Opinion

Un paso adelante en Salud Pública y la crueldad del nuevo Capitán Frío

El nuevo Centro Radio Oncológico ya opera en toda su plenitud
El nuevo Centro Radio Oncológico ya opera en toda su plenitud.
La inauguración del nuevo Centro Regional de Radio Oncología es un antes y un después para la provincia, después de una larga espera para que ese sueño fuera realidad. Desde la vocería presidencial, el representante que La Pampa había elegido en el Congreso Nacional, desnudó su crueldad en el mismísimo debut.

Escuchá esta nota

EL DIARIO digital

minutos

Una de cal…

La inauguración del Centro Regional Radio Oncológico marca un antes y un después para la salud pública de La Pampa. No es una frase de ocasión ni una exageración propia de los actos oficiales. Es, en todo caso, la síntesis más precisa para dimensionar una obra sanitaria que la provincia esperó durante demasiado tiempo.

Así lo redondeó el ministro de Salud, Rubén Kohan, visiblemente emocionado durante la ceremonia encabezada por el gobernador Sergio Ziliotto. La escena tuvo el peso de los proyectos largamente demorados: hubo corte de cintas, discursos y celebración, pero también la conciencia de que ese sueño llevó más de lo deseado. Más, incluso, de lo que puede concebirse como lógico.

Pasó más de una década desde que se planteó la certeza de su existencia. La historia incluyó anuncios, demoras, cambios de destino, trámites técnicos, habilitaciones complejas y una espera que se hizo extensa para una provincia que necesitaba contar con una prestación de estas características dentro de su propio sistema sanitario.

Ahora, finalmente, el Centro comienza a ocupar el lugar para el que fue pensado: brindar tratamientos de radioterapia a pacientes oncológicos en La Pampa, con equipamiento de alta complejidad y tecnología de última generación. Su puesta en marcha permitirá evitar derivaciones sistemáticas a otras provincias, reducir traslados, aliviar gastos, disminuir el desarraigo y acompañar de otra manera a quienes atraviesan una enfermedad especialmente dura.

Ese impacto no se mide solo en términos médicos. También se mide en calidad de vida. Un tratamiento oncológico no afecta únicamente el cuerpo de una persona: altera rutinas familiares, economías domésticas, vínculos, estados de ánimo y proyectos cotidianos. Poder realizarlo cerca del hogar, dentro de la provincia y con contención del sistema público, implica una mejora concreta para pacientes y familias.

El Centro, además, fortalece la red sanitaria provincial y proyecta beneficios para la región. En un área tan sensible como la oncología, contar con infraestructura propia, equipos especializados y capacidad de respuesta local no es un detalle administrativo: es una política pública de alto impacto humano.

Pero la puesta en foco de la problemática del cáncer también obliga a mirar las cuentas pendientes. El propio Kohan reconoció la necesidad de actualizar el registro de tumores y su publicación. Ese punto merece ser subrayado, porque la información sanitaria no es un complemento sino un insumo clave para planificar, prevenir, investigar, asignar recursos y sostener políticas públicas serias.

También es una herramienta de transparencia. Una comunidad mejor informada puede discutir con más responsabilidad, prevenir sin caer en alarmas innecesarias y exigir respuestas sobre bases concretas. En temas sensibles, los datos actualizados no solo ordenan la gestión: también ayudan a construir confianza pública.

..y una de arena

Como si dentro del Gobierno nacional libertario hubiera una competencia permanente para ver quién puede ser más cruel, el flamante vocero presidencial debutó con una inusitada cuota de cinismo e insensibilidad.

Adrián Ravier eligió su primera aparición pública para dejar una definición brutal. En medio de una ola polar, mandó a abrigarse a las familias que no pueden pagar el gas y se jactó de haber triplicado las tarifas, sin tomar en cuenta las consecuencias concretas que esas decisiones tienen sobre la vida de las personas que habitan el país.

No habló desde la intemperie. Habló desde el confort del poder. Desde ese lugar que le llenó el bolsillo durante años: primero como docente, después como diputado nacional y ahora como vocero presidencial. En nombre del ajuste, le pidió sacrificios a quienes ya vienen ajustando comida, remedios, abrigo, servicios y expectativas.

Ravier se puso al descubierto como orgulloso integrante de la nueva casta. Y la cara le dio, al día siguiente, para pedir disculpas en medios de comunicación del establishment, como si fuera una remake berreta de "Juan Domingo Perdón", aquel personaje de Diego Capusotto creado para satirizar a los dirigentes que obran contra sus comunidades y después pretenden arreglarlo todo con una disculpa vacía.

La torpeza comunicacional fue evidente. Pero el problema de fondo no es solo la impericia. Ravier llegó a la Casa Rosada desde La Pampa no por una trayectoria institucional robusta ni por una capacidad política demostrada, sino a partir de su amistad con el presidente Javier Milei. Su desembarco lo mostró, definitivamente, sin dobleces: ya no quedan dudas de qué camiseta tiene puesta, para quién juega este partido y qué intereses defiende.

El representante que La Pampa había elegido en el Congreso Nacional abandonó esa banca para convertirse en voz oficial de un Gobierno que golpea a los sectores populares y después ensaya una mueca de arrepentimiento. Ese desplazamiento también habla de prioridades: la provincia quedó atrás; la lealtad personal al presidente es su norte.

En otro tiempo, semejante tomada de pelo a quienes no llegan a fin de mes tal vez hubiera derivado en alguna forma de justicia social, ese concepto que el libertarismo desprecia con especial entusiasmo. En esta era de paciencia extrema y pasividad al menos transitoria, Ravier tiene suerte: soltó la provocación, pidió perdón sin hacerse cargo y pudo volver sin mayores sobresaltos hasta La Pampa.

Incluso se permitió autoadjudicarse, por lo visto, un feriado largo y aprovechar la ocasión para tejer una operación propagandística en su favor. La foto de su viaje en colectivo fue inflada por las corporaciones mediáticas asociadas al régimen como si se tratara de una hazaña republicana, cuando en realidad fue apenas una puesta en escena más.

La épica del micro, vendida como gesto de austeridad, terminó funcionando como otro capítulo de la fábula oficialista. Una postal cuidadosamente difundida para maquillar el mismo problema de siempre: un dirigente que habla de sacrificios ajenos desde el poder, descarga crueldad sobre quienes más padecen y después pretende posar de ciudadano común.

Otra acción heroica, dirán los propagandistas, del nuevo Capitán Frío. Pero detrás del personaje no hay humor: hay una política que congela ingresos, enfría hogares y naturaliza que quien no pueda pagar, simplemente se arregle como pueda.

También te puede interesar...