Aragonés declaró como víctima y Fiorucci sigue en el juicio

En el juicio por la Subzona 14  declaró como testigo Carlos Aragonés, el puntero del PJ que se pasó al PRO, acusado de haber sido un "buchón". "Solo me interrogaron de palabra. Fue tremendo sicológicamente", manifestó.

El exdiputado nacional Carlos Aragonés declaró este martes en el juicio de la Subzona 14 II y confirmó que cuando fue detenido lo interrogaron “solo de palabra” y no sufrió golpes ni apremios. De todos modos, el sindicalista -sindicado como “delator” por exestudiantes de la UTN de Pico secuestrados antes y después del golpe, intentó colocarse como una víctima más y aseguró que le llevó mucho tiempo “recuperarse de la dolencia” que le causó la primera detención.

Aragonés, de 82 años, dio testimonio en el capítulo reservado para lo ocurrido con la represión ilegal en General Pico. No dio nombres o pistas sobre los militares y policías que lo detuvieron e interrogaron a las pocas horas del golpe militar del 24 de marzo del ‘76.

En principio, las querellas pidieron ayer que no declarara, pero el Tribunal decidió que sí. El abogado Franco Catalani reclamó que no se tuvieran en cuenta sus dichos como un testigo más, y mucho menos como una víctima, pero al no ser posible imputarlo, intentó desistir del testimonio. Sin embargo, el fiscal Alejandro Cantaro se opuso y los jueces decidieron que declarase.

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Un interrogatorio “de muchas horas”

Aragonés era diputado nacional antes del golpe. “Ese 24 de marzo, una vez más, iba a Buenos Aires junto a dos personas, Roberto Coronel y Raul López, y habitualmente parábamos en la estación de Carlos Casares. Estando estacionado llega un vehículo, se transportaba Juan Carlos Bola, chofer del vicegobernador Rubén Marín. Nos comenta que fue convocado para ir a buscarlo dado que podía producirse el golpe de estado. Me pidió que lo acompañara, lo hice, y entrando a Buenos Aires, por la cancha de River, había un operativo y se había producido el golpe. No nos requisaron, llegamos al hotel y allí lo encontramos a Marín. Nos comenta la situación y nos ofrece que regresáramos. Desistí. Al otro día, decidimos volver”, relató el sindicalista.

“Llegamos a la noche a Pico. A la mañana sentí fuerte golpe en la puerta de casa. Tenía la cuadra llena de vehículos del Ejército. Allí me detienen, me llevan a la comisaría, me traen a Santa Rosa, me alojan en la unidad carcelaria. Después de 20 días, un buen día me trasladan al centro, a la Primera”, contó.

“Era en horas de la tarde -prosiguió-, me retiraron las esposas, me esposaron hacia atrás, me encapuchan y me suben a un ambiente por unas escaleras. Allí tuve un interrogatorio de muchísimas horas. Fue tremendo sicológicamente. A las 4 y cuarto de la mañana me llevaron a una sala con un señor vestido de policía, me sacan capucha y esposas, y me dijo que leyera y firmara la declaración. Era un momento difícil y especial, firmé sin leer absolutamente nada de lo que decía. Después de unos días me dieron la libertad provisoria. Amén de las secuelas que me dejaron en el cuerpo, solo me interrogaron de palabra, no me habían golpeado, no tenía ningún golpe”.

“Cuando vuelvo a Pico sufrí, por la tensión nerviosa. Un médico y una kinesióloga me hicieron un tratamiento. Me llevó mucho tiempo recuperar la dolencia que me había causado”, aseguró.

“Para mí fue un tremendo dolor”, insistió Aragonés. “Más allá de ese momento que me hizo tanto daño sicológicamente, tenía necesidad laboral para mantener mi familia. Se me cerraron las puertas porque había miedo y me contestaban que no era posible tomarme. Significó que tuviera que deambular, hasta que alguien que me dio una mano, logré que me alquilaran un salón y me puse a cuidar coches”, explicó.

