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El barro no perdona: regulación y tránsito inteligente en la cosecha

Los granos que hoy quedan en el rastrojo no volverÃn
Los granos que hoy quedan en el rastrojo no volverán.
Por Mariano Fava (*)

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EL DIARIO digital

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En pocos días, la provincia de La Pampa dará inicio formal a la cosecha de soja, el acto culminante de una campaña que exigió decisiones tempranas, inversión en insumos y tolerancia a la incertidumbre climática. Es precisamente en este tramo final donde muchos empresarios agropecuarios cometen el error más silencioso y costoso del ciclo: subestimar las pérdidas de cosecha. Los granos que no ingresan a la tolva no desaparecen del universo contable; permanecen en el rastrojo como capital resignado, como rentabilidad que el sistema produjo pero que la empresa no capturó. Cuantificar esa pérdida, comprenderla y corregirla no es un ejercicio técnico accesorio: es una decisión de negocios de primera línea.

El paradigma sobre tolerancias de pérdida ha evolucionado sustancialmente en las últimas décadas. Antiguamente, el criterio dominante era relativo: se toleraba una pérdida proporcional al rendimiento del lote, de modo que a mayor producción mayor era la merma admisible en kilogramos por hectárea. Este enfoque fue superado por la evidencia técnica y por el avance de la maquinaria. Hoy existe consenso entre las instituciones especializadas en torno a valores máximos absolutos de pérdida por hectárea, independientes del rendimiento. 

Para soja, ese techo se fija en torno a los 80 kilogramos por hectárea totales, distribuidos de manera que no más de 60 kg/ha correspondan al cabezal, la fuente primaria y más controlable de pérdida y el remanente a la cola de la máquina. Una regla de cálculo rápido y de probada utilidad operativa establece que 60 granos de soja por metro cuadrado recogidos en el rastrojo equivalen a aproximadamente 100 kilogramos por hectárea de pérdida. 

En el caso del maíz, la tolerancia máxima asciende a 150 kilogramos por hectárea, con no más de 90 kg/ha atribuibles al cabezal y el resto a la cola del sistema de trilla y separación. La regla de referencia equivalente indica que 33 granos de maíz por metro cuadrado representan 100 kilogramos no cosechados por hectárea. Vale señalar que el maíz de segunda, modalidad creciente en los esquemas de doble cultivo pampeanos, genera pérdidas de control más complejo por el mayor porcentaje de plantas volcadas, condición que demanda ajustes específicos en el cabezal y mayor atención operativa del conductor.

Cuando las pérdidas superan estos umbrales, el impacto económico adquiere una magnitud que raramente se visualiza en el tablero de gestión de la empresa. Investigaciones y relevamientos en la región pampeana indican que los granos no cosechados con niveles de ineficiencia superiores a los estándares pueden representar hasta el 20% del margen bruto del negocio en ese lote en particular. 

La causa más frecuente que identifica el productor al detectar pérdidas elevadas es la velocidad de avance de la cosechadora. El sistema de corte alternativo del cabezal flexi opera a 540 golpes por minuto, lo que equivale a una velocidad de avance óptima de aproximadamente 7 kilómetros por hora. Ninguna cosechadora puede superar ese umbral sin penalizar la eficiencia de corte. Esta es la razón estructural por la cual la estrategia de la industria no apunta a aumentar la velocidad de avance, sino a ampliar el ancho de los cabezales.

Más allá de la velocidad, existen parámetros de regulación que definen la diferencia entre una cosechadora bien calibrada y una fuente de pérdidas innecesarias. El ángulo de ataque del cabezal debe situarse alrededor de 30 grados respecto de la dirección de siembra. La inclinación de los dientes del molinete debe ajustarse a la morfología del cultivo: hacia adelante para sojas de porte alto, en posición recta para plantas de desarrollo normal y hacia atrás para cultivares de escaso desarrollo vegetativo. La posición del molinete debe ubicarse 10 centímetros por delante del punto de corte, con un índice de 1,25 para cultivos normales, 1,15 para altos y 1,30 para bajos. En maíz, el 58% de las pérdidas en cabezal se origina en la desregulación de los rolos espigadores y en la altura incorrecta del maicero, cuyo ajuste preciso requiere conocimiento técnico específico y monitoreo en tiempo real.

