (es decir el número de plantas por hectárea o densidad de siembra) y su distribución espacial, o sea a qué distanciamiento se establecerán entre dos o más surcos a los individuos (21, 35, 42, 52, etc., centímetros), lo que a su vez define la distancia de las plantas dentro de la línea de siembra. A la hora de escoger por un tipo u otro de estructura de cultivo, debemos tener en cuenta varios aspectos, ya que de ello resultará si adoptamos una estrategia ofensiva (buscando maximizar los rindes) o una estrategia defensiva (buscando la estabilidad del rinde y una mayor seguridad de cosecha). Entre las cuestiones más importantes a tener en cuenta podemos enumerar:

1. Capacidad productiva del lote.

2. Grupo de madurez de la variedad de soja a plantar.

3. Fecha de siembra.

4. Cantidad de hectáreas a establecer en relación a la logística disponible (superficie que podemos plantar por día).

A medida que el lote tiene mayor capacidad productiva podemos ser más agresivos con el planteo técnico. En general son los potreros más productivos por donde empezamos la siembra, sobre todo si tenemos un área importante que cubrir. La fecha de siembra “ideal” para iniciar las labores de establecimiento para los productores que manejan altas superficies es alrededor del 10 de noviembre. En general, se inicia con sojas de grupo 5 corto indeterminadas, ya que nos permiten superar satisfactoriamente el mes de enero sin caer en un período crítico del cultivo. El mencionado período es aquel en el cual un estrés, de la naturaleza que sea (hídrico, térmico, etc.), afectará de manera muy importante el rendimiento por hectárea de grano. En el caso de la soja, este se encuentra comprendido entre los estadios reproductivos conocidos como R3 y R5, los que quedan evidenciados en la planta cuando observamos en los últimos cuatro nudos chauchas con todos los granos de la misma ocupando el total de la cavidad donde se alojan.

Para un productor que no tenga que cubrir un área grande de soja, le conviene destinar estos lotes de alta capacidad productiva a una soja de grupo tres largo o cuatro corto, pues estos grupos de madurez en general son de mayor capacidad de producción, y pueden evitar el mes de enero iniciando las labores de siembra hacia fines de noviembre o primeros días de diciembre. Pasada la primera semana de diciembre se pierde alrededor de 20 kilos de soja por hectárea, cada día que nos atrasamos en la siembra para una misma condición de disponibilidad de recursos (humedad y nutrientes). En lotes de menor capacidad productiva, debemos atrasar la siembra, aun a pesar de esta merma en los rindes. Esta es una “estrategia defensiva”, con el cometido de superar enero con menor probabilidad de sufrir un estrés irreversible en el cultivo. Ahora seguramente se preguntarán: ¿qué grupo de madurez escoger en estos casos? Una vez más dependerá de la cantidad de hectáreas a sembrar y del riesgo que quiera correr el productor. Si pretendemos enfrentar un menor riesgo por estrés hídrico, conviene entonces inclinarnos por los grupos de más madurez, más largos, pero esta elección nos expondrá a un mayor riesgo en cuanto al peligro de una helada temprana (en marzo). En definitiva, para siembras de mediados de diciembre lo más aconsejable serían los grupos de cuatro corto, que dan más porte de planta y una semana más de floración respecto de los grupos de tres largo, sin llegar al extremo de los grupos de cuatro largo o cinco corto. En caso de estar en un ambiente muy restringido, los grupos de crecimiento de cuatro largo también pueden ser una excelente opción, de lo contrario se deberán estrechar de manera marcada los espaciamientos entre surcos y subir un 20% en promedio de la densidad de siembra (número de semillas por hectárea).

Ampliando un poco el comentario relacionado al vínculo entre el espaciamiento entre surco y la fecha de siembra, diremos que a medida que sembramos más temprano y a la vez usamos variedades más largas, podemos sembrar más distanciado entre surco y a menor densidad. Así es que para siembras de mediados de noviembre, sembrando una soja cinco corta indeterminada, bastará hacerlo a 52 centímetros entre cada surco, buscando unas doscientas mil plantas a cosecha por hectárea. Esta aparente baja densidad nos da mayor economía del agua para superar con mayor probabilidad de éxito el agobiante mes de enero. Luego, a medida que se atrasa la fecha de siembra y se acortan los grupos de madurez, debemos ir modificando este concepto. Así, por ejemplo, para una siembra de fines de noviembre lo más recomendable para La Pampa sería plantar una variedad del grupo de madurez de tres largo, a 35 centímetros entre surco, con una densidad de unas doscientas cincuenta mil plantas a cosecha.

En resumen, dada la amplia oferta de grupos de madurez de soja y a lo heterogéneo de los ambientes agrícolas, sin duda debemos ser muy cuidadosos a la hora de elegir la genética a sembrar. Vamos a tener tantas recetas como lotes haya que plantar, y recomendamos abrazar los paquetes tecnológicos defensivos, sobre todo para los potreros de menor vocación productiva, pudiendo ser algo más agresivo en los lotes con napa aprovechable por el cultivo (de los que abundan en esta zafra), o potreros de alta capacidad de uso.

(*) Ingeniero agrónomo (MP: 607 CIALP) - Posgrado en Agronegocios y Alimentos - @MARIANOFAVALP

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