Girasol en la siembra directa: el riesgo de plantarlo en suelo compactado

Por Mariano Fava (*)

El establecimiento de pastura y girasol bajo siembra directa es quizás el desafío más importante al que se enfrentan técnicos y productores que estemos bajo esta forma de producción. El pisoteo de los animales en los sistemas ganaderos (o mixtos) y el tránsito de la maquinaria en los agrícolas (o mixtos) son factores de compactación superficial y subsuperficial que van en detrimento del sistema de producción, si no tomamos alguna medida al respecto.

Para empeorar las cosas, con suelos húmedos se genera una compactación mucho más extrema y a veces irreversible para el suelo mismo, debiendo generarse alguna intervención externa (labranza). En efecto, con la tierra húmeda se produce un “amasado del suelo”, originando una conjunción de factores (que se pueden resumir en la palabra compactación) que desalientan la siembra directa cuando uno tiene altas proporciones de girasol o pastura en su matriz de rotación, agudizándose el problema si la empresa hace ganadería y agricultura simultáneamente. Vale aclarar que cuando la irregularidad del relieve del suelo es muy importante, pensemos, por ejemplo, en las grandes huellas o encajaduras generadas por el tránsito de la maquinaria sobre los lotes, es preciso abandonar circunstancialmente (por ese año) la siembra directa, recurriendo a un emparejamiento del suelo vía labranza, para luego sí retomar el sistema de labranza cero. En el caso de que el daño físico infligido al suelo no sea tan extremo y se pueda continuar en el sistema conservacionista sin la necesidad de uniformar el terreno, hay alternativas para mejorar el desempeño del girasol plantado bajo estas condiciones (suelo compactado).

El girasol es una especie muy sensible a suelos pesados o compactados. El establecimiento de esta especie en suelos densificados genera dificultades que determinan fallas en la implantación y pérdidas de rendimiento. Entre las más importantes podemos mencionar: dificultades de la sembradora para abrir el surco dejando a la semilla en condiciones de riesgo, los órganos aplicadores de fertilizantes pueden dejar el mismo depositado a una profundidad que afecte la germinación por fitotoxicidad o que genere pérdida de nutrientes por evaporación. Todo lo que afecte a una rápida germinación y emergencia del cultivo aumenta las probabilidades de sufrir el ataque de plagas y enfermedades fúngicas.

En siembra directa, en un suelo compactado, predominan las raíces superficiales, mientras que en un suelo no densificado se destaca mayor profundidad de las mismas. Cuando el cultivo que se establece es sensible a la compactación, estas diferencias se magnifican, dándose lugar a deformaciones de raíces y menor desarrollo de la planta. Varios estudios demostraron que suelos con déficit hídrico o compactación generaron mermas de rinde y longitud de la raíz principal en el girasol. Para este cultivo, todo lo que reduzca el desarrollo de su raíz va a impactar en los parámetros aéreos, además de otros problemas que podemos sufrir como vuelco de las plantas próximas a la cosecha.

Debemos mencionar que en siembra directa, debido a la cobertura que fomentamos, tendremos el suelo más frío que si ese mismo potrero estuviese arado. Esta menor temperatura edáfica también afecta el crecimiento de la raíz del girasol, ya que el mismo es particularmente sensible a bajos registros térmicos hasta que expande la segunda hoja, con muy lento crecimiento a temperaturas menores de 10º centígrados. Por lo tanto, si a este problema de la temperatura le sumamos un suelo compactado, es muy difícil ser exitoso al establecer girasol bajo siembra directa. Mucha superficie de girasol se siembra luego de un verdeo de invierno. Hay que decir que es la peor condición que podemos elegir, porque se parte de un suelo con menor humedad que sí viene de barbecho (aunque particularmente este año este punto no sería un problema) y, además, pisoteado, efecto que tendremos magnificado en esta zafra por la condición del suelo húmedo en superficie durante todo el invierno. Las posibles soluciones para este tipo de problema son dos:

1. Establecer en ese potrero una especie con menos sensibilidad a la compactación (por ejemplo: soja o maíz), lo que implica cambiar la matriz de rotación.
2. Utilizar el sistema de fertilización profunda, el cual consiste en descompactar la línea de siembra con una reja que profundiza hasta 20 centímetros, pudiendo incluso fertilizar sin alterar la cobertura en superficie.

Además de poder descompactar, el sistema de fertilización profunda permite colocar los fertilizantes por debajo de la capa orgánica “mulch” (cobertura vegetal muerta), lo que evita la inmovilización de nutrientes por parte de las bacterias para descomponer el rastrojo. Esto hace más eficiente el uso del fertilizante. Asimismo, al estar generalmente más húmedo a esa profundidad, permite una disponibilidad más rápida de los nutrientes. Enterrar más el fertilizante que la semilla disminuye el riesgo de fitotoxicidad, a la vez que permite colocar dosis mayores de nutrientes. Todo esto repercute en una mejor implantación del cultivo de girasol.

Muy resumidamente estas son algunas de las herramientas más generalizadas con las que contamos técnicos y productores para superar problemas de implantación de girasol en siembra directa. Sin duda, el más importante de los escollos es la compactación superficial y subsuperficial, que se extiende aproximadamente hasta los doce centímetros de profundidad, ya que es muy fácil de eliminar con los implementos adecuados anteriormente descriptos. Pero debemos advertir que no se debe confundir suelo seco con suelo duro, porque el suelo seco siempre va a estar duro, pero al humedecerse muy probablemente se ablande a una magnitud tal que no impida el crecimiento de las raíces (2 kilos por centímetro cuadrado de presión, como máxima resistencia a la penetración para no entorpecer la exploración radicular).

(*) Ingeniero agrónomo - (MP: 607 CIALP) Posgrado en Agronegocios y Alimentos - @MARIANOFAVALP

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