Morisoli y la cocina de la poesía

por Silvio Tejada


Edgar Morisoli es, sin dudas, uno de los poetas más importantes de la matria grande, su voz poética es una proyección sonora desde el sur y pregona marcando el pulso desde el adkintún de la poesía.

“Un ademán de sol” es el nombre del último libro editado por Edgar, de Ediciones Pitanguá (2019), quizás uno de los poemarios más encandecidos en más de una treintena de obras que ha concebido. Descodificar Un ademán... es sentir el abrazo de la poesía morisoliana que se traduce en defensa del hecho poético y su relación con nuestra memoria colectiva. Morisoli se hace voz social para no dejarnos abatir por el silencio olvidadizo que enmudece el compromiso con la vida.

El portal del libro tiene el dibujo “Duendes Libertarios”, ilustración de Paula Rivero del poema “Somos nuestra memoria”, un dibujo de técnica mixta de un equilibrio compositivo mágico.

silvio morisoli

La dedicatoria inicial a la poeta Ana María Lasalle abre las coordenadas en donde el libro tendrá su señalador. Los primeros pasos, y el epígrafe de Luis Franco, “Y todo esto debe estar en el canto del hombre nuevo” que Morisoli cosecha del libro Esquilo y Shakespeare (LF, Talgraf, 1980). No es la primera vez que el poeta catamarqueño es mentado por Edgar. Luis Franco nos muestra con su pluma la insurrección del poema de la desobediencia, y que habla de un esperanto vivo en su prosa que “acampa al pie del alba” (LF).

Orden de los poemas

“Un ademán de sol” inicia con el poema “El umbral invisible” que Morisoli referencia para “Laura Elena Carnovale, desde mi cocina a la suya”. Carnovale, la poeta piquense, con su poemario “Tengo un cielo en la cocina” nos sitúa en la cocina del poeta Morisoli que dice textual: “La cocina es el ámbito fraterno del sur”, la que marca el pulso de la existencia. Morisoli habla del espacio cocina como “recinto para el afecto”, describe sus paredes sin interesarle de qué son, pueden ser “de quincha embarrada... pueden incluso ser de aire...”. 

La cocina de Edgar es la solidaridad y la realidad de la amistad.

El segundo poema de este recorrido es “La vera luz”, que referencia a 1957/2017: A quienes continúan de “La Joven Poesía 1”. Morisoli reflexiona constantemente con el hacer del poeta y el transcurrir del tiempo con el fuego de la experiencia vívida que se teoriza en poe, y allí dice, textual: “Un ademán de sol frente a la bruma de los años‘, tamaña imagen poética en donde el concepto de ademán se grafica en el gesto, en actitud de poeta, de quienes forman parte de..., involucrándose con su cuerpo y su texto “al pueblo llano” para “seguir bordando los sueños, la esperanza, el tapiz cotidiano de la vida, la vera luz del mundo”. Este poema fue escrito en marzo de 2017.

“Somos nuestra memoria” es el tercer poema de “Un ademán de sol”, dice textual: “Cuando ella brinda sus dones en el canto, debemos celebrarla y defenderla contra los empresarios del olvido”. Edgar da cuenta de “flujos y reflujo” de la memoria en “un territorio de alas insumisas”. Este concepto que nos incluye a todes, “Somos nuestra memoria” es también un llamado a no abandonar la memoria.

“Intima” es un poema escrito en Otoño, 2018: En el camino que cabalga “-Como tu, como todos- sobre la gran marea de enigmas que es la vida, que es el amor...”, el poeta reza: “Aunque es de noche... Me puebla la esperanza como una multitud de luminarias que disipan lo oscuro y en la gracia del canto desafío las mudanzas del tiempo”.

“Visita de un marinero alucinado, balada cuasi leyenda”, poema ilustrado por la grabadora Marta Arangoa. Morisoli trae consigo un momento irrenunciable en la memoria de la Paita peruana, allí coincidieron las vidas de Hermann Melville, de Moby-Dick, y de Manuela Sáenz, “la libertadora”. Un ensueño poético.
“El corazón y las campanas”, poema referido A la escuela rural 141 “Jacinto Guiñazú”, sección chacras de Colonia “El Sauzal”. Un poema cargado de “nostalgia dentro”.
“Recio castiga el sur”. Morisoli vuelve a ubicarnos en la geografía y nos señala que “La Pampa sigue siendo la gran desconocida del país”, nos miran y “la cultura del lucro ignora a nuestra gente, con su curtida historia de adversidad y su esperanza en vela”. En el país del viento “se reconocen al mirarse a los ojos”.
Morisoli vuelve a hacernos sentir los Cuadernos del rumbeador (EM 2001) “En el imaginario de la América Austral, el viento es un gran pájaro insomne. El hombre y la mujer de las planicies centrales lo saben desde siempre, desde la maravilla o el terror iniciales, desde la temblorosa raíz de la inocencia”. Kerruf Mapú, el país del viento, es ángel o demonio que “canta para la soledad del corazón”.
“Recio castiga el sur” tiene una ilustración en acuarela de la artista plástica y grabadora Dini Calderón, espléndido trabajo en donde paisaje y rostro se funden.