La campaña 2025/26 agrega una variable operativa de singular importancia que no puede soslayarse: los perfiles de suelo llegan a cosecha con niveles de humedad excepcionalmente elevados. Esta condición transforma el suelo en un escenario de alta vulnerabilidad ante el tránsito de maquinaria pesada.

El primer riesgo es el patinamiento. Cuando la tracción supera la capacidad portante del suelo húmedo, las cubiertas pierden agarre y generan un efecto de amasado que destruye la estructura superficial, colapsa los macroporos y compacta el horizonte de labranza en profundidades que los subsoladores difícilmente alcanzarán. Estudios del INTA Manfredi establecen que una sola pasada de cosechadora con suelo saturado puede reducir la tasa de infiltración del suelo entre un 30 y un 50%, con efectos que persisten dos o tres campañas en adelante. Para minimizar el patinamiento, la primera medida es regular el lastre de la cosechadora: reducir al mínimo indispensable el peso sobre el eje trasero y distribuir la carga de manera homogénea entre los ejes. El control de la presión de inflado de los neumáticos es igualmente crítico: operar con presiones menores a las recomendadas por el fabricante para condiciones de campo húmedo, generalmente entre 0,8 y 1,2 bar en cubiertas traseras de alta flotación, amplía la huella de contacto y reduce la presión específica sobre el suelo, distribuyendo la carga en mayor superficie y disminuyendo la deformación del perfil.

El uso de neumáticos radiales de baja presión, en lugar de los convencionales de diagonal, representa un salto cualitativo en la capacidad de trabajo sobre suelos húmedos: su mayor flexibilidad de flanco permite deformarse sin que la presión interna aumente proporcionalmente, generando una pisada más amplia, más pareja y con menor efecto en el suelo. La adopción de ruedas dobles (duales) en el eje de tracción de la cosechadora es la herramienta de mayor impacto disponible en la actualidad para reducir la compactación: al duplicar la superficie de contacto, la presión por centímetro cuadrado se reduce en forma proporcional. 

El riesgo de encajadura merece consideración estratégica aparte. Los sectores más vulnerables de un lote como cabeceras, zonas bajas, bordes de lagunas temporarias, pasos de alambrado deben ser identificados y marcados antes del ingreso de la máquina. Tener disponible un tractor de alta tracción con eslinga, soga o cable de recuperación no es una precaución excesiva: en condiciones de suelo saturado es equipo operativo estándar. Cuando la encajadura ocurre, el intento de salir con tracción propia agrava exponencialmente el daño al suelo y a la mecánica; la extracción asistida inmediata es siempre la decisión más económica.

El muestreo sistemático mediante aro de 0,25 metros cuadrados, realizado con el protocolo de distribución espacial adecuado dentro del lote, sigue siendo el instrumento diagnóstico insustituible para las pérdidas de cosecha. Su correcta ejecución requiere el asesoramiento de un ingeniero agrónomo que interprete el dato en contexto y proponga ajustes precisos, modificando una variable a la vez para no perder la trazabilidad de la causa.

Marco Aurelio, el emperador filósofo, escribía en sus Meditaciones: "Ocúpate de las cosas que dependen de ti." La velocidad, la regulación del cabezal, el índice de molinete, la presión de los neumáticos, el orden de ingreso al lote: todo depende de decisiones humanas tomadas en tiempo real. Los granos que hoy quedan en el rastrojo no volverán, y el suelo que hoy se compacta tardará años en recuperarse. Los que entran en la tolva y las pisadas que no se imprimen donde no deben son el resultado visible de cada decisión bien tomada. Que la cosecha que se inicia encuentre a cada máquina calibrada, a cada lote transitado con criterio y a cada empresa capturando todo lo que el campo sembró.

(*) Mariano Fava – Ingeniero Agrónomo (MP: 607 CIALP) - Posgrado en Agronegocios y Alimentos - "X": @MARIANOFAVALP

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