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EL DIARIO digital
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Hay una vieja certeza que el productor pampeano lleva tatuada en la memoria genética de su oficio: ningún cálculo de escritorio reemplaza al cielo. Y este invierno, el cielo generoso, casi pródigo, parece haberse aliado con la calculadora. La intención de siembra de trigo en La Pampa registra para la presente campaña un incremento cercano al 15%, ubicándose un 5% por encima del ciclo anterior, en un fenómeno que merece ser leído no como una anécdota meteorológica, sino como la convergencia de variables agronómicas, climáticas y de mercado que rara vez se alinean con tanta precisión.
El primer vector explicativo es hídrico. Las lluvias de junio recompusieron perfiles de suelo que, en años de menor generosidad pluvial, condicionan severamente la implantación del cereal de invierno. Esta mejora no es meramente cuantitativa: el agua disponible en el perfil potencia sustancialmente la respuesta esperada a la fertilización en general y a la nitrogenada en particular, una variable que resulta determinante en un contexto donde necesitamos que el trigo rinda y tenga calidad (gluten y proteína elevada), y eso significa mucho nitrógeno disponible para el cultivo. Cuando el agua acompaña, cada unidad de nitrógeno aplicada se traduce en kilos de grano con mayor eficiencia, lo que mejora sensiblemente la ecuación económica del cultivo.
El segundo vector es de naturaleza estrictamente comercial. La combinación de un precio de trigo con cierto atractivo relativo en torno a los 220 u$s por tonelada molinería, y una soja que retrocedió a valores en torno a los 300/320 dólares por tonelada en puerto, modifica la ecuación de rentabilidad relativa entre cultivos, favoreciendo al cereal invernal en la disputa por el área, apilado a este la oleaginosa en modalidad de segunda. Esta dinámica no es nueva en la historia agronómica argentina: cada vez que la relación de precios trigo-soja se estrecha, el productor, actor racional por definición, aun cuando opere bajo la névoa de la incertidumbre climática, reasigna superficie hacia el cultivo que mejor capitaliza el escenario. Si, como reza el dicho de campo, "los planetas se alinean" y el clima no interviene con su proverbial capricho, La Pampa podría encaminarse hacia un registro productivo de carácter verdaderamente histórico para la provincia.
Conviene, sin embargo, no desentenderse de la complejidad estructural que atraviesa esta decisión. El trigo en La Pampa no compite únicamente con los cultivos de veranos por el área: compite, palmo a palmo, contra los verdeos de invierno, en una provincia donde la ganadería constituye no un complemento sino un pilar identitario de la matriz productiva. Esta tensión ancestral en términos de planificación de uso del suelo, ha encontrado, sin embargo, una vía de resolución tecnológica que merece ser destacada: el desarrollo de los silajes de cultivos estivales, combinado con esquemas de suplementación estratégica a base de grano de maíz, sorgo o cebada más concentrado proteico, ha permitido sostener la carga ganadera reduciendo sensiblemente la superficie que históricamente se destinaba a verdeos invernales, en post de rotaciones que hagan mejor uso de agua y el suelo. Es, en rigor, un ejemplo paradigmático de cómo la innovación en nutrición animal libera área agrícola sin comprometer la sustentabilidad del sistema mixto.
A esto se suma un tercer factor, de raíz climática pero de proyección agronómica: la expectativa de un fenómeno "Niño" para la primavera-verano, es decir, un régimen de precipitaciones por encima de la media histórica. Este escenario opera como catalizador adicional de la intención de siembra triguera por una razón técnica de peso: en los ciclos húmedos, la brecha de rendimiento entre los cultivos de primera y los de segunda ocupación se reduce sustancialmente, lo cual mejora el resultado económico del esquema de doble cultivo trigo-soja de segunda o trigo-maíz de segunda. Adicionalmente, en escenarios de napas elevadas o perfiles saturados, la necesidad agronómica de extraer agua del sistema y evitar problemas de transitabilidad y anegamiento se vuelve, paradójicamente, un argumento más a favor de intensificar la siembra del cereal invernal.
La geografía productiva pampeana, finalmente, no es homogénea, y esta heterogeneidad explica por qué la respuesta regional al estímulo no es uniforme. La planicie con tosca, de mayor aptitud agronómica relativa para los cereales de invierno, concentra el incremento más significativo del área triguera, consolidándose como la región de mayor dinamismo dentro de la provincia. La planicie medanosa, en cambio, donde el comportamiento agronómico del cereal invernal resulta estructuralmente menos favorable, orienta su estrategia hacia los cultivos estivales, recurriendo frecuentemente a un verdeo de cobertura como antesala de girasol, soja o maíz. Se trata, en definitiva, de una zonificación que la naturaleza del suelo impone con una lógica que ningún plan de siembra puede desconocer sin asumir riesgos innecesarios.
Datos recientes de relevamientos privados ubican la proyección nacional de siembra de trigo para el ciclo 2026/27 en torno a las 6,5 millones de hectáreas a nivel país, en un contexto donde la disponibilidad hídrica actúa como impulso generalizado, aunque con comportamientos regionales dispares según la relación insumo-producto local. Que La Pampa se posicione, en este escenario nacional heterogéneo, como una de las provincias con mayor dinamismo expansivo, habla de una lectura agronómica regional acertada y de una capacidad de adaptación productiva que honra la tradición triguera de estas tierras.
Queda, como siempre en esta profesión que es mitad ciencia y mitad acto de fe, la incógnita de lo que vendrá. El productor pampeano lo sabe mejor que nadie: ha sembrado la semilla, ha leído el cielo, ha hecho sus cuentas. Ahora solo resta esperar, con esa paciencia estoica que Epicteto recomendaba ante aquello que no está en nuestras manos controlar. Porque, como bien enseña el refrán de nuestra tradición campera, "no hay trigo sin agua, ni cosecha sin paciencia". Y en esa espera, entre el surco y el cielo, se juega una vez más el destino de la llanura.
Ing. Agr. Mariano Fava
MP 607 CIALP
Posgrado en Agronegocios y Alimentos
"X": @MARIANOFAVALP