 

Otras detenciones

El gremialista contó que consiguió trabajo en una compañía de seguros, con la cual recorría pueblos del norte provincial. “A los pocos día me detuvieron porque infligía la ley que me prohibía hacer actividad política”, indicó.

Luego sufrió otra detención. “Había un ciudadano que tenía dólares, me preguntaban si yo sabía de dónde los había sacado. Luego me dejaron en libertad”, señaló.

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“Pasó otro tiempo y me detuvieron porque este señor, que estaba a cargo del país, (Rafael) Videla, fue a inaugurar una obra y lo panfletean recriminándole algunas cosas. Yo no estaba en Pico pero cuando volví me enteré que otras personas que habían sido detenidas, entre ellas Marín y otros. Me detienen, me traen a Santa Rosa, Marín estaba saliendo en libertad y me dejó el colchón. No recuerdo cuántos días estuve detenido”, acotó.

Aragonés comentó que además de diputado, en el ‘76 era delegado regional de la CGT local. Dijo que había aceptado ese cargo como “prenda de paz” entre las facciones en pugna.
Ya en dictadura, volvieron a detenerlo acusado de robarse un busto de Perón que los gremios habían comprado y colocado en la CGT. Explicó que él se lo había llevado al CEC “a lo mejor equivocadamente” cuando las autoridades militares pidieron que desalojaran el edificio de la central obrera.

“Me denunciaron que lo había sustraído. Esa fue otra oportunidad que me detienen, me traen a Santa Rosa, en el camino se detienen, tirando tiros al aire porque decían que había animales. No era menor el tema. En otra comisaria me ponen en un calabozo. Yo sé que entre los nervios, tenía mucha sed, llamaba a los guardias y no me atendieron. Por la madrugada, sacaba la mano por la reja y un agente de policía se acercó de mala manera, diciendo que no se podía hacer. Ese policía era de Pico, a la madre le había conseguido una pensión. Me trajo una botella de agua salada. Me llevaron a la mañana a Toay, me sentaron, había todos militares, y me hicieron un interrogatorio en el cual se me acusaba del robo del busto”, detalló.

Les dijo que la policía ya había rescatado el busto de Perón. “Creo que hay alguna otra más en el medio, pero esa fue la última vez que me detuvieron. Al otro día me devolvieron la libertad”, indicó.

 

“Un momento muy especial”

-¿Reconoció a los militares que lo detuvieron en la primera oportunidad? -preguntó el fiscal Cantaro.
-Uno de ellos era el jefe de Pico, de apellido Cobuta.

-¿Quién era el policía que le hizo firmar una declaración en la Primera?
-No lo reconocí ni lo reconocería hoy. Es un momento muy especial. No reconozco ni siquiera las voces. Aparte que han pasado 41 años. Hay muchas familias con dolor, nosotros tenemos la suerte de contarlo. Hay otros que no, por la mente enferma de estos señores.

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-¿Vió otros detenidos?
-No, solo vi a un detenido cuando fui al baño. Era muy conocido nuestro, Roberto Gil. Al único que vi en la penal, que había sido llevado en una noche y lo habían golpeado muchísimo. Tenía lesiones en el cuerpo que me mostró. También estaba Acátoli, que era diputado provincial, Rodríguez, Nicoletti.

El abogado Pedro Mercado le preguntó si se acordaba del decreto firmado por Isabel Perón para combatir la subversión. “No lo recuerdo”, contestó.

-¿Había estado de derecho en el ’75? -preguntó el abogado y excarapintada.
-Se ejerció el derecho, fueron dos etapas. Viví tres presidencias, la de Cámpora, la de Perón, y la de Isabel. Fueron cosas distintas. La situación era normal, pero pasaban cosas, como ahora y como pasaban siempre. Estaba la base intacta hasta que ocurrió el golpe.

-¿Supo de las detenciones en la provincia por actividades subversivas?
-Puede haber habido, yo no las recuerdo.

-¿No lo fueron a ver para informarle de esa situación?
-No, para nada.

-¿Recuerda quién era el juez federal?
-No.

