Opinion

La UNLPam ante una elección sin debate de futuro

Las sombras que se ciernen sobre la UNLPam y una mirada de una elección sin competencia
Las sombras que se ciernen sobre la UNLPam y una mirada de una elección sin competencia.
Una elección sin competencia, según el docente investigador Santiago Ferro Moreno, expone un debate más profundo: la UNLPam enfrenta el desafío de definir si administrará la inercia o construirá una estrategia capaz de proyectar su papel en el desarrollo provincial y el futuro de la educación superior.

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EL DIARIO digital

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(*) Santiago Ferro Moreno

A horas de una elección universitaria marcada por la baja competencia real, conviene correr la discusión de la coyuntura y mirar un poco más hondo. Lo que se pone en juego en la UNLPam no es solo una conducción ni una lista, ni tampoco si resulta aceptable que el Rector, luego de dos mandatos, se postule como Vice, que el cupo de género siga sin ser una realidad o que ambos candidatos provengan de la misma Facultad y de la misma ciudad. Está en discusión qué tipo de universidad pública se está consolidando en un contexto nacional de desfinanciamiento, deterioro salarial y debilitamiento de capacidades científicas, académicas e institucionales. Justamente por eso, la antesala electoral debería servir menos para repetir consignas y más para preguntarse si la universidad está a la altura del momento histórico que atraviesan el país, la provincia y el sistema de educación superior.

La educación superior y el sistema científico tecnológico argentino no atraviesan una simple restricción coyuntural. Están ingresando en una fase de deterioro estructural que compromete recursos, capacidades y horizontes de mediano plazo. En marzo de 2026, los salarios en universidades nacionales acumulan una caída real del 33,7% desde noviembre de 2023, suman diecisiete meses consecutivos de retroceso y deberían incrementarse 50,7% para recuperar el poder adquisitivo del punto de partida. El cuadro se vuelve todavía más grave cuando se lo mira en perspectiva histórica: en la última década los salarios universitarios perdieron 39,6 puntos de poder adquisitivo, cayeron 44% respecto del pico de 2011 y ya se ubican en niveles cercanos a los de 2003, incluso por debajo de 2002. No se está ajustando solo una masa salarial. Se está debilitando la base humana que sostiene la docencia, la investigación, la extensión y la vida institucional del sistema.

Ese deterioro salarial se inscribe, además, en un proceso más amplio de contracción presupuestaria y desinversión pública. De acuerdo con informes recientes, el financiamiento universitario caería 15,7% real en 2026 y acumularía una retracción del 36,4% en el trienio 2023-2026, reduciéndose del 0,718% del PIB en 2023 al 0,431% en 2026. En paralelo, el presupuesto de la Secretaría de Educación se reduciría 52,9% desde 2023 y la función Ciencia y Técnica de la Administración Pública Nacional perdería 50,8% en el mismo período, hasta representar apenas 0,140% del PIB en 2026, muy por debajo del 0,520% previsto por la Ley 27.614. En organismos clave, la magnitud del daño ya resulta difícil de relativizar: CONICET proyecta una caída de 42,2% y la Agencia I+D+i de 85,5%. Una caída simultánea de salarios, presupuesto universitario, presupuesto educativo y financiamiento científico de esta magnitud no solo deteriora el presente. También rompe grupos de trabajo, trayectorias de formación, redes de cooperación, infraestructura, becas, transferencia y capacidad institucional para producir futuro.

La gravedad del cuadro argentino aumenta porque se despliega en un momento en que la educación superior mundial está siendo reconfigurada por transformaciones sociales, tecnológicas, económicas, ambientales y políticas de gran escala. La OCDE viene señalando que estos cambios exigen pensamiento estratégico y capacidad de anticipación, no mera administración rutinaria. En la región, UNESCO IESALC ya está discutiendo microcredenciales, nuevos formatos de aprendizaje y marcos comunes para trayectorias más flexibles y continuas. Vista desde esa perspectiva, la crisis argentina no solo recorta recursos. También amenaza con dejar a sus universidades y a su sistema de educación superior, ciencia, tecnología e innovación desfasados respecto de transformaciones que ya están redefiniendo cómo se forma, cómo se investiga y cómo se aporta al desarrollo de los territorios y de las personas.

