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EL DIARIO digital
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Una de cal
La Pampa se las rebuscó en un panorama oscuro para presentar, en el tramo final del año, algunas buenas noticias que resultaron difíciles de encontrar en una etapa especialmente adversa.
El 2025 estuvo cargado de malas nuevas para los sectores populares, trabajadores, productivos y para amplios grupos vulnerados por un contexto económico y social cada vez más áspero.
Como ocurre en cada cierre anual, el ejercicio del balance aparece casi como una obligación, aunque pocas veces como en este año la balanza se inclinó con tanta claridad hacia los aspectos que empujan al pesimismo.
Aun así, sobre el filo del calendario surgieron algunos elementos destacables. Uno de ellos fue el acuerdo alcanzado, con intervención de la Corte Suprema de Justicia, para que el Estado nacional comience a devolver parte de los recursos que le fueron retenidos a la provincia durante un largo período.
Sin sobreactuar el alcance de la novedad, se trata de un hecho institucional relevante, que reconoce un reclamo sostenido en el tiempo y abre una expectativa concreta en medio de un escenario de restricciones financieras.
El Gobierno pampeano también eligió cerrar el año destacando logros de distintas áreas de gestión, difundidos a través de la Agencia Provincial de Noticias. Entre ellos, con dato coyuntural concreto, se subrayó el crecimiento de la apuesta a las energías renovables, una política de largo aliento que, aun en tiempos de ajuste, busca sostener una perspectiva de desarrollo y diversificación productiva.
En ese mismo clima de balances, los municipios más importantes de la provincia optaron por mirar el medio vaso lleno. En Santa Rosa, la inauguración de la renovada pileta del Centro Recreativo Don Tomás, encabezada por el intendente Luciano di Nápoli, se transformó en una verdadera fiesta comunitaria, con una masiva participación ciudadana que recuperó la idea de encuentro y disfrute colectivo en medio de una etapa marcada por la incertidumbre y la desesperanza.
En el norte provincial, la intendenta Fernanda Alonso también apostó a cerrar el año con señales positivas, al poner en valor resultados de gestión que mostraron equilibrio financiero, desendeudamiento y continuidad de la obra pública. Datos que, sin desconocer las dificultades generales, permitieron construir un mensaje de orden y previsibilidad en un contexto complejo.
y una de arena
De más está decir que esos aspectos relativamente saludables de la realidad pampeana contrastan con otros episodios y procesos que también atravesaron a la provincia y que dejaron una huella profunda de dolor y de tristeza.
El fin de año quedó marcado por las muertes sorpresivas de dos reconocidas artistas populares, vinculadas a un caso confirmado de botulismo, un hecho que generó conmoción y angustia en amplios sectores de la comunidad.
Al sentimiento humano por la pérdida de esas vidas se suma una necesaria mirada crítica sobre cuestiones políticas, administrativas y burocráticas que dejaron al descubierto que distintos actores de la cadena no estuvieron a la altura de las circunstancias.
El comercio "Juli-Mar", que elaboró y vendió los escabeches en los que apareció la toxina, aparece en el primer plano de las responsabilidades: quedó comprobado que no contaba con autorización para producir ese tipo de alimentos. La complejidad del contexto económico puede ayudar a explicar la expansión de actividades informales, pero de ningún modo puede funcionar como justificativo.

A esa situación se agregó una respuesta tardía por parte de la Municipalidad de Toay. Cuando finalmente llegaron las explicaciones públicas, el intendente Ariel Rojas no logró conformar a la población. Sus declaraciones sonaron confusas y ambiguas, cuando no directamente falaces o desinformadas.
Señaló que el comercio no estaba habilitado para comercializar esos productos, pero en la propia comunidad es de público conocimiento que se vendían en ferias municipales, espacios que se supone deben contar con controles y vigilancia comunal. Queda flotando la duda sobre si las autoridades directamente desconocían esa realidad o si intentaron disimularla.
También resulta inevitable una mirada sobre el comportamiento de una porción no menor de la sociedad. Tras el desenlace trágico, emergieron reacciones escandalizadas y búsquedas apresuradas de culpables, en muchos casos desde la indignación pública.
Sin embargo, se trata de la misma comunidad que suele consumir este tipo de productos y que, en otras circunstancias, protesta cuando aparecen controles estatales más rigurosos, bajo el argumento de que la burocracia pone obstáculos a quienes buscan su sustento.
En esa contradicción incómoda, entre la laxitud previa y la indignación posterior, se expone una trama social que también forma parte del problema.