“Camps había dicho que éramos subversivos idelógicos”

Declaron más víctimas de la razzia represiva a los humanistas que profesaban doctrinas pacifistas y de no violencia. Relataron la estigmatización social y la persecución después de las detenciones ilegales.

Una de las víctimas, secuestrada y perseguida por la Subzona 14 por su afiliación al humanismo, Alejandro Rubén Andrada, relató que durante los interrogatorios los represores “preguntaban mucho por la subversión ideológica porque (Ramón) Camps había dicho que éramos subversivos ideológicos”. “Sabían que no teníamos nada que ver con la violencia. Pero pensaban que estábamos en contra de la iglesia, que colaboró con ellos, como parte de la sociedad civil y la derecha peronista que instigó la represión”, añadió.

Andrada declaró este jueves durante una nueva audiencia del juicio de la Subzona 14 II. Recordó que en el ’70 ya había sido detenido en la época del presidente Agustín Lanuse, por hacer pintadas a los 15 años como parte de un grupo humanista, Poder Joven.

Contó que en el 75 participaba políticamente del Frente Unido de la Juventud y fue detenido con la “excusa” de que al padre policía de una compañera, Mabel Ochoa, le habían robado un arma. Allanaron su casa a punta de ametralladoras. El mismo día detuvieron a Félix Pracilio y Miguel Ángel Gómez, las caras más visibles del grupo.

Aseguró que de su detención participaron los represores Constantino y Reinhart en un auto civil. “Preguntaban por libros, por armas, por contactos en otras provincias. Me interrogaron muchas veces porque pensaban que era más dirigente que los otros. Me preguntaban por la relación con Lucía Tartaglia, porque tomábamos el tren juntos a estudiar a La Plata. Buscaban nexos con la guerrilla, la violencia. Éramos del mismo barrio. Me preguntaban mi relación concreta con el peronismo porque sabían que ella tenía relación”, confió, en un dato hasta ahora desconocido, que llamó la atención de las querellas.

Sobre los interrogatorios, aseveró que “estaba Yorio, era el encargado”. “De todos modos, también estaban Constantino, Fiorucci, Reinhart. A Baraldini lo vi a Baraldini en uno de los interrogatorios y conversó con Yorio. Yo ya los conocía porque actuaba en política y sabía quiénes eran”, puntualizó.

Recordó que en los calabozos cantaban como una “táctica” por su militancia por la no violencia. “No entendían bien de qué se trataba nuestro movimiento. Pintamos ‘trata al cabo como quieres que te traten’ en la pared del calabozo”, acotó.

Además, señaló que después declaró ante el juez federal Walter Lema. Agradeció que el abogado Ciro Ongaro los haya defendido “gratis” y al gobernador José Regazzoli porque fue el único que atendió a los padres que estaban preocupados, aunque les haya respondido que “no podía hacer nada porque eso lo manejaban desde Buenos Aires”.

Andrada reconoció que “nunca hubo apuros físicos pero si desgastantes interrogatorios” en una oficina de la Primera. “Nos preocupaba la amenaza de que nos iban a trasladar a Trelew. Después nos tranquilizó Ciro Ongaro”, dijo. “Sabían que estábamos con la no violencia, pero estaban practicando para animársele después al peronismo”, interpretó.

Después de que los liberaron, sufrió algunas detenidas esporádicas en la Policía Federal. En el ’76 trabajaba en el Banco de La Pampa pero se fue de la provincia por los inconvenientes que le provocó la persecución y el hostigamiento. Recién volvió hace 8 años a La Pampa.

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“Vino la noche”

Por su parte, el testigo Emigdio Fragassi contó que lo detuvieron policías en un Falcon verde, le llevaron libros “izquierdistas” de política y lo alojaron en la Primera con el resto de los detenidos del humanismo.

Lo interrogaron y después lo pasaron a la Federal. “Decían que formaba parte de una banda que le había robado una pistola a un comisario. En la Federal me hacían preguntas ideológicas. Aplicaban la ley de Luder para aniquilar la guerrilla. Como yo era más grande que los muchachitos, tenía 35 años, creían que era el jefe”, narró.

Dijo que Ongaro los defendió “sin cobrar un peso”. “No éramos guerrilleros ni por asomo. Pero cuando salí de esos 15 días, tenía un programa en Emisora Pampeana y tenía avisadores, me cambiaron el horario y nos sacaron los avisos al correrse la bolilla de que éramos subversivos. Me agarró como una depresión y me fui a Buenos Aires a lavar platos a un restaurante de Buenos Aires”, confió.

Luego volvió para trabajar en el diario La Capital, que se cerró a los tres años. “Esos quince días me cambiaron la vida, perdí la agencia de publicidad que tenía, mi auto. De pronto, vino la noche”, reflexionó.

“No militaba en el siloismo, tenía amigos, estaba en una corriente yrigoyenista del radicalismo”, puntualizó.

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“Aún me siento perseguido”

"No me hicieron nada, pero quisieron destruir mi familia", dijo el testigo Nankes De la Barra. Era estudiante en el ‘75, cuando fue detenido en la casa de sus padres por tres uniformados. También fue interrogado en la Primera por su participación y por los amigos que participaban de las actividades siloistas. Los represores le decían que “era infractor” a la ley de seguridad nacional. Estuvo encerrado con sus “amigos y hermanos” durante dos semanas.

Luego De la Barra se fue a estudiar a Bahía, donde primero no lo dejaban inscribir porque tenía antecedentes, algo que logró después de un año. Luego se fue a vivir a Mar del Plata. Finalmente, emigró a Italida, donde estuvo muchos años.

Después de la causa perdió a su novia y quedó estigmatizado en su familia y la sociedad. “Me metieron preso porque en el ‘69 Silo dijo en Punta de Vacas que lleváramos la paz en nosotros y a los demás. Y hoy seguimos llevándola. Me metieron preso porque rechazábamos la violencia que estaba en nosotros y fuera de nosotros”, conjeturó.

“A 43 años de aquello aún me siento perseguido. Cada vez que salgo de mi casa, miro si alguien me vigila. Esas son las consecuencias que sufrí”, completó.

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