"Yo era el 'che pibe' de Baraldini", dijo Yorio

En el juicio de la Subzona 14 II, admitió que interrogó y participó de las detenciones de los humanistas en el '75.

“Yo era el che pibe de Baraldini”, afirmó este jueves el represor Oscar Yorio, el expolicía que intentó relativizar su responsabilidad en los delitos de lesa humanidad en la represión en La Pampa. Condenado en el primer juicio a los represores, Yorio fue secretario privado del jefe de Policía durante la dictadura, Luis Baraldini.

Yorio amplió su indagatoria este jueves durante más de una hora en el juicio de la Subzona 14 II. Pidió hablar para defenderse por el rol que ocupó en la detención ilegal de alrededor de veinte jóvenes humanistas que se produjo en Santa Rosa en marzo del ‘75, antes del golpe, en los primeros operativos realizados por el grupo de tareas.

El represor admitió que fue el interrogador de los jóvenes humanistas y que participó de las detenciones de algunos. Dijo que él obedeció las órdenes del jefe operativo de la Subzona 14, Roberto Constantino (ya fallecido), quien rebicía directivas verbales, según su versión, del juez federal de aquel momento, Walter Lema. Aseguró que se limitó a leer un interrogatorio confeccionado por el magistrado.

Por otra parte, contó que en diciembre del 76 participó de un curso antiterrorista que le impartieron en la Policía Federal. “Para mi era griego lo que explicaban”, adujo.

“Yo tomé las indagatorias”

En primer lugar, trató de desmentir cuestiones puntuales de los testigos de la jornada anterior. Reconoció que notificó de su detención a Víctor Orostizaga y que lo interrogó. Pero se preocupó por aclarar que “no es cierto que le pregunté si había leído a Marx y si creía en Dios”. “No puedo permitir que se diga cualquier cosa. Se le preguntó un interrogatorio enviado por el juez, fuera de eso no se le hizo ninguna pregunta”.

“A Baraldini no lo puede haber visto, es mentira, porque comenzó a visitar a Constantino como jefe de la Regional no antes de octubre del ’75. No lo puede haber visto”, dijo. “Que nos cruzamos las miradas en un desfile reconociéndolo entra en su imaginación. Yo no lo vi nunca más desde que salió de la Primera, mucho menos en un desfile”, añadió.

“Yo tomé las indagatorias, con la presencia a veces de Constantino”, admitió. Y sostuvo que en la investigación “se buscaba determinar circunstancias relacionadas con el siloismo” pero no la sustracción de un arma, como aparece en la documentación que hay en la causa archivada en el Juzgado Fedeeral.

Con respecto a Alicia Solodujin, afirmó que la “requisa” en su casa se hizo el 7 de marzo muy temprano y ella no estaba. “La citamos para que se presente con una persona mayor. Se presentó al día siguiente con su mamá y en presencia de ella se le tomó declaración y se retiró”, declaró. “No la detuvieron tirada de los pelos ni la tiraron en la Primera”, replicó. También consideró “imposible” que haya visto a Baraldini.

Después de vertir algunas manifestaciones aclaratorias, y en contra del consejo de su abogado defensor, Yorio aceptó responder una serie de preguntas de los abogados querellantes.

-¿Cómo recibió los interrogatorios del Juzgado Federal? -quiso saber el fiscal Alejandro Cantaro.
-El juez se los entregó a Constantino.

-La intervención del juzgado es posterior a las privaciones de la libertad. No hay una orden del juez. ¿Qué pasó, se lo dijo informalmente?
-Las actuaciones se inician con la llegada a la Primera de la señorita (Mabel) Ochoa. Cuando aparece detenida, interrogada en Jefatura, que no sé por qué se hizo en Jefatura, Constantino toma contacto con Lema.

-¿Cómo tomó contacto?
-La relación era muy fluida. No se cómo tomó contacto. Recibió instrucciones, directivas, qué debía hacerse para que se investigara y se lo tuviera al tanto. Le habrá dado un escrito, que lo pasó en limpio y me lo dio. No sé qué se hizo, yo lo tenía como un ayuda memoria.

-¿Allí se ordenaban las requisas?
-Se iban resolviendo sobre la marcha.

-¿Iba Lema?
-No, yo no fui a todas las requisas.

-¿Qué le dijeron que investigara?
-La relación de ese movimiento. Era un caso nuevo, era neófito en la materia, o sea que fui aprendiendo algo del siloísmo en la medida que iba interrogando a estos chicos. No tenía margen intelectual para investigar sobre Marx, nada que ver. Había que investigar qué era eso, que perseguían, tal cual están hechas las preguntas.

-Pero usted conocía la ley 2840 de Seguridad Nacional.
-Me limitaba a hacer lo que me ordenaban. Había que indagarlos y con ese interrogatorio.

