“Nos pegaban con guantes de box”

Este miércoles comemzaron a declarar los estudiantes de la UTN de Pico víctimas de la represión. Dos testigos narraron interrogatorios con picana y golpes. Les hicieron firmar declaraciones con los ojos vendados.

En primer lugar, el ingeniero Eduardo Horacio Oporto relató que ingresó en el 74 a la Universidad Tecnológica de General Pico y formaba parte del centro de estudiantes. Participó en la resistencia al cambio de autoridades que sobrevino con el golpe.

Un agente policial lo denunció por rayar el auto del nuevo decano en una manifestación, algo de lo que más tarde fue sobreseído. Lo secuestraron a los pocos días del 24 de marzo fuerzas policiales y militares y lo trasladaron a la Colonia Penal 4 de Santa Rosa.

A los cuatro días lo interrogaron en la Primera sobre la actividad en la facultad. Allí lo vendaron, subió la escalera hasta la planta alta. Le preguntaban sobre las fotos que tenían de ellos en una confitería, si tenían armas, o si hacían reuniones.

Lo golpearon en el estómago y lo “tocaban” con la picana. “Hacían ruido con una hoja y decían que era el certificado de defunción. Tenía 21 años, para mi pasó una eternidad, deben haber sido dos horas o tres. Me pegaban con un guante de box. Caía en un sillón con las manos esposadas hacia atrás. Me decían que me iban a poner en una parrilla. Terminé con las muñecas hinchadas y doloridas, hasta que entró alguien y habrá hecho alguna seña porque a partir de ese momento no me pegaron más”, relató.

“La persona que me torturaba era baja, un timbre de vos inconfundible que lo tuve presente durante años. Era uno solo el que me hablaba, pero había dos o tres más”, recordó. Cuando mencionó que "intuyó" quién era su torturador, un juez le pidió que diera el nombre. "Cenizo", respondió.

Firmó una declaración con los ojos vendados, “a ciegas”. Lo llevaron a la 4 y no lo querían dejar entrar porque estaba “todo morado”, aunque finalmente ingresó. A los pocos días lo trasladaron a Pico y finalmente lo liberaron, aunque un régimen viglado durante dos o tres años.

Como secuelas sicológicas, durante varios años "escuchaba una sirena y me volvía loco" y "ese timbre de voz agudo me atormentaba".

En el '75 estaba de vacaciones cuando 33 compañeros fueron detenidos ilegalmente por la toma de la universidad.

Firmar con los ojos vendados

En segundo término, el piquense Miguel Horacio Guinda declaró que había ingresado a la UTN en el ’74 y que el mediodía posterior al golpe de estado fue secuestrado cuando se dirigía del comedor universitario hacia la casa del barrio Pampa donde vivía junto a otros compañeros.

subzona 14 guinda

Lo llevaron a la Primera de Pico y luego a la Colonia Penal 4 de Santa Rosa. Nunca le informaron por qué lo detuvieron ni le exhibieron orden judicial de detención.

En una oportunidad, lo sacaron a la Primera. Allí lo vendaron y lo subieron a la planta alta. Lo interrogaron sobre la actividad en la facultad. “Me amenazaban que si no respondía iba a la parrilla. No podía responder cosas que no había vivido.Me preguntaban quiénes nos proveían las armas desde Bahía Blanca, quién le proveía las armas a Ferrari, quién había prendido fuego al milico del areoclub de Pico. Siguieron las preguntas hasta que le dijo a otro que me ablandara un poco. Me pegaron dos o tres golpes de puño, creo que con una toalla o guantes de boxeo, en el abdomen y caí en un sillón. Me amenazaron un rato, como media hora, y me dejaron tranquilo. Me hicieron firmar una declaración con los ojos vendados”, relató.

Después volvió a la Unidad 4 y finalmente dos semanas después recuperó la libertad aunque bajo vigilancia, debía presentarse en la comisaría si quería salir de Pico. “Así como entré, salí”, rememoró.