Opinion

Un ataque insólito y la necesidad de una respuesta en unidad

El presidente Javier Milei
El presidente Javier Milei.
El presidente Javier Milei volvió a exhibir su repertorio de insultos y agravios contra La Pampa, esta vez con afirmaciones falsas y un discurso cargado de resentimiento. La defensa del federalismo exige una respuesta política articulada, en sintonía con el ejemplo de unidad que durante la semana ofreció la Juventud Peronista provincial.

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EL DIARIO digital

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Una de cal…

El presidente Javier Milei volvió a demostrar durante la semana que su repertorio de agravios, provocaciones y falsedades no reconoce límites. Esta vez, el blanco de sus ataques fue La Pampa, una provincia a la que parece mirar con especial resentimiento por sostener un modelo de administración pública que contradice buena parte de su prédica libertaria.

Durante una exposición en Neuquén, el mandatario aseguró que nuestro territorio decidió "enemistarse con el crecimiento económico y la generación de riqueza" y llegó al disparate de comparar el ingreso a la provincia con atravesar el Muro de Berlín. Una descripción tan insólita como ofensiva, que revela bastante más sobre los prejuicios ideológicos del Presidente que sobre la realidad pampeana.

La excusa fue la decisión del Gobierno provincial de no adherir al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), una herramienta diseñada desde la Casa Rosada para otorgar beneficios extraordinarios a grandes capitales, con escasas garantías de que esas ventajas se traduzcan en desarrollo local, empleo o fortalecimiento de las economías regionales.

Milei pretende instalar la idea de que cualquier cuestionamiento a ese esquema equivale a rechazar las inversiones. Una simplificación interesada, falsa, que desconoce las facultades constitucionales de las provincias para definir sus propias estrategias de desarrollo y administrar sus recursos.

La contradicción resulta todavía más evidente cuando se observan los números de La Pampa. El equilibrio fiscal que el Presidente presenta como una creación de su gobierno constituye en nuestra provincia una política de Estado sostenida durante décadas, mucho antes de que el libertarismo convirtiera el ajuste en una bandera.

Esa administración responsable permitió consolidar infraestructura, servicios públicos y políticas productivas sin resignar el papel del Estado. Incluso en medio del desfinanciamiento nacional, la Provincia ha debido afrontar obligaciones y obras que correspondían a la Nación, mientras procura sostener sus cuentas y atender demandas sociales cada vez más urgentes.

Tampoco parece casual que Milei haya elegido una comparación histórica vinculada con la Guerra Fría para descalificar a un gobierno provincial. La caricatura de una supuesta fortaleza comunista resulta funcional a su necesidad permanente de fabricar enemigos.

Detrás de semejante provocación aparece una concepción profundamente centralista: las provincias serían libres de decidir siempre que sus decisiones coincidan con los intereses políticos y económicos de la Casa Rosada. De lo contrario, merecen el castigo, la descalificación y hasta la amenaza de una intervención electoral desde el poder central.

El Presidente no se quedó en los insultos. También prometió "pintar La Pampa de violeta" y promocionó al economista Adrián Ravier como eventual candidato a gobernador. Una intromisión que, además de exhibir un llamativo desprecio por las autonomías provinciales, dejó al descubierto las pretensiones de disciplinamiento político que acompañan su discurso económico.

Reivindicar el federalismo como principio constitucional y no como una concesión graciosa del poder central no implica desconocer problemas propios ni clausurar discusiones sobre el rumbo provincial. La autonomía, la soberanía sobre los recursos y el derecho de los pampeanos a decidir su futuro no pueden quedar subordinados a los caprichos de un Presidente que confunde gobernar con insultar y ejercer autoridad con imponer obediencia.

…y una de arena…

Frente a semejante ofensiva contra La Pampa, la respuesta no puede limitarse a una sucesión de declaraciones de repudio. Hace falta una construcción política capaz de defender el federalismo, ofrecer una alternativa al proyecto libertario y superar las disputas que suelen consumir buena parte de las energías del peronismo.

Durante la semana hubo dos señales alentadoras, cada cual con su potencia y significado, una provincial y otra nacional, que demostraron que la unidad no tiene por qué quedarse en una consigna de ocasión.

La Juventud Peronista pampeana consiguió normalizar su conducción mediante una lista de unidad integrada por las distintas líneas internas. Camila Kronemberger, del vernismo, y Dino Gorosito, de La Cámpora, encabezarán una organización en la que también confluyen otros sectores del justicialismo. Un acuerdo que, más allá de nombres y pertenencias, exhibe una saludable decisión de privilegiar las coincidencias por encima de las diferencias.

El ejemplo tiene un valor adicional porque proviene de una generación que reclama protagonismo y parece poco dispuesta a heredar, sin cuestionamientos, las viejas disputas de sus mayores. La nueva conducción juvenil puso sobre la mesa una verdad tan sencilla como frecuentemente olvidada: la unidad no exige pensar todos lo mismo, sino tener la voluntad política de sentarse, discutir y construir un proyecto colectivo. Una enseñanza que buena parte de la dirigencia adulta haría bien en incorporar.

La segunda señal apareció en el escenario nacional, con La Pampa nuevamente como protagonista. La cumbre de los principales referentes del peronismo tuvo a Ziliotto como anfitrión y vocero. Allí confluyeron Axel Kicillof, Sergio Massa, Máximo Kirchner, gobernadores y legisladores que, pese a sus diferencias, avanzaron en coincidencias sobre las PASO, el Presupuesto 2027 y la necesidad de enfrentar las políticas del Gobierno nacional.

El gobernador pampeano quedó ubicado como articulador de un diálogo imprescindible y planteó la necesidad de ampliar la convocatoria al conjunto del campo popular. Una definición que supone reconocer que el peronismo, por sí solo, no alcanza, pero también que ninguna de sus expresiones puede quedar excluida de una construcción común.

Desde luego, una fotografía compartida no garantiza acuerdos duraderos, del mismo modo que una lista de unidad tampoco resuelve mágicamente las contradicciones internas. Pero ambos movimientos muestran un camino posible.

Frente a un oficialismo nacional que hace de la confrontación y el disciplinamiento sus herramientas predilectas, la respuesta necesita organización, amplitud y propuestas concretas. La política tiene que recuperar su capacidad de construir mayorías. Y los ejemplos de esta semana demuestran que, cuando existe voluntad, las diferencias pueden dejar de ser una excusa para convertirse en parte de la solución.

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