“Mariano Aspiazu Fábula del Fantasma y el virrey”, este trabajo de Morisoli tiene un epígrafe que reza “una misma cuerda vibrante atraviesa la larga historia de la prensa insumisa de América, desde “La Gaceta” de Mariano Moreno hasta “La Chispa” de Osvaldo Bayer. Edgar rescata la vida del Fray Mariano Aspiazu, uno de los autores de la Rebelión de Huánuco de 1812 y señalado como el escribidor de “los papeles incendiarios, aquellos pasquines redactados en español o en quechua” que avivaban la resistencia y la lucha contra el yugo español. “La Corona de España ofreció una jugosa recompensa en metálico para quien denunciara paradero o indicios de ubicación del fraile”, también la corona “confiscó las Minervas donde se imprimía la prensa combatiente, pero a Mariano Aspiazu no lo encontró jamás: era un fantasma”.

“Tras la primera escarcha”, este bellísimo título nos lleva sensorialmente a un paisaje que parece ser el horizonte de la poe más profunda del observador, “El amor y las flores, libres en su albedrío”. Morisoli se involucra en la relación del espacio orgánico, en el respeto por la naturaleza en la matria del viento sur, mira Edgar su patio “a umbrales del invierno” y se transforma en observador de las flores que rebrotan y dice “tras la primera escarcha florecieron”, la emotiva referencia a “Dulcesombra” es poesía del bulbo del amor.

“Penúltimo taller: coplas de pie quebrado”, un texto musicalizado por Delfor Sombra y en su canto dice:

“Si la niebla es el olvido
¡guarda con la cerrazón!
No te haga perder el rumbo
del corazón”.

Letra y música garantizadas

“Palabras de Raúl Zurita”. “El chileno Raúl Zurita nació en 1950, en Santiago. Se trata de un poeta de profundidad deslumbradora y conciencia libre”, “Palabras de Raúl Zurita” es una enorme proclama del propio Morisoli a la poesía. Morisoli comparte sus gustos literarios y nos presenta a Raúl Zurita, que “nos dice que él con su poesía procura una vislumbre de la felicidad”.

Zurita el de la poe de Anteparaíso (1982) va más allá de la escritura y escribe en el aire con humo de avión “Mi dios es hambre”. Zurita dice “Silenciosos todos veremos entonces el firmamento entero levantarse límpido iluminado como una playa tendiéndonos el amor constelado de la patria”.

De este poema “Palabras de Raúl Zurita” resplandece el acrílico de Raquel Pumilla, allí se refleja el concepto del poema “...izar al tope del mástil la más verde rama del cancionero”. Un aporte maravilloso de Raquel.

“Cuero de puma”, dedicado a Vicente Retamales.

“Manual del soñador”, “Entreseñémosla pese a las hondas grietas de este presente amargo, porque el mero soñar ya implica resistir”.

“Tibieza en la tibieza”, dedicada A la familia Lucero, en la costa del Atuel. El poema está ilustrado por la fotografía “Tibieza en la tibieza” de Juan Pablo Morisoli. “Este mate labrado me llegó del Oeste” es la llave al poema confesor de Edgar.

“Pastor de los silencios”. Un “anfiteatro labrado por el viento”, “la clave del paisaje, su latido más hondo”... un poema en relación del espacio-puesto y su poblador.

“Advenimiento”, esta poe de Morisoli está anticipada por el epígrafe “...toda poesía me parece el umbral de un advenimiento mayor e inabarcable”, Cintio Vitier.

Vitier es un poeta cubano, Premio Juan Rulfo 2002, Doctor Honoris Causa de la Universidad de La Habana, uno de los impulsores del grupo Orígenes, sentenciaba:

Ya no vale la pena escribir
una línea
que no sea completa, aunque después resulte poca,
la verdad.

“Hombre que escribe versos” dedicado a Roberto Ramonda, en gratitud. Estos versos autobiográficos están ilustrados en lápiz de color y collage por Osmar Sombra.

Por último, aparece “Posdata”, una entrega a lectores para “agavillar” sus poemas como un racimo de saberes.

 

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