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Una anomalía hídrica redefine la estrategia productiva en La Pampa

Las Ãltimas lluvias reconfiguran los drivers de decisión en todos los eslabones de la cadena agro-productiva
Las últimas lluvias reconfiguran los drivers de decisión en todos los eslabones de la cadena agro-productiva.
Por Mariano Fava (*)

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EL DIARIO digital

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No existe en la liturgia del campo pampeano evento más disruptivo que la lluvia fuera de estación. El pasado fin de semana, una perturbación atmosférica de notable singularidad descargó sobre el centro-norte de La Pampa precipitaciones que promediaron los 70 milímetros, con registros puntuales que superaron los 100 mm en varias estaciones meteorológicas de la región. Para quienes trabajamos y pensamos el agro desde adentro, estos números no son simplemente datos pluviométricos: son vectores que reconfiguran de manera instantánea la ecuación agronómica, financiera y estratégica de la producción regional.

Contextualizando la magnitud del fenómeno: en el período junio-julio, la media histórica de precipitaciones para esta franja provincial oscila entre los 10 y 20 milímetros, según series estadísticas de largo plazo elaboradas por el INTA Anguil. Estamos hablando, en consecuencia, de una anomalía positiva que quintuplica, y en algunos casos sextuplica, los registros normales esperados para la época. Semejante desvío estándar hacia el cuadrante favorable no ocurre de manera inocua: reconfigura los drivers de decisión en todos los eslabones de la cadena agro-productiva.

Para comprender el alcance real de este evento hídrico, es imprescindible remontarse a las condiciones preexistentes. Mayo de este año fue, en términos agronómicos, un mes de doble filo: las temperaturas por encima de la media estacional y la ausencia casi total de precipitaciones operaron como condición sine qua non para el avance acelerado de la cosecha de soja, pero esa misma benignidad climática tuvo como contrapartida inevitable el agotamiento progresivo de la humedad edáfica en el horizonte superficial. Los perfiles de suelo, auténticos reservorios de capital natural, llegaban al umbral invernal en un estado de déficit hídrico preocupante, particularmente en los lotes destinados a cereales de invierno y en las pasturas base de la ganadería extensiva.

El negocio ganadero, en este marco, presenta una constelación de factores favorables que pocas veces se alinean con tal precisión. Los precios de las categorías bovinas transitan por máximos históricos en términos reales que no muestra señales de aflojamiento. A este contexto de precios se suma ahora una dotación hídrica que garantiza disponibilidad y calidad forrajera durante todo el invierno y, crucialmente, durante la salida del mismo.

Las implicancias son de primer orden para los actores del ciclo completo. Los invernadores, cuyo margen de rentabilidad descansa sobre la eficiencia de conversión kilogramo/día, dispondrán de una base nutricional que les permitirá acortar los ciclos de engorde y capitalizar animales con mayor peso al gancho. Los criadores, por su parte, podrán conducir sus planteles de cría hacia destetes más pesados, mejorando el ingreso por cabeza. El resultado previsible es una retención de vientres y de hacienda en general que alcanzará sus picos máximos en el segundo semestre. La consecuente reducción de la oferta en el mercado del gordo sostendrá la firmeza de los valores del bovino por un período prolongado. Quien hoy entiende esta dinámica tiene en sus manos una ventaja competitiva de magnitud inusual.

Transitando ahora hacia el análisis del negocio agrícola, la foto que presenta la siembra de trigo no podría ser más alentadora desde el punto de vista agronómico. Más allá de ciertas zonas bajas en las inmediaciones del Meridiano V, donde el exceso puntual puede demorar la implantación en lotes susceptibles a anegamiento temporario, la totalidad del resto de la provincia exhibe perfiles cargados de humedad, con reservas que en suelos de más de 80 centímetros de profundidad efectiva superan holgadamente el umbral crítico para el establecimiento del cultivo. Las estimaciones preliminares del INTA Anguil sugieren que el agua útil almacenada en estos suelos podría sostener el cultivo durante las primeras semanas críticas sin necesidad de precipitaciones adicionales, dotando al productor de una plataforma de seguridad agronómica infrecuente en el historial productivo regional.

En el plano de los mercados, el trigo pampeano opera en un contexto internacional que, si bien está lejos de los máximos especulativos registrados durante el conflicto en el Mar Negro, mantiene precios que justifican la inversión tecnológica. El mercado de Chicago ha mostrado una estabilidad relativa en las últimas semanas, y la demanda de los principales compradores (Argelia, Brasil, Indonesia), no da señales de contracción. A nivel local, los precios disponibles en el mercado de Rosario y en la molinería, se ubican en rangos que, combinados con el abaratamiento del principal insumo nitrogenado, configuran una ecuación de resultado neto positivo incluso en escenarios de rindes moderados.

Sobre este punto merece especial atención la dinámica del mercado de urea. El fertilizante nitrogenado por excelencia, insumo sin el cual la aspiración a rendimientos de calidad panadera resulta una quimera agronómica, ha experimentado una retracción de precios de notable magnitud. Las cotizaciones mayoristas para urea granulada puesto en puerto rondan actualmente los 730 dólares por tonelada, con operaciones puntuales que ya han perforado el piso de los 700 dólares. Para dimensionar la relevancia de este dato: hace unos meses, el mismo producto cotizaba por encima de los 1.000 dólares en el mismo punto de entrega. Esta reducción de costo del principal componente de la fertilización nitrogenada representa una mejora directa en el margen bruto del cereal que no debe subestimarse.

El corolario lógico de este análisis es la anticipación de una corrección al alza en el área implantada con trigo en La Pampa, acompañada de una mejora en el perfil tecnológico del cultivo. Los productores que históricamente relegaban la fertilización balanceada ante la incertidumbre hídrica hoy no tienen esa excusa: el agua está, el nitrógeno es más accesible y el precio del grano es razonable. Las condiciones están dadas para que la provincia amplíe su participación en la producción nacional de trigo.

En definitiva, aquella lluvia que nadie esperaba, o que todos esperaban con la resignación del que sabe que junio no da esas sorpresas, ha instalado en el campo pampeano una atmósfera de posibilismo productivo que hacía tiempo no se percibía con igual nitidez. Los productores saben que una lluvia no garantiza una cosecha ni asegura un ciclo ganadero exitoso. Pero también saben que sin agua ninguna estrategia alcanza. Por eso, cuando los perfiles se cargan, no sólo se acumulan milímetros: se acumulan expectativas, inversiones y decisiones.

Como escribió José Hernández en el Martín Fierro, "debe el gaucho tener casa, escuela, iglesia y derechos". En el campo pampeano podría agregarse una quinta condición indispensable: agua en el perfil. Porque cuando el suelo recupera su reserva más valiosa, también recupera la capacidad de transformar incertidumbre en producción y esperanza en riqueza.

(*) Ingeniero Agrónomo -MP 607 CIALP- Posgrado en Agronegocios y Alimentos "X": @MARIANOFAVALP

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