México, canta y no llora

(*) Por Martín  Pasqualetto

A unos cuantos quilómetros de nuestro destino puedo observar por la ventanilla del bus, a una señora enarbolando un cartel con la leyenda “Gracias por ayudarnos”. Seguimos avanzando y la situación no era nada esperanzadora, las casas y edificios estaban agrietados cuando no destruidos, decenas y decenas de voluntarios avanzan en diversos sentidos portando sus picos, palas y baldes.

Zacatepec nos recibe con un agradecimiento y con cada brigada iniciamos la exploración para encontrar un lugar que necesiten nuestra ayuda.

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No avanzamos mucho cuando vemos una casa completamente demolida y muchas personas necesitando ayuda para remover escombros, la piel se eriza ante una imagen que petrifica pero que no te detiene cuando la voluntad es mayor.

Desde el frente, la dueña del hogar observa con sus ojos llorosos como lo que costó tanto sacrificio y esfuerzo, hoy es solo un montón de porquería. En su mirada pude ver un enorme gracias, que vale más que nada.

Sin conocer a quienes me rodeaban encontré la manera de organizar una tercera cadena humana para seguir sacando bloques y escombros hacia la calle, ellos no me conocían pero si la idea era buena todos cooperaban al cien, el trabajo era incesante, una verdadera cadena de producción que no paraba en ningún momento. Ves las frentes sudadas, el agobiante calor, y las ganas interminables de salir adelante.

En un abrir y cerrar de ojos, de los escombros pasás a dirigir el transito, porque así lo requiere la situación.

Un auto estaciona, y se nos acerca a los 40 o 50 que estábamos ahí a preguntar si necesitábamos comida, abre su baúl y empiezan a preparar tacos para todos. Las personas mayores nos ofrecen su hogar y su silla a la sombra para que descansemos. Estudiantes de medicina de Guanajuato nos toman la presión y nos dejan medicamentos mientras más y más mexicanos nos acercan sandwiches, tortas, agua fresca y gaseosa.

Decenas y decenas de autos circulan con pancartas que anunciaban "Mexico de Pie", "Apoyo Mexico".

Una escarapela celeste y blanca permitió identificarme como argentino y hacerle saber que nosotros también estamos con ustedes, en tanto que uno lo advierte y grita “Che boludooooo!” y las carcajadas no se dejan esperar entre tanto desastre, porque así son ellos, en su peor momento no pierden la alegría, dejan su corazón, que es de los corazones más solidarios y grandes que voy a poder conocer en mi vida.

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Jamás me había tocado estar en una situación tan caótica como esta, jamás imaginé tampoco que podría estarlo, pero si de algo estoy seguro, es que aprendí, aprendí y mucho de mis hermanos mexicanos, aprendí su solidaridad, aprendí de su hermandad y su compañerismo, aprendí a cantar y no llorar.

En mis últimos minutos antes de partir una familia en la vereda me invito a pasar a su hogar para comer y beber algo, todas sus pertenencias se encontraban en el medio de cada habitación, su casa estaba al borde del colapso, y aun así fueron hospitalarios, fueron hermosas personas que por mas que perdieron todo, aun tenían un poquito más para dar. Ahí deje mi escarapela, de mano en mano, llena de tierra y transpiración a la persona que me enseñó que siempre hay un poco más para dar.
Espero la conserve por mucho tiempo, este es mi mensaje para todos ellos y el pueblo mexicano, no están solos, Argentina esta con ustedes.

Caminamos para irnos, otro cartel nos despide dándonos las gracias, la gente nos saluda y agradece aun más. Más personas se detienen para darnos agua y comidas, en autos motos o bicicletas, todos salen a repartir lo que les queda, para que todos los voluntarios puedan comer bien.

Hoy estoy marcado a fuego, hoy estoy listo para más, y mejoré como persona. Las emociones no tardan en llegar, pero la fortaleza que me llevó de esta gente es infinita.

(*) Estudiante de la UNLPam de intercambio en universidades de México. Se sumó a los trabajos de remoción de escombros y asistencia a las víctimas en el estado de Morelos junto a otros estudiantes pampeanos, Lara Gamero, Aixa Toffoni y Virgina Crespo.