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EL DIARIO digital
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Existe en la lengua geográfica y en el diccionario de la Real Academia Española un término de raíz griega que, lejos de pertenecer exclusivamente a la historia antigua, describe con exactitud matemática un territorio argentino de potencial productivo extraordinario. Mesopotamia, del griego meso: "entre", y potamos: "río", designa la región comprendida entre dos cursos de agua que la delimitan y le confieren identidad. La Mesopotamia histórica, entre el Tigris y el Éufrates, fue la cuna de la agricultura organizada, el origen de las primeras ciudades y el escenario donde la humanidad aprendió a transformar agua y tierra en civilización. La Mesopotamia patagónica, comprendida entre el río Colorado al norte y el río Negro al sur, aguarda hoy su propia fundación productiva. Y las condiciones para que eso ocurra no han sido nunca tan favorables como en este 2026.
Esta franja territorial, que abarca jurisdicciones de La Pampa, Río Negro y Buenos Aires, no es un concepto poético ni una metáfora de campaña. Es una realidad geográfica concreta: dos ríos permanentes, de caudal sostenido y calidad hídrica sobresaliente, que enmarcan un territorio de llanuras, valles y suelos con vocación productiva dormida por décadas de subinversión. El río Colorado, con un caudal medio del orden de los 120 a 150 m³ por segundo en su tramo inferior, y el río Negro, con registros históricos que rondan los 800 m³ por segundo, constituyen dos arterias hídricas de valor estratégico incalculable en un país que alterna sequías con inundaciones, y que sigue exportando agua virtual en forma de granos, sin haber aprovechado siquiera una fracción de su potencial bajo riego.
Desde el punto de vista agronómico, el perfil productivo de esta Mesopotamia patagónica admite una diversidad que pocas regiones del país pueden igualar. En los valles de riego del río Negro (el medio e inferior especialmente), los rendimientos bajo irrigación alcanzan dimensiones que la región pampeana de secano solo puede aspirar a lograr en años de excepción. Maíces de 12 a 16 toneladas por hectárea, trigos de 7 a 8 toneladas y sojas de 4 a 4,5 toneladas. La alfalfa, columna vertebral de cualquier sistema ganadero intensivo en la región, supera con manejo profesional las 16 toneladas de materia seca por hectárea por año, habilitando una carga animal sostenida que en la pampa resulta técnicamente imposible sin suplementación. El río Colorado, por su parte, riega hoy apenas una fracción de su potencial real en las provincias de La Pampa y Buenos Aires, con una infraestructura que podría ampliar su alcance hacia miles de hectáreas hoy secanas, aptas para cebolla, papa, forrajeras, cereales y ganadería intensiva, entre otras opciones más.
Sobre esta base productiva excepcional, la coyuntura normativa acaba de agregar una razón adicional. La reglamentación del Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI), en simultáneo con la entrada en vigor de una alícuota reducida de IVA para la energía utilizada en sistemas de riego. El impacto es inmediato y medible: la alícuota del IVA sobre la energía eléctrica destinada al riego cae del 27% al 10,5%, lo que, en un sistema de pivote central que bombea durante cinco a siete meses al año, representa un ahorro significativo sobre uno de los principales costos operativos.
El RIMI, por su parte, incorpora amortización acelerada en el Impuesto a las Ganancias y devolución anticipada del IVA vinculado a la inversión, con esquemas que, en el caso de sistemas de riego, expresamente contemplados en el régimen, pueden llegar a la amortización en una sola cuota. Los proyectos que antes quedaban en el límite de la rentabilidad ahora cruzan con holgura ese umbral. Según estimaciones del sector, el ritmo de incorporación de hectáreas bajo riego, que en los últimos años promedió unas 35.000 anuales a nivel nacional, podría duplicarse o triplicarse con este combo de incentivos.
La cercanía al puerto de Bahía Blanca, menos de 500 kilómetros desde los valles centrales cierra la ecuación logística con acceso directo al mercado exportador. La oportunidad, entonces, es total: agua de calidad, suelos con aptitud, clima predecible, incentivos fiscales inéditos, acceso portuario, marcos provinciales que en Río Negro ya eximen de Ingresos Brutos a la actividad agropecuaria primaria, y un contexto de demanda global de alimentos y biocombustibles que no hará más que crecer.
Los griegos que nombraron la primera Mesopotamia sabían que entre dos ríos corre la historia. Hoy, entre el Colorado y el Negro, corre la oportunidad.
(*) Ingeniero Agrónomo (MP: 607 CIALP) -Posgrado en Agronegocios y Alimentos- @MARIANOFAVALP