En La Pampa este cuadro nacional adquiere una densidad particular. Se trata de una provincia con baja escala poblacional, dispersión territorial y exigencias específicas para el acceso a bienes públicos complejos, entre ellos la educación superior. En ese contexto, la discusión universitaria no puede reducirse a oferta de carreras ni a administración del presente. Requiere pensar cómo se distribuyen oportunidades de formación, actualización, investigación, innovación y movilidad social en un territorio extenso, heterogéneo y con demandas productivas, sociales e institucionales cada vez más complejas. La universidad pública, en una provincia como la nuestra, no solo forma profesionales. También estructura capacidades para que el territorio no quede rezagado frente a cambios tecnológicos, demográficos y económicos que ya están en marcha.

La UNLPam ocupa un lugar central porque ya dispone de herramientas que le permitirían pensarse con mucha mayor profundidad estratégica. Cuenta con base empírica para discutir trayectorias, desempeño y expansión con evidencia y no solo con impresiones, proyectos personalizados o ritmos políticos de corto plazo. Un ejemplo claro es el programa La UNLPam en el Territorio. Más allá de su valor como iniciativa de expansión, no parece haber consolidado todavía, con la fuerza esperada, impactos académicos, científicos y de extensión proporcionales a los recursos y esfuerzos movilizados. Los datos existen, pero no siempre parecen estar siendo utilizados con la profundidad necesaria para administrar mejor recursos y capacidades claramente escasos.

Una pregunta importante para la UNLPam, si realmente busca sostener y potenciar su funcionamiento en un contexto crítico, es qué tipo de institución quiere ser para una provincia que necesita anticipación, territorialidad real y más articulación entre educación, ciencia, tecnología y desarrollo. La universidad ya tiene datos, presencia y capacidades instaladas. Lo que está en discusión es si logra convertir esos activos en una estrategia más ambiciosa para acompañar trayectorias estudiantiles diversas, responder a nuevas demandas socioproductivas, incorporar inteligentemente tecnologías emergentes y fortalecer su aporte real al desarrollo de La Pampa y de las personas que la habitan. Allí aparece el verdadero desafío: ante el deterioro nacional y la pérdida de capacidades institucionales, impedir que la concentración del poder, los proyectos personales y la lógica endogámica la empujen a administrar inercias, justo cuando el momento exige inteligencia estratégica, mejores prioridades y capacidad de proyectar futuro.

En ese punto, la discusión interna deja de ser secundaria. No por una cuestión de reparto de cargos en un escenario de baja competencia real, sino porque la calidad de la vida institucional condiciona de manera directa la capacidad de la universidad para leer el contexto, priorizar, corregir y proyectar. A eso se suma una lógica de marketing político que también conviene interpelar. En un contexto real de desfinanciamiento y hostilidad nacional hacia las universidades, apropiarse de la consigna de "defensa de la universidad pública" puede servir para ordenar oficialismos y blindar continuidades. Pero también instala una simplificación peligrosa: que quienes formulan críticas, señalan debilidades o proponen otras miradas quedarían, por contraste, del lado de quienes no defienden la universidad. Esa apropiación es tan eficaz como empobrecedora. Porque confunde defensa institucional con alineamiento político y transforma una causa colectiva en una marca partidaria.

En la víspera de esta elección, lo relevante no es quién gana, porque eso ya está dado, sino qué universidad se consolida detrás de esa continuidad y qué horizonte institucional empieza a configurarse. En un contexto nacional de deterioro presupuestario, salarial e institucional, la UNLPam necesita más construcción colectiva real, mayor calidad institucional, inteligencia estratégica y capacidad de anticiparse a cambios que ya están redefiniendo la educación superior, la ciencia, la tecnología y el desarrollo territorial. La Pampa necesita una universidad pública que no se repliegue sobre sí misma, sino que proyecte mejor sus capacidades, se abra a discusiones más exigentes y asuma con seriedad y no con marketing político su papel en el futuro de las personas y del territorio.

(*) Docente-investigador UNLPam; Doctor en Ciencias Económicas; Licenciado en Administración de Negocios Agropecuarios.

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