-¿No sabía si tenía que ver con las prescripciones de la ley 2840?
-No me puse a analizarlo. Me puse a trabajar y hacía las actuaciones bajo directivas muy precisas, muy encima por parte del juez.

-¿Había hecho algún curso para realizar estos interrogatorios?
-No, la capacitación que me permitió ingresar al cuadro de oficiales. Ascendí en el ’70. Nunca tuve una capacitación especial dirigida a algún tema. Mucho menos del siloismo, me desayuné del siloismo en esa causa.

“A alguna requisa fui”

Por su parte, el abogado querellante Franco Catalani insistió acerca de si participó de alguna detención. “No recuerdo, no voy a decir que no porque no quiero mentir. Posiblemente sí, a alguna requisa fui y algunas detenciones se hicieron durante la requisa”, dijo.

-¿Quién le dio la orden de ir a la requisa y detener a personas?
-Lógicamente, sería Constantino. No podía hacerlo por propia iniciativa.

El abogado querellante Maxi Corroinca le preguntó si hubo una orden de detención de Ochoa. “No sé, tomé contacto cuando la traen de la Jefatura, Constantino me avisó que había que iniciar actuaciones, hablé con el juez y me dio directivas”, respondió.

-¿Cómo secretario de actuación constataba que la detención tuviera el respaldo de una orden escrita o verbal?
-La orden la recibía directamente Constantino. Supongo que no hay nada agregado, nunca vi una orden escrita. Supongo que él diría a quién había que detener. Todos los procedimientos estaban en conocimiento de inmediato del juez Lema.

sub zona baraldini

-¿Transmitía esa orden a la persona para que sepa por qué se lo detenía?
-Al notificarlo, sabían.

-¿Por qué los identifica como siloístas?
-No recuerdo, para mí era todo nuevo. Tampoco mi intelecto me daba mucho. A mí nadie me formó para que investigara actividades del siloismo.

-¿Pedía una orden escrita?
-Yo no pedía nada. Constantino decía “ché, hay que detener a tal persona”.

Desde las defensas, Laura Armagno preguntó si la instrucción de la causa fue distinta a la de otros casos comunes. “No, porque fue la única o una de las pocas que participé con intervención de la justicia federal”, contestó.

-¿En las provinciales recibía órdenes escritas?
-Aparentemente se trabajaba distinto. Mi trabajo era recibir la persona, atenderla, y tomarle indagatoria conforme me habían ordenado. Terminada la indagatoria, él se ocupaba de llamar para que la buscaran arriba. Ahí terminaba lo mío. La orden de indagar no la disponía yo. Era todo en base a directivas que recibía Constantino del juez.

-¿Era usual que estuviera escrita la orden?
-No, era una relación entre el juez y Constantino. Yo me limitaba a tomar la indagatoria. Esa fue mi función en esa causa. Trabajaba pero no decidía. Me tocó a mí escribir como le podía tocar a cualquier otra persona.

-¿Iban los defensores a las indagatorias?
-No, en ningún caso iban los defensores.

Asistente de Baraldini

-¿Desde qué fecha asistió a Baraldini? -indagó Catalani a Yorio.
-Desde el 24 de marzo del 76. Fui designado ayudante. No sé por qué motivo. Alguna vez me lo pregunté, por curiosidad. Tenía que cumplir una orden y la cumplí.

-¿Qué funciones cumplía a las órdenes de Baraldini?
-El ayudante de campo en el ámbito militar es el “che pibe”. No fui asesor, no fui secretario privado. Él me decía que organizara o le dijera algo a los demás. Infinidad de tareas.

-¿Lo acompañó en algún procedimiento?
-Jamás, no lo vi hacer algún procedimiento, jamás me llevó a hacer un procedimiento, ni interrogatorio ni detenciones. Me enteré que estuvo en Jacinto Arauz porque le pregunté.

-¿Lo comisionó a hacer viajes a otras provincias?
-No, no recuerdo. Relacionado con la función policial, no.

-Antes dijo que lo había asesorado en los cambios en la Policía.
-Yo no era asesor de él, lejos de ser asesor. Era el hombre que tenía cerca, pero más que nada era retransmitir órdenes y recibir respuestas. Puede haber sido las formas, alguna sugerencia. No era yo quién asesoraba.

-¿Compartió procedimiento con Reinhart?
-No, trabajé con él en el ’72 en la Seccional Primera vieja. Después nunca más.

-¿Recuerda algún docente de la academia de policía?
-No sé si el doctor Carlos González ya estaba, la doctora Elvira Rosetti, pero no me acuerdo. No estoy seguro.

-¿Recibió capacitación antisubversiva? -pregunto el fiscal Cantaro.

-Sí. Hice un curso en diciembre del 76 en dependencias de la Policía Federal. Se trabajaba fundamentalmente sobre manejo de armas. Hubo algo de teoría que no recuerdo porque me superó totalmente. Para mí era griego lo que explicaban.

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