Robó con un arma de juguete y lo condenaron

La jueza de control, María Florencia Maza, condenó a Maximiliano Rigol Ferreiro a tres años en suspenso por resultar autor material y penalmente responsable del delito de robo calificado por el uso de arma de utilería (artículo 166 inciso 2° y tercer párrafo ‘in fine’ del Código Penal), por un hecho ocurrido el pasado 6 de octubre.

Debido a que la pena no es de cumplimiento efectivo, la magistrada le impuso las siguientes pautas de conducta por dos años, bajo apercibimiento de revocarle la condicionalidad: fijar domicilio, del que no podrá ausentarse sin autorización judicial; someterse al cuidado de la Unidad de Abordaje, Supervisión y Orientación de personas en conflicto con la ley penal; y realizar un tratamiento médico psicoterapéutico, ya sea en el ámbito público o privado, orientado a la rehabilitación de adicciones.

La causa se resolvió a partir de un acuerdo de juicio abreviado presentado por el fiscal Carlos Ordas, el defensor oficial Juan José Hermúa y el imputado, un mecánico de 23 años que admitió su culpabilidad.
La víctima, al ser debidamente citada para informarle del acuerdo, no compareció. Por ello, Maza señaló en el fallo que “la imposibilidad de contactarse con el damnificado, en este caso por su propia incomparecencia, no puede impedir o dilatar el trámite del proceso, por lo que entiendo que corresponde igualmente proceder al dictado de la sentencia en los términos acordados”.

Así dio por acreditado que el 6 de octubre pasado, a las 22, Rigol Ferreiro ingresó a un multirrubro de la calle Allan Kardec, en Santa Rosa, y luego de “amenazar con un arma presumiblemente de fuego –que luego resultó ser de aire comprimido, símil réplica de un revólver Magnum 357–,a las empleados y al propietario, se apoderó ilegítimamente de 1.000 pesos, dándose luego a la fuga en un moto roja y blanca”.

Entre las pruebas que Maza tuvo en consideran figuran filmaciones, las declaraciones de las víctimas, el acta de secuestro del casco y la moto que se encontraban en poder del imputado, el acta de secuestro de un buzo negro y una mochila con elementos en su interior, entre los que se encontraba un revolver de aire comprimido y balines, etc.

La jueza, más allá de la confesión del mecánico, indicó que el delito quedó probado ya que cuando Rigol fue demorado a los tres días, tenía en su poder “la misma moto con la que fue visto al darse a la fuga y vestía el mismo buzo, casco y mochila que utilizó en el momento de los acontecimientos investigados”. Y agregó que ello “surgió claramente de las fotografías incorporadas al legajo” y que “muestran las similitudes entre los elementos secuestrados en poder de Rigol y los utilizados por la persona que ingresara al comercio tres días antes”.

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