Escultura: Inauguración y premios

El sábado, a las 19:30 horas, en el Centro Cultural MEDASUR (Av. Belgrano Sur 180) de Santa Rosa, se inauguró el Salón de Artes Visuales de la Provincia de La Pampa - Sección Escultura.

El jurado, integrado por Alfredo María Williams, Mónica Canzio y Pablo Dompé, estableció: el Primer Premio “Secretaría de Cultura de la provincia de La Pampa (adquisición)” a Mario Alfredo Díaz Álvarez por su escultura “Noche sin calma”; el Segundo Premio (adquisición) a María Gabriela López, por “Mariposa de agosto”; el Tercer Premio (adquisición), a José María Araolaza, por “Iskey Purajúma Amáru”; el Premio “Mejor obra de autor pampeano (adquisición)” a Diago Gómez, por “Cortejo”, y Mención Especial a Damián Sondereguer por “Matriz” (homenaje a pueblos originarios).

Fue la 9º edición de la Convocatoria Nacional 2017.

Para Miguel de la Cruz, poeta, escritor y trabajador del Museo Provincial de Artes, “en los últimos Salones, han prevalecido -o por lo menos aumentado- las esculturas figurativas”, evidente en esta oportunidad, a través de los tres primeros premios, “con dos menciones abstractizantes -una geométrica, la otra orgánica-”.
Para de la Cruz, “en el total de las 12 obras, los materiales tradicionales -madera, granito, hierro- están más presentes que en otros años”.

Las obras

“Noche sin calma”, de Díaz Álvarez, es una obra realizada con poliéster policromado, “un material actual que responde a una estética contemporánea y a una cultura que urbaniza hasta los lugares más apartados de los centros cosmopólitas”. Según de la cruz, “la imagen hace pensar en un autorretrato (...). Un hombre de cara extrañada, casi que sonríe distraídamente, parece buscar un indicio climático en el cielo nocturno, y no por nada: lleva el cuerpo dividido por un charco de signos que indican catástrofe, devastación, a través de estacas, islotes de piedra, hojas a la deriva, ramas amputadas, manos en rezo; y todo esto sin reflejos, como en un mapa”.
“Mariposa de agosto”, de Lopéz, descubre al escritor, “el gesto de estar por desplegarse” como “expresión de la figura”.

“Una niña insinúa a una mariposa que vacila, en un recogimiento propio del que recién se despierta, como si hubiera estado hibernando. La sensación es de viento frío. Las alas son pétalos que les cuestan abrirse, como les pasa a las flores en el mes de agosto”, describe el poeta.

“El Tercer Premio se acerca al mimetismo: no sabemos si las serpientes se enroscan del todo en la piedra, o si la piedra las está asimilando. Hay una fuerza ambigua que se expresa con la firmeza de un nudo estrangulador o de una cópula sigilosa”.

Respecto de la obra de Diego Gómez, dice de la Cruz: “El hierro ondula en cinturones que se contornean hasta derivar en unas formas de trompetas florales. No se sabe si el material es puesto a prueba en sus curvaturas para disimularlo y plasmar una imagen ajena a su condición utilitaria; o si, por el contrario, solo pretende ser un fragmento rescatado de las profundidades más densas y residuales”.

Finalmente, dirá sobre la obra de Sondereguer: “El cubo vacío de la base -ese esquema primordial de la Mención Especial del Jurado- se duplica encima, transfigurado en una geometría que genera curvas radiales, con rayos rectos que al rasgueo vibran entre el arpa y el xilofón”.

“El resto de las obras resuenan con las premiadas como en un relato, coincidiendo en materiales, ritmos, tensiones, planos y figuras. Al ser pocas, y en algunos casos afines, no nos cuesta imaginarlas en una situación teatral: personajes (las figurativas) que se encuentran entre objetos de una escenografía (las abstractas) para representar una sola escena”.

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