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EL DIARIO digital
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Una de cal
La comunidad educativa dio en Santa Rosa una respuesta sensible, inteligente y necesaria frente a la sucesión de amenazas y episodios que, durante las últimas semanas, instalaron una preocupación creciente alrededor de los colegios secundarios.
La convocatoria impulsada por centros de estudiantes y acompañada luego por el Ministerio de Educación provincial, bajo la consigna de "viralizar la Paz", permitió poner en escena una mirada distinta sobre las adolescencias y juventudes, demasiado rápido asociadas al conflicto, la violencia o el riesgo.
La concentración en la Plaza San Martín tuvo un valor político y comunitario que excedió la foto de ocasión. En un contexto en el que la viralización de amenazas agrupadas bajo la expresión "tiroteo" generó alarma en distintas instituciones, el gesto de los propios estudiantes permitió correr el foco.
Las escuelas no son solamente el lugar donde pueden aparecer malas noticias, temores o hechos preocupantes. También son espacios donde se construyen proyectos, vínculos, organización, sensibilidad colectiva y futuro.
Esa presencia juvenil, nutrida y activa, funcionó además como una respuesta tácita a los límites de la reacción estatal frente al problema. Hasta ese momento, el mensaje más visible del Estado provincial había sido de tono punitivista: advertencias sobre la intervención de la Policía y el Poder Judicial ante cualquier referencia a esos episodios.
Esa dimensión puede ser necesaria cuando se trata de cuidar a la comunidad educativa y prevenir hechos graves, pero resulta insuficiente si se la presenta como única respuesta.
Lo que mostraron los centros de estudiantes fue precisamente otra cosa: que frente a situaciones que alteran la convivencia escolar no alcanza con la amenaza de sanción ni con la lógica de la mano dura.
También hace falta escuchar, acompañar, comprender los climas que atraviesan a las juventudes y habilitar respuestas colectivas que no reduzcan a los estudiantes a un problema de seguridad.
La jornada en la plaza dejó una señal clara. Las adolescencias no son apenas destinatarias de controles, sospechas o medidas disciplinarias. También pueden ser protagonistas de una salida comunitaria, capaces de organizarse para decir que la escuela sigue siendo un territorio posible de encuentro, cuidado y esperanza.
Ahí estuvo, acaso, la mejor noticia: en medio del ruido, fueron los propios estudiantes quienes encontraron una forma más humana de responder.
...y una de arena

La exposición del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, ante el Congreso Nacional fue un espectáculo difícil de tolerar para una sociedad que atraviesa privaciones concretas mientras el poder se dedica a montar escenografías de autocelebración, victimización y descaro.
Lo que debía ser un informe de gestión terminó convertido en un festival de frases hechas, sobreactuaciones políticas y respuestas evasivas, con un funcionario judicialmente bajo la lupa sostenido por un oficialismo preocupado por blindarlo que por dar explicaciones.
En ese circo, La Pampa también fue una víctima. Adorni dijo que la Provincia no había iniciado gestiones para recibir Aportes del Tesoro Nacional, pese a que el Gobierno pampeano demostró después la existencia de notas oficiales, planteos formales y encuentros con autoridades nacionales para reclamar asistencia ante distintas coyunturas.
No fue una diferencia de interpretación ni una confusión administrativa menor: fue una afirmación falsa pronunciada en el ámbito institucional más importante del país, frente a legisladores y legisladoras que escuchaban a quien tiene la obligación de informar con precisión sobre la marcha del Gobierno.
La respuesta pampeana dejó al desnudo la maniobra. Hubo pedidos, gestiones y reclamos. También hubo, como viene ocurriendo desde hace tiempo, silencio nacional. La Pampa no pidió privilegios ni favores extraordinarios: reclamó recursos que forman parte de las herramientas disponibles para atender situaciones excepcionales.
La negativa política puede discutirse. La mentira, en cambio, no tiene justificación. Menos todavía cuando se la utiliza para presentar a una provincia como si no hubiera hecho los deberes mínimos para reclamar lo que le corresponde.
El episodio puntual es apenas una muestra de un mecanismo más amplio. El Gobierno nacional pretende administrar la realidad como si fuera una conferencia de prensa permanente: niega lo evidente, invierte responsabilidades, acusa a otros por sus propios incumplimientos y convierte cualquier pedido federal en una molestia para su relato fiscalista. La motosierra no solo recorta fondos; también recorta verdad. Y cuando la verdad incomoda, aparece el show.
Adorni ya no ocupa el lugar del vocero filoso que pretendía repartir sermones morales desde el atril. Su figura quedó atrapada en las mismas prácticas que el oficialismo decía venir a desterrar: opacidad, privilegios, explicaciones insuficientes y una notable capacidad para exigir sacrificios ajenos mientras el poder se protege a sí mismo.
La exposición en el Congreso mostró hasta qué punto se deterioró ese personaje público que buscaba bajar línea sobre ética, transparencia y austeridad. La ciudadanía, que tiene paciencia limitada para las trampas de siempre, empezó a ver detrás del decorado.
Por eso el respaldo cerrado del presidente y de todo el gabinete no pareció una señal de fortaleza, sino de fragilidad. Durante algunas horas, el Gobierno entero quedó subordinado a la defensa de un funcionario cuestionado. En vez de responder con datos, se refugió en la épica del ataque recibido. En vez de aclarar, agitó. En vez de informar, actuó. Y en el medio de esa puesta en escena, volvió a maltratar a las provincias que reclaman por necesidades reales.
La Pampa fue alcanzada por esa lógica de desprecio. Primero se le retacean recursos; después se niega que los haya pedido. Primero se desatienden los planteos formales; después se los borra del relato oficial. La mentira de Adorni no fue un desliz aislado, sino la frutilla del postre de un modo de gobernar que confunde impunidad con carácter, provocación con autoridad y propaganda con gestión.