Más testimonios señalan el papel de Aragonés

Este miércoles a la mañana se realizó la segunda jornada de esta semana del juicio por los delitos de lesa humanidad cometidos en la Subzona 14 II. Declararon Rosalinda Gancedo y Zelma Rivoira (foto)

El primer testimonio que se escuchó en la jornada de este miércoles fue el de Rosalinda Gancedo, exestudiante de la UTN. Declaró que "las detenciones del 24 de marzo no nacieron de un repollo". Lo dijo al referirse al encarcelamiento de los integrantes del Centro de Estudiantes el día del Golpe Militar de 1976.

"La UT desarrollaba un fuerte trabajo social", afirmó. Eso generaba rispideces con los sectores sindicales. Gancedo dijo que esa tensión se agravó con la muerte de Juan Domingo Perón el 1 de julio. "Con quien más problemas había era con (Carlos) Aragonés", afirmó.

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Otro dato que contribuyó al enfrentamiento fue que la UTR realizaba la planimetría de la ciudad para la obra de cloacas. "Eso lo querían hacer las empresas privadas", recordó.

"La UT de Pico llego a tener mas matricula que la UTN de Bahía Blanca", señaló como detalles. Y destacó que en el año 1974 el hostigamiento siguió con la presión del piquense Raúl Aragonés sobre la facultad. "Nos acusaba de ser de la Cuarta Internacional. Me gustaría saber si sabe lo que es", ironizó.

Todo esto terminó en enero de 1975 con la toma de la Facultad por parte de los estudiantes. "Mientras se hizo la toma me detuvieron en la calle. Y en el patrullero estaba Aragones. Dijo 'esa es estudiante'", reveló.

Gancedo contó que la llevaron a la comisaría. Le iniciaron un expediente y solo pudo salir por la intervención de un abogado. Durante 1975 siguió la persecución. "Quedamos marcados por Aragonés", dijo.

Ademá, ecordó la detención de Raquel Barabaschi en diciembre de 1975, con quien compartían la pensión de estudiantes. "Estaban Toboada que era el que más hablaba y Baraldini, a quien conocía de los diarios, siempre aparecía con las botas altas", relató.

Esa noche, el operativo militar fue enorme. Su madre había llegado de América. "Decían que era un operativo antisubversivo y que nos iban a detener. Pero mi mamá se negaba y les decía que estzbamos en democracia y tenían que tener una orden del juez", señalo Gancedo.

Pero finalmente se la llevaron a Raquel, después de avisarle al novio Luis Barotto quien vivía a cinco cuadras. Despues que la liberan a Raquel, siguió el hostigamiento. La segunda detención de Gancedo fue el 24 de marzo de 1976.

"Fue otro operativo militar enorme", precisó. La llevaron a Santa Rosa junto Zelma Rivoira, Rosa Audisio, García, Raquel Barabaschi, Brinatti y Berelda. En otro camión llevaron a los estudiantes y otros detenidos de Pico. "Nos llevaron a la Unidad 4 y después a la Seccional Primera", afirmó.

Estaba detenida junto a sus compañeras, más Graciela Espósito y Mireya Regazolli. Recordó la presencia de la celadora, Elsa Flach. "Por supuesto supe su nombre después", dijo. Esa celadora fue quien la llevó a la planta alta de la Primera para su interrogatorio.

"Me preguntaban por 'Cholo' Covella, por (Ricardo) Calvo...por las autoridades de la facultad", relató. Estaba vendada y esposada. Uno de sus interrogadores era Carlos Reinhardt. "Lo identifique por la voz finita y el aliento a wisky", explicó.

"Me decían que me iban a tirar una zanja. Yo no tenía miedo...si, ahí ya no tenía miedo", afirmó. Tambien le preguntaban por cuestiones políticas: "saltaban de una cosa a otra. Preguntaban por qué Regazolli nombró a Covella y despues por la facultad...", dijo.

Hubo otras tres sesiones de tortura. "No puedo decir que pasó cada vez", resaltó. Ratificó que mientras la torturaban se escuchaba "música tipo sacra. Se escuchaba como que venía de otra sala". Gancedo, durante esas sesiones, identificó a otros torturadores. "A Cenizo lo llamaron por el nombre. También a Aguilera. Además la celadora nos dijo quienes estaban (en las torturas)", subrayó.

