“Tenemos la música como un refugio maravilloso”

El creador de la mayoría de las obras de la agrupación chilena, Horacio Salinas, habló del destino del mundo de hoy y de lo que representan las melodías. En una semana se presentan en formato de trío en Santa Rosa.

El Inti Illimani Histórico Trío siempre está diciendo cosas. Es una voz que perdura, que resuena, que se reinventa en los años. Horacio Salinas es, acaso, una fuente inacabable de composiciones (tiene más de ochenta) que han alimentado a la formación chilena a lo largo de los años y en sus diferentes etapas.

“¿Hacia dónde vamos en el mundo? Todos estamos con un punto de interrogación muy grande, vamos en el tránsito hacia algo que, espero, no sea la hecatombe. Pero tenemos la música como un refugio maravilloso”, le cuenta a Kresta.

Con “Inti Illimani Histórico”, Salinas se presentará en Santa Rosa el miércoles 16 de mayo a las 21:30 horas en el Aula Magna de la UNLPam junto a José Seves y Horacio Durán (las entradas están a la venta en Fahrenheit Libros).

Allí repasarán la riquísima historia de esta formación que recorrió el mundo llevando la música latinoamericana comprometida hacia cada rincón. “Hemos desarrollado el formato del trío desde hace años sin que eso vaya en desmedro del grupo entero. Tiene algo distinto, hay una energía entre nosotros que nos predispone de otra manera, tal vez como lo hacíamos en los inicios, en la simplicidad y la desnudez cuando se arman las melodías... tiene mucho de eso”, aporta.



- ¿Qué es lo que impulsa a los músicos a seguir en este camino, después de tantos años, espacios cubiertos, ciudades...?
- Este es un rito antiguo, como aquellos trovadores que iban de una ciudad a otra, de un castillo a otro llevando las noticias ya que no había otro modo de comunicar. Con la música sucede lo mismo, debemos cruzar las fronteras y proclamar las buenas nuevas para que nos conozcamos mejor, tal vez para dar a entender que la materialidad de la vida es importante, pero lo más trascendente es la poesía que tenemos los músicos y que a su vez podemos hacerla bien sonora.

- Es uno de los compositores más importantes, relevantes, de la música popular chilena contemporánea. Sus creaciones llegaron al mundo entero. ¿Qué le pasa por dentro cuando le hacen saber a menudo eso?
- ¡Qué decir! Es un enorme regocijo que algunos se enteren en muchos lugares que yo hago una música que tiene características particulares que agradan, impactan... creo que se cierra un ciclo. Es la aspiración que muy escondidamente tenemos los artistas, que es establecer una relación de afecto y sentir que es recibido por el público. Muchas veces es un misterio el poder entender si alguien se apoderó de esas muestras de cariño que son las obras artísticas. Yo soy un músico que palpita mucho por el continente, mi interés fundamental tiene que ver con un amor hacia las tradiciones populares. Sin una buena relación de afecto con las tradiciones, no existe música contemporánea. Siento que lo que me he planteado como compositor tiene un eco y tal vez ese sea el más grande premio que uno tiene como creador.

- En 2001 hizo junto a su hijo “Remos en el agua”. ¿Qué recuerda de esa experiencia y sobre todo de esa etapa? -
“Remos en el agua” es un disco que guarda un espacio muy especial en mi corazón, porque lo hice con tres muchachos jóvenes, mi hijo Camilo, Fernando Julio y Danilo Donoso, tratando de exaltar una condición mía que es el de ser un hombre del sur de Chile, de la lluviosa región de la Araucanía, donde precisamente los volcanes, los bosques, los botes, los ríos lentos, son el entorno que a mí siempre de pequeño me ha subyugado. Fue una pausa encantadora para luego retomar mi trabajo con el Inti.

- Todos los artistas tienen visiones políticas. ¿Hacia dónde va Latinoamérica y hacia dónde cree que va el mundo?
- Ah, cómo estamos en este continente y hacia dónde vamos. Creo que este continente está mejor que cuando lo conocí hace 50 años. Hay avances notables, se ha extendido la vida democrática como una condición que permite mucha más pluralidad de ideas, de pensamiento, hay más civilidad en la discusiones del mundo, en estas condiciones que en aquellas terribles que se vivían en la década del 50’, 60’, en América Latina. Creo que hay una mayor conciencia de los derechos que los seres humanos debemos defender, hoy mucho más que antes. Esta condición de sumisión de los seres humanos, de sectores de los trabajadores, de las propias culturas ancestrales que se vieron relegadas. ¿Hacia dónde vamos en el mundo? Todos estamos con un punto de interrogación muy grande, vamos en el tránsito hacia algo que, espero, no sea la hecatombe, sino más bien en el ensanchamiento de la democracia, en la instalación de la democracia como civilizado modo de convivencia, de confrontación de ideas. Pero esta optimista manera de ver el mundo que tengo yo ha sido un sentimiento más bien ingenuo. En el intertanto tenemos la música como un refugio maravilloso.

Compositor de teatro, televisión y cine

Además de sus composiciones para Inti Illimani, Salinas llegó con sus obras al cine, el teatro y la televisión. “He tenido el privilegio de poder desenvolverme en otras actividades de la composición musical como el teatro, el cine, escribí para orquesta, es abarcar muchas cosas, creo que finalmente es muy cierto aquello de que uno siempre está escribiendo la misma canción, insistiendo en distintos formatos pero para decir lo mismo” dice.

“Siempre hay un mensaje medular que es el que uno necesita repetir. Algunos lo han hecho con una guitarra, con un instrumento ¡y no está mal! Pero, al margen de la importancia del formato, lo que vale es aquello que se quiere decir, darse a entender en el misterioso lenguaje de la música. Hay quienes lo hacen con orquesta y sin embargo no logramos descifrar qué es aquello que nos quieren decir. Tal vez esto devele la situación dramática entre los músicos que tienen algo que decir y los que intentan decir algo. En mi caso he tenido hasta el privilegio de que me hayan encargado música”.

- ¿Le interesa más la composición que estar en un escenario?
- La composición es un regocijo inmenso, muy solitario, es realmente un instante de la vida que tiene mucha trascendencia en lo que uno hace, en cómo es y cómo ocupa el tiempo. Creo que lo más trascendente es poder lanzar, en ese espacio de ensimismamiento, un mensaje al aire para conectarse con los demás. Eso me parece maravilloso. Quizá sea más importante que estar arriba del escenario.

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