Opinion

La fiesta de un barrio y un acuerdo a mitad de camino

Di NÃpoli indisimuladamente en campaña hace hincapié en los barrios
Di Nápoli, indisimuladamente en campaña, hace hincapié en los barrios.
Villa Parque se celebró a sí misma, en una jornada que resarció parte de una extendida injusticia social; la paritaria estatal no alcanzó a conformar a toda la representación del sector trabajador, en un contexto de angustia social y crisis económica.

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EL DIARIO digital

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Una de cal...

Villa Parque vivió este domingo una fiesta barrial como pocas veces se recuerde, a partir de la decisión de la Municipalidad de Santa Rosa de darle alta visibilidad al encuentro en el que inauguró obras y, especialmente, el asfalto de 36 cuadras y la remodelación de la plaza del lugar, reconvertida ahora en un espacio público amigable, que invita al encuentro y a disfrutarlo.

La movida, que muestra a la gestión del intendente Luciano di Nápoli ya indisimuladamente en campaña política y con la Gobernación en la mira, representa también una demorada reparación para una zona de la capital provincial que durante décadas fue víctima de una injusticia social que la condenó a la postergación y al olvido.

Villa Parque es una barriada histórica, poblada mayoritariamente por familias trabajadoras, muchas de ellas habitantes de Santa Rosa desde hace décadas, y que sin embargo quedaron durante demasiado tiempo al margen del derrame de los beneficios de la obra pública.

Un barrio que no conocía las calles de asfalto puede acceder por fin a ese alivio. No merced a una dádiva de "Copete" y su gestión, sino al esfuerzo de la comunidad en su conjunto, que durante años financió obras y mejoras que muchas veces llegaron primero a sectores más acomodados de la ciudad, donde viven familias con mayores recursos, o directamente al microcentro, ese espacio que suele recibir atención prioritaria porque es el que mejor sirve para mostrar una ciudad maquillada y prolija hacia afuera.

Por momentos, Di Nápoli ha sido cuestionado justamente por las grandes inversiones destinadas a zonas que permiten exhibir la "buena imagen" de Santa Rosa. Pero también es cierto que en los últimos tiempos su gestión hizo apuestas fuertes y saludables en otros espacios que no forman parte de esa vidriera: los barrios José Regazzoli y Villa Germinal, los barrios populares Micaela García y El Amanecer, además de Villa Alonso, Villa Santillán y Empleados de Comercio, entre otros.

Lo ocurrido ahora en Villa Parque demuestra que es posible gobernar mirando algo más que los sectores donde la capital necesita "venderse" como tal, o emprolijar los lugares de recorrida protocolar, o embellecer aquello que está a la vista de quien llega de visita.

También se pueden atender las necesidades cotidianas de quienes viven en territorios que quizá nunca sean parte del circuito turístico ni de la postal oficial, pero que para miles de santarroseños son algo bastante más importante: el lugar donde está su hogar.

...y una de arena...

La paritaria estatal provincial dejó un gusto agridulce porque no todos los gremios involucrados aceptaron el acuerdo propuesto por el Gobierno provincial, pese a que la oferta aparece como una excepción en el escenario nacional.

El incremento salarial garantizado supera el índice de inflación oficial, aun cuando ese indicador arrastra cuestionamientos, sospechas y una creciente desconfianza social.

El acuerdo quedó, de algún modo, a mitad de camino y dejó a las representaciones del sector trabajador en distintas veredas, o al menos ubicadas dentro de una variada gama de grises. Algunos gremios dieron un rápido sí a la primera propuesta, mientras otros ni siquiera aceptaron el entendimiento después de varias reuniones en las que la oferta inicial fue mejorada.

La realidad es que este tiempo de angustias e incertidumbres alimenta el malestar y el resentimiento, y el día a día encuentra a los sectores populares sorteando tantos obstáculos que resulta difícil conformarse con cualquier propuesta de mejora. Porque casi nada alcanza para cambiar de manera sustancial una realidad deteriorada ni para mejorar de verdad la calidad de vida.

Así aparecen las diferencias. Mientras algún sindicato calificó la oferta provincial como "miserable", desde otro sector gremial respondieron que "no se puede vivir en un tupper". No es posible analizar la negociación salarial sin mirar lo que ocurre alrededor: provincias que reproducen fronteras adentro el ajuste nacional y un Gobierno de Javier Milei que desde el inicio dejó en claro su intención de "fundir a las provincias".

El fondo de la cuestión es que la pelea del sector trabajador en las mesas paritarias, por necesarias que sean, nunca será suficiente mientras las políticas públicas centrales tengan como horizonte el achique permanente o, directamente, la destrucción del Estado desde adentro.

Esa crueldad convertida en programa de gobierno difícilmente pueda ser resistida apenas desde pequeñas trincheras de discusión salarial y laboral.

En lenguaje popular, la verdadera hora de los bifes se jugará en las próximas elecciones, cuando lo que esté en disputa ya no sea solamente un porcentaje de aumento o una suma fija, sino algo bastante más profundo: qué sociedad se pretende construir, cuáles son los sueños colectivos que todavía se sostienen y qué destino se imagina para la patria.

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