Entre las víctimas que vio la exestudiante piquense dijo: "me crucé con Francisco Cortada, tenía los ojos hinchados, rojos. Cruzamos la mirada. También con Jorge Canciani", relató. Gancedo dejó un fuerte mensaje. Le dijo a Baraldini y a los otros detenidos que "tienen que saber que los que subvirtieron el orden constitucional fueron ellos". Ademas dijo: "me siento honrada que tengan abogado defensor,no estén vendados y que sepan porque están detenidos".

"Que sepan la asimetría que existe, ellos no nos consideraban personas", afirmó. "Me siento honrada que con dos gobiernos del mismo signo, ellos sean juzgados por lo que hicieron", agregó. Finalmente Rosalinda Gancedo dijo: "vengo del sur (reside en Comodoro Rivadavia) donde a pocos kilómetros murió Santiago Maldonado. Pido justicia por mí, por las otras víctimas y por Santiago Maldonado".

Zelma Rivoira

Zelma Rivoira brindó el segundo testimonio. Fue no docente de la Universidad Tecnológica de General Pico. Estuvo detenida en dos oportunidades: en enero de 1975 y el 24 de marzo de 1976.

Fue otro testimonio intenso. Riboira contó que, el día del Golpe Militar, la trasladaron a Santa Rosa. Estuvo en la celda con Raquel Barabaschi y Rosa Audisio, entre otras mujeres.

Luego reveló que fue sometida a una sesión de torturas. "Me vendaron y me subieron a la plata alta", afirmó. Cuando entró había cinco militares: "Medi cuenta por las botas", precisó. Pero una vez que se retiraron, quedó uno de civil. "Tenía un pullover de dos lanas, un color beige. Tenía los ojos celestes y peinado a rayas. Era Reinhardt, lo vi por debajo de la venda", relató. "Me pegaron una piña con la mano abierta y me aflojaron dos piezas dentales", añadió.

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Las torturas se extendieron desde las 17:30 horas hasta después de las 23:00 horas. De las preguntas que le hacían, Rivoira dijo que no eran coherentes: le preguntaron sobre los bienes que compraba, pero nada de la UT.

Además, indicó que se escuchaba que los torturados eran arrastrados por el pasillo. "Y después baldeaban y baldeaban", recordó. A uno de los que vio luego de una sesión de torturas fue a Ricardo Calvo. "Me asomé por las rejas. Después me amenazaron, me decían si quería suicidarme...entonces no me asomé más", explicó.

"No dormí una noche. No creo haber dormido una sola vez", agregó. "Era una tortura estar ahí...la vida en la celda era terrorífica", afirmó. Riboira también dijo que conocían bien a Baraldini. "Porque yo estaba en la comisión del Club de Equitación Maraco. Iba los domingos con su esposa y sus hijas...pero ahí conocía a una persona, después no lo era", indicó.

Cuando Rivoira salió en libertad, ya no consiguió trabajo en la UT. Cuando fue a la facultad, el interventor Edi Yañez le dijo: "mañana le llega el telegrama de despido". La mujer precisó que el escritorio de Yañez estaba "repleto de armas. Cuando me iba pensé que me iba a pegar un tiro en la espalda", dijo.

Riboira subrayó que los tormentos siguieron con la libertad vigilada. Debía firmar en la comisaría cada vez que salía de la ciudad. "Igual seguí visitando a mi hermana en La Plata. Pero me agoté", confió.

El miedo siguió por 30 años. "Cuento lo que me pasó. Estaba llegando a mi casa y me crucé con una compañera y otra persona. Cuando entré a mi casa sonó el teléfono y una voz me dijo: 'otra reunión de tres y volvés adentro'. No me junté más", admitió.

Rivoira remarcó: "nos metieron el miedo, el temor estuvo latente por años. Nos ignorábamos,nos cruzábamos de vereda". También contó que se enteró de una reunión en el Centro de Empleados de Comercio, entre militares y dirigentes políticos. "Estaban Camps, Cobuta, Marín, Aragonés y Antonio Vicente. Ahí se decidió quiénes iban a quedar presos a no. Con una cruz ibas preso, dos cruces te dejaban con una campana (vigilancia) y tres cruces eras libre de culpa y cargo".

 

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