-¿El jefe de policía?
-No señor.

-¿A qué atribuye que en La Pampa no hubiera muertes y desaparecidos?
-Yo creo que no tenemos ningún antecedente de hecho luctuoso. Yo siendo presidente del partido del PJ, y quién condujo los destinos de la provincia, Marín, inmediatamente se dictó una normativa porque tuvo la valentía, la fortaleza y la fuerza, para llevar adelante el esclarecimiento de los hechos que hubo en la provincia. Se abrió la posibilidad para que todos tuvieran la oportunidad de esclarecer estos hechos. Creo que no hubo ninguna muerte de por medio.

-¿Se lo formó alguna causa penal?
-Yo no tengo conocimiento.

 

Sin preguntas que lo incriminen

Aragonés no fue interrogado sobre los testimonios que lo apuntaron como colaboradores de las fuerzas represivas en las detenciones de exestudiantes de la UTN. Las víctimas Rosalyn Gancedo, Raquel Barabaschi, Luis Barotto y Francisco Tineo, entre otros, lo señalaron en ese rol. También un guardiacárcel aconsejó a los detenidos que no hablaran con Aragonés porque pasaba información a los represores. 
Cabe recordar que los testimonios que apuntan a Aragonés -exsecretario general de la CGT Regional Norte- son los de Rosalyn Gancedo, Raquel Barabaschi y Luis Barotto, entre otros. Gancedo declaró que en una detención en el año 1975 -mientras estaba tomada la Universidad Tecnológica Regional- vio a Aragonés adentro de un patrullero. También lo vio en la comisaría.

Barabaschi y Barotto recordaron las acusaciones públicas, a través de documentos y reportajes en el diario La Reforma, que hizo Aragonés contra los estudiantes de la UTN: los acusaba de pertenecer a la “Cuarta Internacional” y de “trapos rojos”, al endilgarles una pertenencia de izquierda. Los estudiantes (mujeres y hombres) fueron detenidos en enero y diciembre de 1975 y el 24 de marzo de 1976: en las torturas les preguntaban si pertenecían a organizaciones armadas y dónde guardaban las “armas”.

Carlos Aragonés fue detenido el 24 de marzo de 1976 y alojado en la Unidad 4 junto a los otros detenidos políticos. Pero se juntaba poco. Un guardiacárcel, Aimar, les advirtió a los otros detenidos que tuvieran cuidado con lo que hablaban delante de Aragonés. Ese guardiacárcel, al que los otros detenidos recuerdan por su trato humano en el contexto de la detención durante la dictadura, declaró en la instrucción aunque no dio el testimonio en el juicio oral ya que falleció.

En la actualidad Aragonés se mostró en las PASO participando en la campaña de Cambiemos junto al candidato Martín Maquieyra. Después de ser el hombre fuerte de Pico en el PJ durante décadas, ahora revistaría en el macrismo.

Fiorucci seguirá en el juicio

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El Tribunal no hizo lugar este martes a la pretensión de la defensa del represor Roberto Fiorucci, que quería sacarlo del juicio por supuesta incapacidad física. Los jueces dispusieron que Fiorucci, ya condenado en el primer juicio por delitos de lesa humanidad, siga siendo juzgado. Rechazaron la petición de la defensa de dejarlo al margen por supuestas afecciones de salud. Condenado en el juicio de 2010, en este segundo debate está acusado por 261 casos de secuestros y torturas. Las querellas se habían opuesto al pedido. 

Lo que se dispuso es la continuidad por videoconferencia, excepto en las audiencias de alegatos y al momento de tener la oportunidad de pronunciar alguna última palabra.

Testigos

Para mañana está previsto el testimonio del exgobernador Rubén Marín -socio político de Aragonés en la feroz interna del peronismo de La Pampa-, también acusado de haber participado en una reunión en la que se habló de quiénes serían detenidos el día del golpe militar. Marín negó esa reunión.

Mañana también declararán el médico Miguel Dastolfo, Claudia de Diego, Graciela de Diego y Ana Isabel Herrera.

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