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EL DIARIO digital
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Una de cal
Sergio Ziliotto volvió a sentarse frente a un jefe de Gabinete nacional. Esta vez fue Diego Santilli, en un nuevo cargo y sin la incómoda presencia de Manuel Adorni, eyectado del Gobierno y ocupado ahora en sus asuntos judiciales. Cambiaron los nombres alrededor de la mesa, pero La Pampa llevó la misma carpeta de siempre: deudas, incumplimientos, obras paralizadas y derechos federales que la Nación trata como si fueran concesiones graciosas.
La Provincia volvió a exponer números precisos y a recordar algo que el Gobierno libertario prefiere disimular: La Pampa mantiene equilibrio fiscal, está desendeudada y sostiene un orden administrativo que muchas jurisdicciones miran con envidia. No fue a pedir favores. Fue a reclamar recursos que le pertenecen y compromisos que la Nación decidió desconocer.
Pero hay un problema político evidente. La Pampa está en la vereda opuesta al oficialismo nacional y el peronismo provincial conserva su invicto electoral desde el regreso de la democracia. Por eso cada demanda demora cien años, cada expediente se burocratiza y cada reunión corre el riesgo de terminar reducida a una fotografía. Ocurrió desde el inicio de la gestión y, por ahora, nada permite afirmar que esa lógica haya cambiado.
Se anunciaron "avances" en el traspaso de las viviendas del ProCreAr, aunque nadie explicó con claridad qué significa avanzar, cuáles son los plazos ni cuándo se concretará la transferencia. El verbo sirve para mostrar movimiento sin precisar destino. Conviene, entonces, conservar la expectativa sin cometer la imprudencia de llamarla esperanza.
Ziliotto llegó, además, con un nuevo incumplimiento sobre la mesa: la Nación volvió a gambetear el pago de la cuota mensual correspondiente al déficit previsional, pese a la existencia de un acuerdo firmado y homologado por la Corte Suprema. El Gobierno que exige obediencia a la ley encontró otra vez la manera de desconocerla cuando el obligado es él.
Si hay una esperanza, no está en una repentina vocación federal del mileísmo. Está en la perseverancia de La Pampa, que nunca abandonó el diálogo, aun frente a quienes la discriminan, retienen fondos y castigan políticamente a sus habitantes. Esa insistencia es la única razón para sostener una expectativa positiva: en algún momento la Nación deberá respetar la ley, pagar lo que debe y garantizar los derechos del federalismo.
Hasta entonces, la Provincia seguirá reclamando. No por ingenuidad, sino porque perseverar también es resistir frente a un presidente que de todos modos confesó, apenas asumido, su sueño húmedo de "fundir a las provincias".
y una de arena

Obligado a exponer sus limitaciones para comunicar desde un cargo que solo se explica por su cercanía con Javier Milei, el vocero presidencial Adrián Ravier alcanzó esta semana otro récord en el ejercicio de la crueldad. Con impunidad y descaro, responsabilizó a las personas endeudadas por sus propias desgracias y pretendió disimular, detrás de una supuesta lección de economía doméstica, las consecuencias de las políticas libertarias.
"A veces la gente misma se expone a riesgos de impago simplemente por no saber manejar sus propios ingresos y obligaciones", afirmó. El economista que fue elegido diputado nacional por La Pampa y abandonó rápidamente ese compromiso para transformarse en la voz de su jefe habló desde una pretendida superioridad académica. Como si quienes no llegan a fin de mes necesitaran una clase para descubrir que el salario se les va en alimentos, alquileres, energía y servicios básicos.
La explicación es tan simple como perversa: si una familia no puede pagar la tarjeta, el problema no sería la pérdida del poder adquisitivo, la destrucción del empleo o el aumento de los gastos esenciales. La culpa sería de la familia. El Gobierno que provoca el deterioro se reserva, además, el derecho de retar a sus víctimas por no haber sabido administrarlo.
Quizás el derrape no produzca demasiado ruido en el pequeño nido donde se practica la politiquería libertaria. Pero para las personas comunes representa una humillación, una provocación y una tomada de pelo. Son quienes ven cómo el esfuerzo de su trabajo se escurre por la canaleta de la timba financiera organizada por Luis Caputo y compañía, mientras desde la Casa Rosada les explican que el verdadero problema es su ignorancia.
En palabras de Lionel Messi, Ravier eligió ser cruel precisamente con "la gente que la pasa mal, que no tiene trabajo y que no llega a fin de mes". Mientras la Scaloneta se convirtió durante estas semanas en una máquina de regalarle alegrías a ese sector popular, el vocero se consolidó como explicador serial de asuntos profundamente impopulares.
Tiempo atrás, y para adherir a la teoría de la Fundación Faro, ya había exhibido negacionismo sobre la última dictadura. Después mandó a abrigarse a quienes no tienen para pagar el gas. Después justificó la admiración del presidente por Margaret Thatcher. Ahora decidió aleccionar a quienes padecen salarios bajos, desempleo y endeudamiento. No es un desliz aislado: es la traducción comunicacional de una política que primero castiga, después culpabiliza y finalmente se burla.
Esa impunidad reluce en la certeza de un funcionariaje que se siente autorizado a ejercer la crueldad porque supone que nunca deberá rendir cuentas ante quienes sufren sus decisiones.