Basquet en silla de ruedas: la selección juvenil se despide de Santa Rosa

Luego de seis días y medio, el plantel U-23 de Argentina finalizará una semana de intensos trabajos. El Araucanito dialogó con el entrenador, Mauro Varela.

El seleccionado juvenil argentino de básquet sobre silla de ruedas finalizará hoy lo que fue una semana de trabajos intensos con pibes de distintos puntos del país que llegaron hasta Santa Rosa para continuar con su aprendizaje.

Durante seis días y medio, el gimnasio del club Estudiantes fue el lugar que le abrió las puertas a un grupo de jóvenes U-23 y U-21 que próximamente debutarán en la Tercera División de la Liga Nacional.
A cargo de la coordinación general se encuentra el entrenador de la Selección, Mauro Varela, quien junto a sus colaboradores y al aporte de siempre de dos de los máximos referentes de la actividad en la provincia de La Pampa, Juan Cruz Colombier y Romina Iglesias, son los encargados de que no quede ningún detalle librado al azar.

Entre los pibes que están “en el proceso de tecnificación” se encuentran cuatro pampeanos: Santiago Cortese (Santa Rosa), Carlos Gómez (Toay) y Alexander Villar (Toay), quienes participan junto con una de las grandes promesas del básquet adaptado: el pibe Valentín Gómez, de General Pico, de apenas 14 años.

Antes de comenzar la anteúltima práctica, muy gentilmente, el entrenador Mauro Varela se hizo una pausa para dialogar con El Araucanito sobre sus inicios, el presente y el futuro del básquet sobre silla de ruedas.

- ¿Cuándo te iniciaste en la actividad?
- Empecé a entrenar en 1999 en Santa Fe, en un club que se llama Cilsa y que todavía existe. En 2002 comencé como asistente técnico hasta 2005. Y luego en 2011 hasta 2015. Luego me propusieron ser el entrenador principal, así que desde ese año estoy al frente del equipo.

- ¿Cómo se trabaja para conformar un seleccionado?
- Nunca se trabaja de manera individual porque es un deporte de conjunto. Vamos observando jugadores de todo el país y de las distintas competencias y desde allí seleccionamos a los que tienen más proyección.
Existe la Federación que organiza la Liga Nacional que cuenta con tres categorías. Lo que propicia el salto de calidad es el trabajo cotidiano de los clubes de todo el país. El entrenador de la Selección recluta a los jugadores con talento y virtud para mejorarlos, pero el club es el que los proporciona.

- ¿Cuál es el objetivo del grupo que se encuentra en Santa Rosa?
- A este grupo lo denominamos “de Tecnificación”. Son jugadores juveniles, U-21 y U-23, con una edad promedio de 19 años. Esto está proyectado para 2021 y 2022 en lo que serán Parapanamericanos Juveniles U-21 y el Mundial U-23. No solamente son juveniles proyectados para esa línea de tiempo, sino también son juveniles que necesitan tecnificarse o enriquecerse técnicamente. Trabajamos los fundamentos individuales: el picar, el lanzar y principios de coordinación. Esto estamos trabajando desde septiembre pasado hasta ahora.

- ¿Cuáles son las metas a corto plazo?
- A fines de marzo vamos a ingresar con este grupo a la Liga Nacional de Básquet. Vamos a participar como Tecnificación en la Tercera División. Para nosotros esa participación será muy importante porque no estamos buscando resultados, sino otro contexto de aprendizaje para evaluar el rendimiento del atleta, no los resultados, sino el rendimiento.
Estas jornadas en Santa Rosa son un contexto de aprendizaje donde elevan su rendimiento. Lo de la Liga será competitivo, pero no nos va a preocupar el resultado.

- ¿Cómo es el cronograma a futuro?
- En febrero, desde el 15 al 18, vamos a estar en el CeNARD, del 1 al 5 de marzo también en el CeNARD y del 22 al 24 vamos a debutar en la primera fecha de la Tercera División con los atletas que seleccionemos.

- ¿Cómo está compuesto el plantel?
- El equipo de trabajo fue cambiando a lo largo de estos tres años y medio. Tengo a cargo tres asistentes técnicos, una manager y una psicóloga deportiva. Hay chicos de Corrientes, Tucumán, Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, y próximamente habrá chicos de Bahía Blanca.
Durante el año nuestra tarea no es solo hacer estos encuentros, sino que también viajamos en cada fecha que se juega la Liga para reclutar y observar jugadores. Como cualquier entrenador de la selección juvenil.

- Hay un buen proyecto en La Pampa...
- Sí, Valentín Gómez tiene 14 para 15 años. El año pasado en el Mundial de Hamburgo con la Selección mayor nos encontramos con Romina Iglesias que viajó como asistente de la selección femenina. Le comenté del grupo de tecnificación y ella me lo nombró a Valentín. Si bien no tiene club y no participa de la Liga, ella veía que tenía condiciones. Lo convocamos en octubre a Santa Fe, fue por primera vez, nos gustó. Tiene mucha proyección, va a depender de él.

- ¿En que se diferencia del básquet convencional?
- La cancha es igual al básquet convencional, la altura del aro, los tiempos, las infracciones, los entrenadores pueden sufrir faltas, los tiempos de descanso y el formato de juego, todo es igual. Lo que cambia es que tenemos la silla de ruedas, el doble dribling acá se cobra si un jugador no la pica al hacer tres impulsos. Tampoco existe el pivoteo aquí. Si se cae un jugador por una acción de conjunto y el árbitro ve que hay riesgo, se para inmediatamente la acción.

- ¿Cómo ubicás al básquet argentino a nivel mundial?
- Nosotros fuimos al Mundial de Hamburgo (2018) con una expectativa. Hicimos una semana de entrenamientos previos con amistosos ante Italia y Canadá. Nos sirvió mucho. En la jerga se dice: unos van de punto y otros de banca. Nosotros fuimos de punto. Perdimos con Australia que estaba en los planes. Luego le ganamos a España que venía de ser medalla en los Paralímpicos de Río de Janeiro y a Holanda que venía de ser cuarto en el Campeonato Europeo. Luego en los cruces le ganamos a Italia y quedamos dentro de los ocho mejores. Fue la primera vez en la historia en esa posición. Después perdimos con USA y Polonia sobre el final. Y al final jugamos con Turquía que venía de ser campeón europeo. El que ganaba le otorgaba una plaza más a su continente para los juegos de Tokio. Cada continente estuvo pendiente de ese partido. Se lo ganamos bien y quedamos séptimos en el Mundial. Fue un balance positivo e histórico para el básquet sobre silla de ruedas de la Argentina. Ahora quedó la vara muy alta y con las mejores expectativas. Para lograr los resultados de Hamburgo se trabajó tres años.

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