Opinion

La posibilidad de otro futuro y un rejunte con espíritu anti

Los gobernadores Kicillof y Ziliotto firmaron convenios de cooperación
Los gobernadores Kicillof y Ziliotto, firmaron convenios de cooperación.
Los gobernadores Kicillof y Ziliotto se plantaron ante la avanzada del Gobierno nacional y diseñan en conjunto herramientas asentadas en un federalismo real; la oposición pampeana se reúne con el objetivo de ganar, aunque esa misma estrategia ya deja entrever las dificultades para levantar un proyecto común.

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EL DIARIO digital

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Una de cal…

Los gobernadores de Buenos Aires y de La Pampa mostraron esta semana que existe la posibilidad de construir consensos políticos que nazcan desde la gestión y, sobre todo, desde la necesidad de dar respuestas a los problemas concretos de la comunidad.

Axel Kicillof y Sergio Ziliotto lo hicieron en un contexto en el que resulta imposible no denunciar los abusos y las consecuencias del modelo que lleva adelante el Gobierno nacional, aunque también dejaron planteado que esa denuncia, por sí sola, no alcanza para construir una alternativa capaz de devolver la esperanza de que otro futuro es posible.

Los dos mandatarios firmaron convenios en distintas áreas, ratificaron acuerdos que ya venían funcionando en la práctica y pusieron en marcha nuevas herramientas de cooperación entre ambas provincias. También incorporaron a ese entramado a los respectivos bancos públicos, con la intención de ampliar las posibilidades de financiamiento y acompañamiento a sectores productivos y sociales que sufren las consecuencias de una economía nacional cada vez más hostil.

La cumbre tuvo, además, un volumen político notable. No se trató solamente de una reunión burocrática: la presencia de los gabinetes completos de ambas jurisdicciones, los elogios mutuos y la puesta en escena de una agenda compartida convirtieron al encuentro en una señal que excedió ampliamente la firma de convenios administrativos.

Sin discursos incendiarios ni necesidad de sobreactuar diferencias, Kicillof y Ziliotto dejaron en claro que el modelo libertario resulta incompatible con la idea de un país verdaderamente federal, capaz de garantizar niveles básicos de justicia social, inclusión y desarrollo equilibrado.

Frente a un Gobierno nacional que concentra recursos, abandona obligaciones y convierte al ajuste en una política permanente, ambos mandatarios mostraron otra lógica posible: la cooperación entre Estados provinciales para intentar resolver problemas que la Nación directamente decidió ignorar.

En ese sentido, los dos gobernadores parecieron colocarse un paso más allá de las sistemáticas internas que sacuden al peronismo, tanto en el plano nacional como dentro de sus propios territorios. Esas disputas existen, forman parte de cualquier organización política y difícilmente desaparezcan. Pero quienes pretenden ofrecer una alternativa al proyecto de Javier Milei tienen una responsabilidad más grande que ganar una interna o acomodar nombres en una lista.

Los sectores políticos y sociales que se paran en la vereda de enfrente del libertarismo están obligados a elaborar un proyecto que no se limite a demostrar su oposición a lo existente. Necesitan construir una propuesta capaz de explicar qué país quieren, cómo pretenden gobernarlo y cuáles son los instrumentos para hacerlo posible.

La reunión entre Kicillof y Ziliotto no resuelve esa deuda. Pero al menos mostró un camino: empezar por gestionar, cooperar y dar respuestas concretas. Un proyecto político con vocación de futuro necesita denunciar lo que destruye, pero también demostrar qué es capaz de construir en su lugar.

…y una de arena…

A contramano de una lógica de unidad basada en cierta coherencia política o en una idea central de construcción, en La Pampa empieza a tomar forma, poco a poco y paso a paso, un rejunte de sectores opositores cuyo principal punto de encuentro parece ser su espíritu anti.

La Convención de la UCR lo dejó en claro, sin demasiadas medias tintas: parece que vale todo con tal de desalojar del Gobierno provincial al peronismo, algo que nunca ocurrió desde el regreso de la democracia.

Para alcanzar ese objetivo, y pese a las resistencias internas que todavía sobreviven, el centenario partido se encamina hacia un acuerdo en el que no parece haber aprendido demasiado de la experiencia nacional que lo condenó durante años a ser furgón de cola de la derecha.

La nueva fórmula posible incluye al PRO, a La Libertad Avanza e incluso al tiernismo representado por Comunidad Organizada, que hasta no hace demasiado tiempo no era solamente un adversario político histórico, sino que aparecía para buena parte del radicalismo como una especie de límite moral y ético.

Amontonados todos dentro de un mismo rejunte antiperonista, si finalmente la alianza logra concretarse, lo primero que deberían explicar sus protagonistas es qué proyecto común podría sostener semejante diversidad de miradas sobre el Estado, la economía, la sociedad y el propio ejercicio del poder.

También cómo harían para gobernar si alguna vez les tocara hacerlo, qué mezcolanza armarían dentro de un gabinete y de qué manera administrarían las tensiones entre dirigentes cuyas trayectorias, estilos y personalidades difícilmente puedan convivir sin sobresaltos.

Los dirigentes de la UCR también tendrán que explicar semejante primer plano para referencias políticas que han multiplicado sus fracasos y puesto en riesgo a la población, además de cometer delitos, y que por eso mismo no pueden subirse a una candidatura, en aplicación de la "Ficha Limpia" partidaria.

Una cosa es ponerse de acuerdo para ganar una elección y otra bastante distinta es construir un gobierno. Cuando el único cemento visible de una alianza es terminar con el adversario de turno, el interrogante sobre qué viene después deja de ser una cuestión interna de los partidos para convertirse en un asunto de interés para toda la ciudadanía.

Los partidos políticos de la democracia tienen, desde ya, todo el derecho a definir sus propios caminos, modificar sus estrategias e incluso contradecirse cuantas veces consideren necesario. Pero la propia trama de un amontonamiento que parece nacer esencialmente para ser "anti", sin que todavía aparezca con claridad cuál es la construcción que propone, contiene un riesgo evidente para la sociedad a la que pretende representar.

En ese recorrido, además, la UCR pampeana decidió de manera formal e institucional pasar por encima de muchas de sus propias palabras, desprenderse de algunos de los mejores rasgos de su identidad y mandar al tacho unas cuantas verdades históricas que contribuyeron a convertirla en uno de los grandes partidos populares de la Argentina y de La Pampa.

El problema no es que diferentes se junten. La democracia está llena de acuerdos entre sectores distintos y muchas veces los necesita. El problema aparece cuando la explicación de esa unidad empieza y termina en estar en contra de otro. Porque para ganar puede alcanzar con ser anti. Para gobernar, tarde o temprano, hay que saber qué se quiere construir.

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