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Con la inoculación a la pibada, la semana volvió a poner en agenda el plan vacunatorio y el esfuerzo colectivo de la población y del personal sanitario; la Fiesta Nacional del Teatro en Santa Rosa generó un enfrentamiento que parece salido de otro lado.

Una de cal...

Las escenas de largas hileras de personas esperando por su vacuna volvieron a emocionar y conmover durante la semana que se fue, con el detalle de que esta vez se trató de niños y niñas que, en una enorme mayoría en compañía de padres y madres, desfilaron en los centros de salud locales para inocularse contra el coronavirus.

Este nuevo paso del masivo y exitoso plan vacunatorio permitió otra vez en la provincia un reconocimiento al personal dedicado a esa digna tarea, y también un refuerzo de la concientización respecto de los resultados de esa apuesta.

Como las consultoras en general interpretaron que esa decisión estatal estratégica no tuvo influencia en los resultados electorales, de alguna manera se apagó en las últimas semanas el fuego que abrigó desde el inicio a ese proceso, cargado de situaciones complejas, y desde ya que con errores, pero que sin embargo redundó en un impacto positivo en todas las franjas etarias y en todas las geografías.

La presencia de la ministra de Salud nacional, Carla Vizzotti, en La Pampa sirvió para recobrar noción de la importancia de tener una cartera jerarquizada, un detalle que ahora parece tan natural, aunque sin embargo hace apenas dos años había un gobierno con otras prioridades que hasta desjerarquizó a la Salud, como si fuera un asunto de poco interés.

Muy independientemente de si es o no un tema de campaña, muy al margen de si influye en la coyuntura a la hora de elegir a quién votar, el plan vacunatorio tuvo y tiene innegable influencia en la calidad de vida de quienes han atravesado la pandemia, que no por magia fue aliviando sus cotidianos sufrimientos sobre la población.

Tal como planteó la ministra en su visita, La Pampa ha sido en ese contexto una provincia ejemplar en varias de las dimensiones que se pusieron en juego: la respuesta estatal estuvo muy a la altura de las circunstancias y el rol de trabajadores y trabajadoras del sector permitió con eficiencia y cariño el desarrollo de las medidas necesarias.

Si se viera la foto de estos días, resulta ser que no hay sector, ni persona ni espacio de poder que niegue a las vacunas como una necesidad y un paso adelante, pero es bueno hacer memoria para recordar la dolorosa película: durante largos meses hubo que lidiar contra las mil y un formas de desinformación y boicot.

Esa historia incluyó desde los grandes medios corporativos porteños denunciando que al fin de cuentas una escasísima porción de la población estaría vacunada al finalizar el año, hasta las manifestaciones públicas con extrañas mezcolanzas de antivacunas y anticuarentenas, pasando por las suspicacias respecto de las negociaciones con otros gobiernos y por las delirantes denuncias de que la Sputnik era en realidad un veneno.

La pandemia es tan cruel que no permite en ningún momento un relajo semidefinitivo ni cantar victoria, pero después de los peores tiempos es lícito y legítimo abrazarse para celebrar que en esta hora algunas de las inolvidables limitaciones y sufrimientos se ven atenuados por el éxito de algunas políticas estatales.

... y una de arena...

6arena

El relativo y cauteloso regreso a la "normalidad", en la medida en que la pandemia cede, implica también la vuelta a ciertas formas de relación social que parecían olvidadas, o al menos sepultadas, y que llevan consigo no solo la posibilidad de una reactivación de la actividad económica sino la chance de recuperar algunos buenos ánimos.

Así es como la vuelta de las actividades deportivas, encuentros sociales y festivos de personas de distintas edades, o espectáculos artísticos, le han aportado un poco más de vida a las distintas comunidades.

En ese contexto, más importancia y repercusión tuvo lo ocurrido durante la semana que se fue con la Fiesta Nacional del Teatro, que quedó en serio riesgo durante al menos una jornada después de que en el Concejo Deliberante la oposición uniera sus fuerzas en otro rechazo, esta vez de un proyecto que habilitaba las compras directas de servicios de transporte y alojamiento.

El baldazo de agua fría seguramente tuvo variados responsables y las lecturas dependerán también de las orientaciones sectoriales o de los valores que se consideren prioritarios a la hora del ejercicio de la política, pero no hay dudas respecto de dos puntos concretos de la situación.

Primero, que los trabajadores y trabajadoras de la Cultura y de los sectores involucrados de manera directa en esa fiesta no tienen por qué ser rehenes de la politiquería más barata y más berreta que se despliega en ocasiones de campaña electoral.

Segundo, que para Santa Rosa en su conjunto, mucho más allá de banderías e intereses, esa fiesta nacional es un encuentro que representa una ocasión de alegría y diversidad, y por lo tanto sería saludable que sea priorizada por autoridades que se dicen representativas de la ciudadanía.

La palabra "transparencia" fue la que la oposición puso en el centro de la escena, como forma de reclamo, en este episodio: es el mismo término que ha sido agitado por los espacios que se autoperciben como republicanos y liberales pese a que el gobierno del que formaron parte hace un par de años nomás no es precisamente el mejor ejemplo de esas supuestas bondades.

Una de las características de esos espacios neoliberales, blindados por los grandes medios del establishment que son sus socios, es el modo en que han logrado vaciar la palabra y bastardear discursos y contenidos simbólicos.

En este caso puntual, el bloqueo a las compras directas y la pretensión insólita de que se convocara a un proceso licitatorio en una semana se ubicaron en el mismo sentido que la falta de quórum para votar la Ley de Etiquetado Frontal, o que el rechazo legislativo provincial a un proyecto que implicó el cobro de una deuda que Nación tenía con La Pampa, por citar solo dos ejemplos recientes.

La Fiesta del Teatro finalmente se va a hacer, a partir del acuerdo entre el Gobierno local y el provincial, pero se menea un fantasma que no es habitual en La Pampa: a partir de las órdenes de la oposición porteña, surge como tendencia la manía de usar los cuerpos legislativos para impedir, frenar o paralizar acciones de gobierno.

Es una orientación preocupante que se desnuda en la propia propuesta principal de la oposición, que busca votos confesando que su objetivo es impedir que el oficialismo tenga quórum propio para hacer funcionar al Poder Legislativo.