Opinion

La celebración universitaria y otra careta libertaria que se cae

El rector electo de la UNLPam Francisco Marull
El rector electo de la UNLPam, Francisco Marull.
Las elecciones en la UNLPam tuvieron una muy alta participación y dejaron como ejemplo la construcción de una unidad que estableció asuntos principales y desechó tensiones secundarias; el docente Adrián Ravier se suma a los dirigentes libertarios que tienen problemas para hacer coincidir su discurso con los hechos.

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EL DIARIO digital

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Una de cal…

La Universidad Nacional de La Pampa vivió en la semana que se fue una jornada de celebración política e institucional que excede largamente la formalidad de una elección.

La consagración de autoridades surgidas de una lista de unidad no fue apenas la resolución previsible de un trámite electoral: fue, sobre todo, la expresión de una comunidad que entendió el tamaño de la amenaza y decidió responder con inteligencia, con debate y con una síntesis colectiva frente a la motosierra que castiga a la educación pública.

Es verdad que la elección estaba cantada. No había competencia real para el Rectorado ni para las facultades principales, y el consenso ya había ordenado el escenario antes de que se abrieran las urnas. Pero reducir lo ocurrido a esa apariencia sería una lectura mezquina.

También hubo un alerta que salió de las urnas: un importante voto en blanco marcó descontento. 

Como sea, la unidad no cayó del cielo ni nació por generación espontánea: fue el resultado de discusiones, de tironeos, de diferencias de enfoque y también de la comprensión de que, ante una agresión tan profunda, la fragmentación era un lujo que la universidad pública no podía permitirse.

La foto que dejó la elección es potente. En tiempos en que el oficialismo nacional apuesta a romper, enfrentar, aislar y disciplinar, la UNLPam ofreció una respuesta exactamente inversa: articular, acordar, sostener y defender. No es poca cosa.

Menos todavía cuando esa defensa no se hace en abstracto, ni desde un discurso nostálgico, sino frente a un ajuste concreto, palpable y dañino, que se traduce en salarios deteriorados, becas en riesgo, asfixia presupuestaria y una incertidumbre permanente sobre el funcionamiento del sistema universitario.

El propio CIN advirtió en estos días una caída real de las transferencias a las universidades públicas desde 2023, en un cuadro que combina deterioro presupuestario y crisis salarial.

Más relevante todavía es que esa unidad se construyó con una bandera clara: la exigencia de que se cumpla la ley de financiamiento universitario y se frene una política de ajuste que ya no puede maquillarse como reordenamiento ni presentarse como sacrificio transitorio.

La legislación fue sancionada por el Congreso y el Poder Judicial, además, ya ordenó su aplicación inmediata. Sin embargo, el Poder Ejecutivo insiste en resistirse. Ahí está la verdadera dimensión del problema: no solo se ajusta, sino que se lo hace incluso contra una legalidad ya ratificada.

En ese contexto, la elección que consagra a Francisco Marull abre una nueva etapa. Tendrá por delante el desafío nada menor de construir una identidad propia de gestión, con el peso todavía fresco de la gravitación que Oscar Alpa supo reunir en la universidad y en el sistema universitario nacional. Pero esa transición también puede ser una oportunidad: la de demostrar que la continuidad en la defensa de principios no impide renovar estilos, liderazgos ni modos de conducción.

Lo más valioso queda a la vista: la certeza de que frente a una ofensiva brutal, ilegal y antidemocrática contra la educación pública, la unidad sigue siendo una herramienta eficaz. La UNLPam dio esa señal y se anota, en ese sentido, un triunfo que vale como ejemplo para otros ámbitos de la vida pública, en La Pampa y más allá, donde todavía cuesta entender que ante la motosierra no alcanza con la queja dispersa: hace falta comunidad, convicción y una respuesta común.

…y una de arena…

En la misma semana en que la Universidad Nacional de La Pampa dejó una señal de madurez política al ordenar una lista de unidad para defenderse del ajuste, otra escena expuso, una vez más, la facilidad con que el discurso libertario se desarma cuando se lo contrasta con los hechos.

El protagonista fue Adrián Ravier, diputado nacional, presidente de La Libertad Avanza en la provincia y figura que pretende encarnar una supuesta cruzada contra los privilegios, el gasto público y eso que su espacio bautizó con entusiasmo como "la casta".

El que lo puso en el centro de la escena fue Abelardo Ferrán. El diputado peronista, además exdecano de la Facultad de Ciencias Veterinarias, reveló que Ravier retiene tres cargos simples en la UNLPam mientras, al mismo tiempo, ocupa una banca en el Congreso Nacional.

La pregunta que instaló Ferrán tiene la contundencia de lo obvio: ¿cómo hace para cumplir con esa carga docente diaria si su función principal, y la que le paga la representación política, está en Buenos Aires?

No se trata solo de un tecnicismo administrativo ni de una discusión menor sobre incompatibilidades. Lo que queda a la vista es una lógica bastante conocida: dirigentes que llegaron prometiendo combatir privilegios terminan acomodándose con llamativa naturalidad a las ventajas del sistema que denunciaban.

En escala menor o mayor, según cada caso, la escena se repite demasiado. Los que venían a dinamitar la casta se van pareciendo cada vez más a eso mismo que señalaban con el dedo, solo que con tono más gritón, más marketing y menos pudor.

Ravier, además, no es un outsider aislado ni una figura suelta. Su recorrido político se enlaza con la Fundación Faro, el think tank libertario encabezado por Agustín Laje, donde ocupó un rol académico antes de desembarcar en el Congreso, y desde donde se formó parte de la usina doctrinaria y política del mileísmo.

Pero el problema no termina en esa contradicción. También empieza a quedar cada vez más claro cuál es el tipo de representación que ejerce en nombre de La Pampa. Su paso por la Cámara de Diputados ha sido, hasta acá, bastante elocuente: lejos de defender intereses provinciales o de plantarse ante medidas que dañan a la provincia, aparece más bien alineado como un soldado obediente y levantamanos del Presidente. Es decir, exactamente lo contrario de lo que necesitaría La Pampa en un tiempo de recortes, motosierra y disciplinamiento político.

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